En la década de 1970, en las alturas de las sierras del centro de Argentina, una sola estancia criaba unas 12.000 ovejas y 4.000 vacas. Se llamaba La Trinidad y era uno de los establecimientos ganaderos más importantes de la Pampa de Achala, una meseta de altura en la provincia de Córdoba, a unos 700 kilómetros al noroeste de Buenos Aires. Medio siglo después, en esas mismas tierras ya no pastan rebaños: planean cóndores andinos.
Desde 1996, la antigua estancia forma parte del Parque Nacional Quebrada del Condorito, un área protegida de más de 35.000 hectáreas que se convirtió en un caso de estudio sobre lo que ocurre cuando un territorio sobreexplotado recibe una segunda oportunidad.
Una isla biológica en lo alto de las sierras

El parque ocupa la parte más alta de las Sierras Grandes, un macizo que se eleva por encima de los 2.000 metros en medio de las llanuras del centro del país. Esa altura lo convierte en una especie de isla biológica: rodeado de tierras bajas, durante miles de años evolucionaron allí especies y subespecies de plantas y animales que no existen en ningún otro lugar del mundo, como el lagarto de Achala.
Su nombre proviene de la quebrada del Condorito, un profundo cañón donde los cóndores andinos anidan y enseñan a volar a sus crías. Es una de las poblaciones de cóndor más orientales de Sudamérica, a cientos de kilómetros de la cordillera de los Andes, el hábitat principal de esta especie, una de las aves voladoras más grandes del planeta, con alas que superan los tres metros de envergadura.
El costo de siglos de pastoreo
La ganadería en la Pampa de Achala no empezó en el siglo XX. Desde la época colonial, las misiones jesuitas y luego las estancias criaron animales en estas sierras. Siglos de pastoreo intensivo dejaron huellas profundas: el pisoteo del ganado sobre suelos arenosos y empinados destruyó la cubierta vegetal y provocó una erosión severa, que en algunos sectores dejó la roca al desnudo.
Con la creación del parque, el ganado fue retirado y la naturaleza empezó a recuperarse. Hoy todavía pueden verse restos de la vieja estancia, como el antiguo baño de ovejas, una estructura donde se sumergía a los animales para eliminar parásitos, convertido ahora en testimonio de otra época.
Cóndores y guanacos de regreso

Las políticas de protección permitieron una fuerte recuperación de los cóndores, cuyas poblaciones en la zona habían llegado a estar cerca de desaparecer. Además, desde 2007 se desarrolla un programa de reintroducción del guanaco, un camélido sudamericano pariente de la llama que había desaparecido de estas sierras. En el parque también viven el águila mora y el zorro colorado.
Un parque que da agua a una ciudad
Más allá de la fauna, el parque cumple una función vital para millones de personas. Según la Administración de Parques Nacionales de Argentina, protege las cuencas de agua que abastecen a más del 60% de la población de la provincia de Córdoba. Los pastizales de altura funcionan como una esponja natural que retiene la lluvia y la libera de a poco hacia los ríos.
El caso conecta con una tendencia global. En distintas partes del mundo, desde las tierras altas de Escocia hasta las estancias de la Patagonia, campos ganaderos degradados se transforman en áreas protegidas o proyectos de “resilvestración”, que buscan devolver al paisaje su funcionamiento natural. La Quebrada del Condorito muestra que, con tiempo y protección, incluso un territorio castigado durante siglos puede volver a llenarse de vida.