Los agujeros blancos aparecen de forma natural al estudiar determinadas soluciones matemáticas de las ecuaciones de Einstein. Mientras el horizonte de un agujero negro puede cruzarse únicamente hacia adentro, el de un agujero blanco tendría el comportamiento contrario: las trayectorias físicas podrían dirigirse hacia afuera, pero no atravesarlo desde el exterior.
Matemáticamente, la idea es perfectamente válida dentro de ciertos modelos de relatividad general. Eso, sin embargo, no significa que la naturaleza realmente produzca estos objetos.
De un agujero negro a uno blanco
Durante los últimos años, los agujeros blancos han recuperado interés gracias a los intentos de combinar la relatividad general con la mecánica cuántica.
Uno de los mayores problemas de la física moderna es comprender qué ocurre con la información contenida en la materia que cae dentro de un agujero negro si este termina evaporándose mediante radiación de Hawking.
Algunos modelos de gravedad cuántica de bucles plantean una posibilidad sorprendente. Cuando la materia que colapsa alcanza densidades extremas, los efectos cuánticos podrían evitar que termine comprimida en una singularidad de densidad infinita.
En su lugar se produciría una especie de rebote cuántico: el interior del agujero negro continuaría hacia una región futura con las características de un agujero blanco. En estos escenarios, la materia y la información podrían eventualmente volver a emerger.
Pero se trata todavía de física altamente especulativa. La gravedad cuántica de bucles continúa siendo una teoría en desarrollo y no existe evidencia experimental de que estas transiciones ocurran realmente.

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Un instante dentro, miles de millones de años fuera
Una de las características más llamativas de estos modelos es la enorme diferencia entre el tiempo experimentado cerca del interior del agujero negro y el observado desde el exterior.
Algunas propuestas calculan que el rebote podría ocurrir rápidamente desde la perspectiva de la materia que cae, mientras que para un observador distante podrían transcurrir períodos extraordinariamente largos, incluso miles de millones de años.
Eso permitiría imaginar agujeros negros que, tras evolucionar durante enormes escalas temporales, terminaran atravesando una fase similar a la de un agujero blanco.
¿Y podrían conectarnos con otro lugar del universo?
Los agujeros blancos también aparecen relacionados con los famosos puentes de Einstein-Rosen, conocidos popularmente como agujeros de gusano.
Las soluciones extendidas de algunos agujeros negros contienen regiones que matemáticamente recuerdan a agujeros negros, agujeros blancos y universos separados. Sin embargo, esto no significa que pueda utilizarse un agujero negro como puerta hacia otra galaxia.
Los puentes de Einstein-Rosen convencionales son no atravesables: se cierran demasiado rápido como para que materia o incluso luz puedan cruzarlos de un extremo al otro.
Everyone knows about black holes, but few realize there's a hypothesis about white holes 👀
White holes are the opposite of black holes. While black holes seem to "suck" all the surrounding space into themselves, white holes "spit" it out.
White holes are unstable. As matter… pic.twitter.com/SZZAQpvhht
— Black Hole (@konstructivizm) June 10, 2026
El gran problema: serían extremadamente inestables
La principal dificultad para convertir un agujero blanco matemático en un objeto astrofísico real es su estabilidad.
Estudios clásicos y posteriores muestran que incluso pequeñas perturbaciones o cantidades de materia próximas al objeto podrían destruir determinadas configuraciones de agujero blanco o hacerlas evolucionar nuevamente hacia un agujero negro.
Además, no conocemos ningún proceso astrofísico convencional capaz de formar un agujero blanco de la misma manera que una estrella masiva puede terminar formando un agujero negro.
Hasta ahora, ningún telescopio, detector de ondas gravitacionales ni observación astronómica ha identificado de forma convincente un agujero blanco.
Por eso, la respuesta a la pregunta sigue siendo fascinante pero sencilla: las ecuaciones permiten describirlos, algunos modelos de gravedad cuántica incluso sugieren mecanismos para producirlos, pero todavía no sabemos si los agujeros blancos existen realmente en el universo.
Descubrirlo exigirá algo que la física aún no posee: una teoría comprobada experimentalmente capaz de describir simultáneamente la gravedad y el mundo cuántico.