Hace unos meses contábamos la insólita historia
de Centralia, la ciudad de Pensilvania cuyos suelos llevan ardiendo sin cesar desde
que se produjo un incendio en una mina en 1962. Desde entonces, prácticamente
todos los edificios se fueron consumiendo. A excepción de uno: una iglesia se
mantiene intacta.
Lo cierto es que con el tiempo, en estos
más de 50 años se hicieron varios intentos por apagar el incendio. De hecho,
se calcula que se han gastado aproximadamente 7 millones de dólares, pero los
esfuerzos no han dado resultado alguno. En la década de 1980, el fuego
subterráneo se había extendido, y los gases, tremendamente peligrosos, comenzaron
a filtrarse en los hogares de las personas.
En ese momento había alrededor de 1.000
residentes que vivían en unas 500 viviendas en Centralia. El gobierno decidió
que sería más conveniente mudar a los habitantes de la ciudad que seguir
gastando el dinero para tratar de apagar el incendio.
Así llegamos a la actualidad, donde
solo quedan unas pocas personas bajo una
ciudad llena de escombros de carbón. Las calles están vacías, y hay muy pocas
casas en pie, la mayoría realmente no lo están, son viviendas medio derruidas y a punto de caerse por culpa de ese fuego subterráneo que sigue ardiendo.
Sin embargo, hay una iglesia blanca que
resiste al “infierno”, una construcción que parece como nueva, con una cúpula
azul que se eleva sobre los árboles. Cuando comenzó el incendio había cinco
iglesias en la ciudad, pero todas fueron desapareciendo a excepción de la Iglesia de la Asunción de la Santísima Virgen María, una iglesia
católica ucraniana.
¿La razón? Un estudio encontró que la
iglesia era la única construcción que se asentaba sobre roca sólida. Por tanto,
aunque el gobierno dice que el fuego podría arder durante 100 años más, la
Iglesia Católica Ucraniana de la Santísima Virgen María continuará en pie sobre
su sólida base de roca como un símbolo de resiliencia y firmeza. [AtlasObscura]