No todas las historias de Airbnb son buenas.
Photo: Oyvind Solstad (Flickr)

Quiero empezar con decir que no odio a Airbnb. En realidad, a pesar de sus deficiencias, me encanta, y utilizo la aplicación casi exclusivamente cuando estoy viajando por placer. He tenido varias experiencias geniales entre las cuales se destacan: un chalet en la playa de una isla de surf en las Filipinas, una cabina en Escocia con una chimenea con un sitio para cortar madera perfecto para Instagram o una casa de vidrio perfecta para ver la Aurora en Islandia… pero esta experiencia es muy diferente a esas historias.

A continuaci√≥n escuchar√°n una historia tan espeluznante y tan horrible que un representante de Airbnb dijo que era lo √ļltimo que iban a aguantar en el mercado de Anaheim y retir√≥ Airbnb de la regi√≥n. (Nota: En realidad fue la ciudad de Anaheim cambi√≥ las reglas de alquiler a corto plazo, pero esa era la historia de Airbnb en aquel momento).

Día 1 (noche)

Todo empez√≥ porque acord√© ir a Vidcon, una pesadilla de conferencia para los influencers de las redes sociales y sus fans adolescentes, con dos antiguas colegas. Todas las que fuimos √©ramos mujeres de aproximadamente 25 a√Īos.

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Ir a Vidcon (por el tercer a√Īo consecutivo) fue mi primer error. El segundo fue coger un vuelo de Southwest Airlines en el que hab√≠a overbooking y enterarnos de que la aerol√≠nea hab√≠a mandado miles de d√≥lares de nuestro equipo de grabaci√≥n a Los √Āngeles sin nosotras. Una de nuestras colegas en aquel entonces (llam√©mosla Presa #1) fue la primera en llegar en la casa privada que le hab√≠amos alquilado a Airbnb. Presa #1 esperaba una interacci√≥n r√°pida con el anfitri√≥n y luego silencio y libertad.

No obstante, como una cita de Tinder mala, el anfitri√≥n ‚ÄĒ que hab√≠a mentido y en realidad era 20 a√Īos mayor que su perfil ‚ÄĒ inmediatamente se puso a llorar cuando lleg√≥.

Se hab√≠a divorciado en un momento y ‚Äúse hab√≠a dejado ir‚ÄĚ, dijo. Pero las l√°grimas eran solo el principio de un gran problema. El anfitri√≥n no se iba. Presa #1 era demasiado dulce e inocente para pedirle que se fuera, as√≠ que le dej√≥ llevarla a las instalaciones de Vidcon. (Ya lo s√©, ya lo s√©, pero como ya est√°s en la casa de un desconocido, ¬Ņno pasa nada si te metes en su coche tambi√©n‚Ķ?) Sabes que est√°s desesperada por escapar si prefieres estar en unas instalaciones llenas de adolescentes chillando en vez de en tu Airbnb. Cuando lleg√≥, se reuni√≥ con el resto de nuestro equipo y luego regres√≥ a la casa.

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A las 3 de la ma√Īana, Presa #2 y yo llegamos y escuchamos mientras Presa #1 nos cont√≥ su historia inquietante sobre nuestro anfitri√≥n. Llam√©mosle el Padre Lloroso de la Casa. Afortunadamente, ya se hab√≠a ido, as√≠ que pensamos que lo peor hab√≠a pasado. Hasta que nos enteramos de que le hab√≠a quitado el candado a la puerta principal.

Día 2

La ma√Īana siguiente mientras nos arregl√°bamos para ir a la convenci√≥n, ¬Ņadivina qui√©n lleg√≥? El Padre Lloroso de la Casa. ¬ŅPor qu√©? No ten√≠amos ni idea. Le preguntamos sobre el candado que hab√≠a desaparecido, y nos dijo que ya que el barrio era ‚Äúseguro‚ÄĚ, no necesit√°bamos un candado. No est√°bamos de acuerdo.

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Eventualmente, ganamos la discusión y dijo que reemplazaría el candado, lo cual nos hice sentir que por lo menos nuestras pertenencias (y nosotras) estaríamos seguras. Luego empezó a llorar otra vez. También propuso (varias veces, incluso en correspondencia antes de que llegáramos) de que dejáramos que su hermano, que no tenía trabajo, fuera nuestro chófer. Nos negamos. Nos fuimos de la casa (en un coche no conducido por su hermano) en un viaje de ocho horas para acudir a Vidon, una pesadilla. Cuando regresamos, encontramos que estábamos en otro infierno.

