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Ciencia

En 1971 Quebec inundó 11.500 kilómetros cuadrados de bosque boreal para un complejo hidroeléctrico: los peces de la zona se volvieron tóxicos para las comunidades cree

Un lucio podía verse perfectamente sano a simple vista y, aun así, no ser apto para comer. El problema no estaba en la central eléctrica: estaba en la propia agua que la hacía funcionar.
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En 1971 comenzó a operar el complejo hidroeléctrico La Grande, en el territorio de la bahía James, al norte de Quebec, Canadá. El proyecto desvió cinco ríos e inundó más de 11.500 kilómetros cuadrados de bosque boreal, repartidos en cinco embalses con una capacidad instalada total de 10.800 megavatios, una superficie comparable a la de todo Qatar. Lo que nadie anticipó del todo fue que esa agua terminaría transformando el pescado tradicional de las comunidades cree en una fuente de contaminación.

El mercurio que dormía en el suelo

Lucio Del Norte
© Jonathan Klaas – Shutterstock

Cuando se forma un embalse hidroeléctrico y el bosque queda inundado, las partes verdes de la vegetación sumergida alimentan a microorganismos capaces de transformar el mercurio en una forma que sí puede acumularse en los seres vivos: el metilmercurio. En esa forma, el mercurio se vuelve neurotóxico y se acumula a lo largo de la cadena alimentaria acuática, especialmente en peces piscívoros como el lucio del norte, la trucha de lago y la perca amarilla. El mercurio ya estaba ahí, enterrado en el suelo durante milenios; alcanzó con cubrirlo de agua para despertarlo. El aumento en la producción de metilmercurio suele terminar entre ocho y diez años después de la inundación, cuando se agotan los elementos del suelo y la vegetación sumergida más fáciles de descomponer.

El lucio, un alimento central que se volvió un problema

El desarrollo de los embalses del complejo La Grande disparó la contaminación de los peces, sobre todo de aquellos en la cima de la cadena alimentaria, como el lucio del norte, que ocupaba un lugar central en la alimentación tradicional cree. Solo un pueblo tuvo que ser reubicado directamente por el proyecto, pero el impacto social fue considerable para las comunidades que dependían de esa pesca.

Una respuesta institucional tardía pero sostenida

Bahia James
© Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=371391

En 1986 se firmó un acuerdo sobre el mercurio entre las comunidades cree de la bahía James, el gobierno de Quebec e Hydro-Québec. Entre 1998 y 2013 se publicaron distintas guías de consumo de pescado según criterios de exposición establecidos por la Junta de Salud y Servicios Sociales Cree de la bahía James, mientras un programa paralelo medía directamente los niveles de mercurio en el cabello de residentes de las comunidades cercanas, un indicador simple y efectivo de la exposición real. Para las familias que vivían cerca de los embalses más afectados se llegó a recomendar un máximo de dos comidas de lucio por mes, según relevó Hydro-Québec.

Un ciclo que tarda décadas en cerrarse

El monitoreo de los peces de los embalses mostró que los niveles de mercurio en especies insectívoras, como el cisco ártico, vuelven a valores similares a los de lagos naturales después de entre diez y veinte años. En peces que se alimentan de otros peces, como la perca amarilla, ese regreso a la normalidad demora más y suele completarse recién entre veinte y treinta y cinco años después de la inundación inicial. Hoy, en la mayoría de las zonas modificadas del complejo La Grande, los niveles de mercurio en los peces ya volvieron a valores representativos de los ambientes naturales de la región, al punto de que se recomendó directamente discontinuar buena parte del monitoreo.

Una amenaza que no terminó en 1971

El territorio cree no terminó de redefinirse con La Grande. El proyecto Grande-Baleine, previsto dentro del Acuerdo de la Bahía James y el Norte de Quebec de 1975, habría inundado unos 1.667 kilómetros cuadrados adicionales de territorio, una prueba de que este ciclo del mercurio, aunque transitorio en cada caso puntual, no es un accidente aislado mientras se sigan inundando bosques para generar electricidad. Casos similares se documentaron después en otros grandes proyectos hidroeléctricos construidos sobre bosque, desde otras regiones de Canadá hasta la cuenca amazónica.

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