Hace unos a√Īos contamos la extraordinaria historia de Anna B√•genholm, la mujer que qued√≥ enterrada en el infierno helado durante 80 minutos. Anna sobrevivi√≥ a una experiencia ins√≥lita, pero unos a√Īos antes, hubo un caso que todav√≠a hoy sigue asombrando a la comunidad m√©dica.

Jean Hilliard, de 19 a√Īos, viv√≠a en la peque√Īa ciudad de Lengby, Minnesota. Su asombroso relato tuvo lugar en diciembre de 1980. Aquella noche que le cambi√≥ la vida regresaba a su casa despu√©s de quedar con unos amigos. Era una noche helada, con una temperatura exterior de -22¬įC alrededor de la medianoche.

Hilliard acababa de abandonar la Legión Americana de Fosston, un lugar que frecuentaban todos los jóvenes de Lengby en esta parte de Minnesota. La chica recordaba que el Ford de su padre contaba con tracción trasera, pero no tenía frenos antibloqueo, lo que hacía que tuviera un vehículo realmente peligroso mientras conducía por una carretera con hielo.

En un momento dado del viaje de regreso, el vehículo se deslizó por una zanja y se empotró con un árbol. Hilliard se bajó y comenzó a caminar en busca de ayuda. En ese momento, la casa de un amigo de la joven, Wally Nelson, se encontraba a poco más de dos kilómetros.

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Imagen: Jean Hilliard en 1981 (AP)

Sin embargo, a Hilliard le parecía que la casa estaba más lejos de lo que recordaba. De camino a ella, la joven recuerda una larga y extenuante caminata. Cuando finalmente vio las luces de la casa solo recuerda que todo se volvió negro.

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A la ma√Īana siguiente, sobre las 6:30 a.m., Nelson se despert√≥, se asom√≥ a la ventana y desde all√≠ observ√≥ algo extra√Īo: en el c√©sped del jard√≠n hab√≠a un peque√Īo bloque cubierto de nieve, a pocos metros de distancia de la puerta principal de la casa.

Cuando Nelson se acerc√≥ no pod√≠a creerlo. Aquel bloque era realmente Hilliard. Su amiga estaba all√≠, delante del joven, pero con la mirada literalmente congelada y los ojos bien abiertos. Por la cercan√≠a de la entrada parec√≠a que la chica se hab√≠a derrumbado a pocos segundos de tocar a su amigo. Seg√ļn cont√≥ a los medios posteriormente:

La agarré rápidamente y la metí en el interior. Pensé que estaba muerta. El estado de su cuerpo, totalmente congelado, era más rígido que una tabla, sin embargo pude ver una especie de burbujas saliendo de su nariz.

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Imagen: Pixabay / Comfreak

El joven cambió de opinión, cargó a Hilliard en un vehículo y la llevó lo más rápido que pudo hasta el hospital más cercano. Las primeras observaciones no fueron alentadoras. Los médicos veían pocas esperanzas de revivir a Jean.

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Su piel estaba tan congelada que no podían perforarla con agujas hipodérmicas, que simplemente se rompían al contacto. Cuentan que la temperatura de su cuerpo era tan baja que no se registró en un termómetro. Su rostro era de color gris y sus ojos no respondían a los cambios de luz.

Los m√©dicos cre√≠an que la paciente todav√≠a podr√≠a estar viva. Seg√ļn cont√≥ el doctor Sather, el m√©dico que la atendi√≥:

Al principio pensé que estaba muerta, pero luego captamos un gemido extremadamente débil. Sabíamos entonces que había una persona. Lo cierto es que la reacción no apareció hasta dos o tres horas después de que ella comenzara a descongelarse, porque el cuerpo estaba frío, completamente sólido, como un trozo de carne de un congelador.

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Horas despu√©s, Hilliard se despert√≥ con espasmos. Al mediod√≠a, la joven ya estaba hablando con cierta coherencia, preocupada por lo que su padre podr√≠a pensar por el accidente en su auto. Se sent√≠a bien, ‚Äúnormal‚ÄĚ, dir√≠a posteriormente:

Es como si me hubiera quedado dormida y me despertara en el hospital. No vi la luz ni nada de eso. Fue un poco decepcionante. Mucha gente habla de eso y no vi nada.

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Sin embargo, para el resto del equipo m√©dico Jean Hilliard hab√≠a sido ‚Äúun milagro de dif√≠cil explicaci√≥n‚ÄĚ. Su historia r√°pidamente apareci√≥ en los medios locales hasta llegar a las televisiones nacionales.

Y es que, a pesar de la odisea que había pasado su cuerpo, el incidente no pareció dejarle secuelas a la joven. Hoy, varias décadas después, la medicina moderna sigue pensando que lo que le sucedió fue asombroso, aunque también sabemos más de lo que pudo ocurrirle.

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La ciencia médica ha determinado que a medida que el cuerpo de una persona se enfría, el flujo de sangre disminuye a un ritmo lento, tal y como lo haría un oso hibernando. En este punto, el cuerpo de una persona requiere menos oxígeno. Cuando el flujo sanguíneo de una persona aumenta al mismo ritmo que la temperatura de su cuerpo, a menudo se recupera.

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Esto fue lo que le pudo salvar la vida a Hilliard. Sus propios procesos biológicos ralentizaron el cuerpo hasta donde conservó el oxígeno suficiente para mantenerse con vida durante varias horas.

M√°s o menos como le ocurri√≥ a Anna unos a√Īos m√°s tarde. En aquella ocasi√≥n, su cuerpo tuvo tiempo para enfriarse por completo antes de que el coraz√≥n se detuviera. Su cerebro estaba tan fr√≠o cuando el coraz√≥n dej√≥ de latir que las c√©lulas cerebrales necesitaron muy poco ox√≠geno, por lo que el cerebro pudo sobrevivir por un tiempo prolongado.

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Aunque es evidente que las circunstancias de una congelaci√≥n s√≥lida no son ideales, la idea de que la hibernaci√≥n profunda pueda salvar la vida de las personas son muy buenas noticias. Los m√©dicos contin√ļan descubriendo m√°s y m√°s informaci√≥n sobre este extra√Īo estado similar a la hibernaci√≥n con el fin de acercarlos y trasladarlos a la recuperaci√≥n de casos con heridas de bala, traumatismos o incluso ataques card√≠acos.

De ambos casos, tanto en Anna como en Hilliard, se puede sacar una conclusión: la muerte no es un momento, es un proceso. A veces de unos minutos, pero otras veces de horas, tantas, que en el caso de las dos mujeres el frío fue capaz de conservarlas hasta hacerlas volver a la vida.[New York Times, Wikipedia, Minessota Public Radio]