Ah√≠ estaba el Padre Lloroso de la Casa, sentando en la casa con la m√ļsica y la televisi√≥n a todo volumen y todas las puertas abiertas. √Čl estaba en la puerta principal, en realidad montado encima de ella, intentando arreglar el candado. Dijo que hab√≠a estado ah√≠ todo el d√≠a intentando arreglarlo. Presa #2 y yo le pedimos permiso para hacerlo nosotras mismas, y lo arreglamos dentro de una hora. Luego le dijimos que se fuera otra vez.

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Eran las 19 horas, y decidimos meternos en la piscina de afuera. 15 minutos después, cuando estábamos ya relajadas, llegaron los limpiadores de piscina. No nos dijeron nada, solo empezaron a… limpiar. Así que nos movimos y nadamos para intentar evitar la red de limpieza y entramos a la casa. Nos arreglamos y salimos de ahí corriendo para cenar y, no lo sé, salir de fiesta con los adolescentes de Vidcon.

Día 3

Aqu√≠ es cuando las cosas empiezan a estar un poco borrosas. Tambi√©n es dif√≠cil recordar cu√°ntas veces fuimos y regresamos al Airbnb solo para encontrarnos con el Padre Lloroso de la Casa, que ten√≠a la m√ļsica y la televisi√≥n a todo volumen. Una parte de m√≠ cree que nunca se fue y que solamente se escondi√≥ en el garaje y regres√≥ a la casa cuando vio que nos fuimos. D√©jame decirte: nunca he mirado por si hab√≠a c√°maras en un ba√Īo como en aquella experiencia.

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De todos modos, una vez regresamos y encontramos que las puertas a nuestras habitaciones estaban abiertas y que nuestras maletas no estaban en el estado en el que los dejamos. En la habitación de Presa #2, encontramos que sus altavoces JBL estaban encima de su bolso aunque habían estado debajo de toda su ropa antes de irnos. Esto nos condujo a confirmar que teníamos todo nuestro equipo de grabación (algo que hacen neuróticamente los productores de vídeo), y que no nos faltaba nada.

Por lo tanto, hicimos la cosa l√≥gica: pensamos que lo que pas√≥ se deb√≠a a fantasmas. En otra ocasi√≥n, regresamos y encontramos que nuestras botellas de agua, llenas cuando nos fuimos, estaban vac√≠as. De nuevo‚Ķ ¬Ņfantasmas, verdad? Pasamos todo el tiempo que pod√≠amos fuera de la casa, compartiendo historias raras del Airbnb con nuestros colegas. La pesadilla, sin embargo, no se hab√≠a acabado todav√≠a.

D√≠a 4 (la ma√Īana)

Lleg√≥ el d√≠a. Por fin hab√≠amos terminado con Vidcon, terminado con Anaheim, terminado con esa puta casa y terminado con el Padre Lloroso de la Casa. Nos dijo que dej√°ramos las llaves (a su puerta reci√©n arreglada, de nada, Padre Lloroso) y que nos fu√©ramos. Nos ten√≠amos que ir antes del mediod√≠a, as√≠ que nos levantamos temprano, pusimos todo nuestro equipo de grabaci√≥n y nuestras maletas en el garaje cerrado, y fuimos a desayunar e ir a la tienda de surf y skate favorita de Presa #2. (Su patineta morada fue lo √ļnico bueno que sacamos de este viaje). Cuando regresamos alrededor de las 11, el garaje estaba abierto para que todo el mundo viera y cogiera nuestras cosas.

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Había seis hombres mayores caminando por la casa, garaje, patio, por todos sitios. Dijeron que eran jardineros con llaves al garaje y a la casa. Cogimos nuestras cosas cuanta antes (después de revisar que teníamos todo nuestro equipo) y nos fuimos, feliz de dejar ese lugar para siempre.

¬ŅQu√© pas√≥ despu√©s?

Después de otro vuelo jodido de 24 horas a Washington, D.C., con Southwest, llegamos a casa. Tuvimos una discusión larga y decidimos quejarnos con Airbnb. Casi no lo hicimos porque el Padre Lloroso de la Casa nos daba pena. Pero resulta que tomamos la decisión correcta.

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Cuando Airbnb se puso en contacto con él, les dijo furiosamente que le habíamos robado $15.000 en pertenecías de su casa y mandó como pruebas una foto de los altavoces JBL de Presa #2. Sí, había rebuscado en nuestras cosas, hecho una foto de los altavoces personales de Presa #2 encima de su maleta abierta y le había mandado a Airbnb esa foto como evidencia de que le habíamos robado sus putas cosas.

Bueno, ¬Ņquieres contar tu historia de horror de Airbnb?