La historia de Elvita Adams es tan insólita que cuesta creerla. Su relato supuso el intento de suicidio fallido más espectacular y milagroso de la historia de todos los intentos de suicidio. ¿Quién podía pensar que una caída desde el piso 86 del Empire State terminaría bien? Un elemento inesperado la privó de la muerte.

Como ocurrió con Joan Murray, esa mujer que sobrevivió a una caída de 4 mil metros de altura gracias a 250 mil hormigas de fuego, el factor suerte, incluso en escenarios aparentemente imposibles, puede darse. Elvita, como Murray, pasará a la historia por ello.

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El 2 de diciembre de 1979, Adams decidió poner fin a su vida. Después de perder su trabajo, la mujer de 29 años que vivía en el Bronx se veía viviendo de un mísero cheque de asistencia social de algo menos de 100 dólares. Incapaz de pagar el alquiler, el propietario la amenazó con desalojarla a ella y a su hijo pequeño.

Es muy probable que Elvita entrara en una profunda depresión. Pasó los siguientes días en soledad, sin saber muy bien qué hacer, hasta que una tarde se encontró en lo alto del Empire State Building, en el piso 86.

Image: Vistas desde el rascacielos (Flickr)

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El rascacielos de 102 pisos en el centro de Manhattan se había terminado en 1931, una arquitectura que ayer y hoy mantiene el mismo reconocimiento internacional. Con una altura máxima de 443 metros (381 desde la azotea y 373 desde la última planta), Elvita Adams no era la primera persona que decidía saltar del emblemático edificio.

En realidad, se calcula que había más de una veintena de intentos de suicidio desde que el famoso rascacielos de Nueva York se construyó, y la mayoría de ellos tuvieron el éxito esperado. El primero ocurrió en 1931, antes de que el edificio estuviera completo, cuando un hombre al que habían despedido saltó desde el piso 58.

Image: La muerte de Evelyn McHale (Wikimedia Commons)

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También estaba la trágica historia de Evelyn McHale, cuya muerte fue catalogada como “el suicidio más hermoso” porque la mujer llevaba perlas y guantes, y aterrizó en una limusina. Su instantánea fue histórica y la tomó un estudiante de fotografía en 1947, terminando en la revista Time e incluso como parte de algún trabajo de Andy Warhol.

Sea como fuere, el suicidio de Elvita no sería recordado porque fue el primero o el “más hermoso”. Sería recordado porque, a pesar del monstruoso salto, la mujer no se mató.

Aquel domingo por la tarde a principios de diciembre, Elvita había tomado una ruta que la llevó desde el Bronx hasta Manhattan. Según declaró más tarde: “Las luces de Manhattan se veían tan bonitas que quise acercarme y tocarlas”. Cuando Adams llegó al edificio trepó la valla que rodeaba la plataforma de observación en el piso 86.

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Una vez sola ante la posibilidad de la muerte (casi) segura, no se lo pensó dos veces y se precipitó al vacío. Sin embargo, lo que ocurrió entonces fue algo totalmente impredecible, increíble e insólito.

El viento generalmente no se considera un milagro, pero la ráfaga de viento que “voló” el cuerpo de Elvita Adam, aterrizando solo un piso más abajo, fue algo extraordinario. Como recordaron muchos diarios posteriormente, los vientos por aquellas fechas estaban soplando a casi 50 km/h. Adams aterrizó en una repisa de medio metro en el piso 85.

Image: Adams en el hospital (Now I Know)

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Según explicaron los informes oficiales, el guardia de seguridad Frank Clark escuchó a Adams y se asomó por la ventana del piso para llevarla a un lugar seguro. Luego la llevaron al Hospital Bellvue con un dolor intenso resultado de una fractura de cadera. Después de ser tratada, la mujer pasó a estar bajo vigilancia psiquiátrica, mientras que un portavoz del hospital dijo que se encontraba en “estado satisfactorio”.

No está claro qué le sucedió a Evita después de que fuera salvada. Décadas más tarde, sobre el año 2010, una obra titulada I’ve been Elvita Adams especulaba con la idea de que, después de su intento de acabar con su vida, Adams se convirtió en una comediante.

No parece que sea el caso, o quizás sí. De cualquier forma, sea lo que sea que hizo después, un factor inesperado le permitió cambiar su fatídico destino, el viento le dio una segunda oportunidad a Elvita Adams. [NowIKnow, TheUiJunkie, Wikipedia]