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Ciencia

España tiene un nuevo problema climático en el Atlántico. La corriente que condiciona buena parte del clima europeo podría perder la mitad de su fuerza antes de 2100

Un equipo de investigadores franceses ha utilizado observaciones reales del océano para corregir las proyecciones climáticas. El resultado es bastante más severo de lo esperado: la AMOC podría debilitarse alrededor de un 51% para finales de siglo, frente al 32-33% que indicaban de media los modelos.
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Hay una gigantesca maquinaria funcionando bajo el Atlántico que transporta agua, calor y nutrientes entre los trópicos y las regiones septentrionales. No tiene motores y completar todo su recorrido puede llevar siglos, pero parte del clima de Europa depende de que siga funcionando con suficiente intensidad.

Se llama Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC) y un nuevo estudio publicado en Science Advances acaba de empeorar considerablemente las previsiones sobre su futuro.

El trabajo, dirigido por Valentin Portmann junto con Didier Swingedouw, Omar Khattab y Marie Chavent, estima que bajo un escenario intermedio de emisiones la circulación podría perder un 51% de su intensidad hacia 2100, con un margen aproximado de ±8 puntos porcentuales. Los modelos utilizados hasta ahora apuntaban de media a una pérdida bastante menor, cercana al 32-33%.

La gran sorpresa apareció al comparar los modelos con el océano real

El avance no procede simplemente de ejecutar una simulación climática más. Los investigadores utilizaron técnicas de restricción observacional: compararon el comportamiento de diferentes modelos con mediciones reales de variables oceánicas y utilizaron esa información para determinar cuáles reproducen mejor el sistema que existe actualmente.

Probaron cuatro metodologías distintas y la que ofreció mejor rendimiento utilizó conjuntamente información sobre la AMOC pasada, temperaturas superficiales y salinidad en distintas regiones oceánicas. El resultado redujo considerablemente la enorme dispersión que existía entre modelos y desplazó la estimación hacia un debilitamiento mayor.

Una de las claves estaba en un lugar aparentemente alejado del problema: el Atlántico Sur. Los modelos presentan un sesgo en la salinidad superficial de esa región. Al corregirlo utilizando observaciones, la previsión sobre la AMOC cambia de manera notable. La sal importa porque determina, junto con la temperatura, la densidad del agua y su capacidad para hundirse, uno de los mecanismos esenciales que mantienen funcionando esta circulación.

El Atlántico funciona como una enorme cinta que lleva calor hacia Europa

La AMOC mueve aguas cálidas hacia el norte en las capas superiores del océano y devuelve agua fría hacia el sur en profundidad. La Corriente del Golfo forma parte de este complejo sistema, aunque AMOC y Corriente del Golfo no son exactamente lo mismo.

Al alcanzar latitudes septentrionales, el agua pierde calor, aumenta su densidad y parte de ella se hunde. Ese movimiento ayuda a transportar enormes cantidades de energía hacia el Atlántico Norte y contribuye a moderar el clima europeo.

El calentamiento global altera ese equilibrio. Una superficie oceánica más caliente aumenta la estratificación, mientras que el aporte de agua dulce modifica la salinidad y dificulta algunos de los procesos de formación de aguas profundas. Los modelos climáticos llevan años proyectando una AMOC más débil durante este siglo; lo que cambia ahora es cuánto podría debilitarse.

Perder tanta fuerza cambiaría una pieza central del clima europeo

Una reducción de semejante magnitud tendría implicaciones mucho más amplias que unas aguas ligeramente más frías en el Atlántico Norte.

La AMOC influye en la distribución de calor, las precipitaciones, los patrones de circulación atmosférica y los niveles regionales del mar. El IPCC ha señalado que un debilitamiento intenso puede modificar las lluvias en distintas partes del planeta, alterar los monzones, aumentar el nivel del mar en regiones atlánticas y favorecer cambios en las tormentas europeas.

Para España, situada entre el Atlántico y el Mediterráneo y especialmente expuesta a variaciones en precipitaciones, disponibilidad de agua y extremos climáticos, entender mejor esta evolución será cada vez más relevante para las proyecciones regionales.

Y hay otro detalle que hace especialmente importante el nuevo resultado: la estimación no surge de imaginar un escenario más extremo, sino de obligar a los modelos a parecerse más al océano que estamos observando hoy.

La AMOC seguirá siendo una de las grandes incógnitas del sistema climático durante las próximas décadas. Pero si la nueva estimación se confirma, Europa tendrá que prepararse para un Atlántico bastante diferente: no una corriente ligeramente más lenta, sino una de sus grandes cintas transportadoras funcionando aproximadamente a la mitad de su fuerza actual.

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