Hay acontecimientos de los que el poder chino prácticamente nunca habla en público. Tiananmén es uno de ellos. Por eso llamó la atención que Xi Jinping decidiera regresar explícitamente a 1989 durante el acto celebrado en el Gran Palacio del Pueblo por el centenario del nacimiento de Jiang Zemin. Ante miles de funcionarios y dirigentes, Xi repasó durante unos 40 minutos la trayectoria de quien dirigió China durante buena parte de los años 90 y comienzos de los 2000. Y en mitad de ese repaso apareció una frase excepcionalmente sensible.
Xi describió lo ocurrido en la primavera y el verano de 1989 como una “grave agitación política” y afirmó que Jiang había respaldado y ejecutado con firmeza las “decisiones correctas” del Comité Central, ayudando a mantener la estabilidad en Shanghái. Esa formulación aparece en el texto oficial difundido por Xinhua.
Jiang no dirigió la represión de Tiananmén, pero 1989 cambió su carrera para siempre

Conviene hacer aquí una distinción importante. Jiang Zemin no comandó el operativo militar que terminó con las protestas en Pekín. En aquel momento era jefe del Partido Comunista en Shanghái. Allí tomó medidas contra el World Economic Herald, un periódico reformista que había defendido una mayor libertad de expresión y mostrado simpatía hacia las protestas. Reuters señala que aquella actuación ayudó a consolidar su imagen ante el liderazgo del Partido.
Después de la represión, Jiang sustituyó como secretario general a Zhao Ziyang, apartado tras mostrarse más comprensivo con los manifestantes. De esa crisis política surgió, inesperadamente, el hombre que acabaría conduciendo China durante la siguiente etapa de apertura económica.
El contraste histórico es enorme. Bajo Jiang y el entonces primer ministro Zhu Rongji, China aceleró la reforma de empresas estatales, transformó el mercado inmobiliario y culminó su entrada en la Organización Mundial del Comercio en 2001. Jiang murió en noviembre de 2022, a los 96 años.
Hablar de Tiananmén sigue siendo algo excepcional dentro de China

Las protestas comenzaron en abril de 1989 y reunieron a estudiantes, trabajadores y otros ciudadanos que reclamaban, entre otras cosas, reformas políticas, libertad de expresión y medidas contra la corrupción. Durante la noche del 3 al 4 de junio, el Ejército Popular de Liberación empleó fuerza militar contra manifestantes y civiles en Pekín.
El Gobierno chino mantiene desde entonces que las medidas adoptadas fueron necesarias para preservar la estabilidad. Organizaciones internacionales de derechos humanos describen los acontecimientos como una represión militar o masacre y denuncian que las autoridades continúan restringiendo las conmemoraciones y la discusión pública sobre lo ocurrido. Human Rights Watch documentó nuevas restricciones incluso durante el aniversario de junio de 2026.
Que Xi haya mencionado directamente aquella crisis, por tanto, no significa una revisión del relato oficial. Ocurre exactamente lo contrario: la utilizó para reivindicarlo.
El mensaje de 1989 también habla de la China de 2026
Ahí está probablemente la parte más interesante del discurso. Xi pidió al Partido que aumentara su vigilancia frente a posibles peligros y se preparara para afrontar grandes pruebas. Reuters sitúa esas palabras en un momento marcado por un crecimiento económico más lento, tensiones comerciales con Estados Unidos y Europa, presión sobre Taiwán y un deterioro demográfico.
No fue, por tanto, una admisión explícita de que China se encuentre “en crisis”. Fue algo políticamente más significativo: Xi utilizó una de las coyunturas más traumáticas de la historia reciente china como ejemplo de cómo, a su juicio, debe reaccionar el Partido cuando considera amenazada la estabilidad. Y ahí el homenaje a Jiang deja de tratar únicamente sobre un dirigente muerto hace cuatro años.
La referencia a 1989 convierte el discurso en un mensaje para 2026: cuando lleguen las “tormentas”, Xi quiere que el Partido recuerde qué clase de firmeza espera de él.