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Ciencia

Expertos revelan qué es lo que los incas daban a los niños antes de sacrificarlos en los volcanes

Los incas creían que los niños sacrificados se convertían en intermediarios entre los seres humanos y los dioses. Para facilitar ese tránsito, les administraban determinadas sustancias que, según una nueva investigación, eran más variadas de lo que se pensaba.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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La capacocha, el principal ritual de sacrificio del Imperio inca, no consistía únicamente en realizar ofrendas para apaciguar a las divinidades. Los incas creían que las personas sacrificadas, generalmente niños, ascendían a un plano espiritual desde el cual podían actuar como mensajeros entre los humanos y los dioses. Para que ese tránsito fuera menos doloroso, les proporcionaban coca y alcohol, aunque los métodos empleados parecen haber sido más diversos de lo que se creía hasta ahora.

Un estudio publicado hoy en la revista científica Antiquity presenta los resultados del análisis de muestras de cabello y uñas de ocho momias incas descubiertas en volcanes de Perú y Argentina. Aunque los investigadores ya sabían que los incas administraban plantas psicoactivas a las personas destinadas al sacrificio, todavía existían dudas sobre cuáles eran exactamente esas sustancias.

Mediante un análisis toxicológico de la queratina presente en el cabello y las uñas, el equipo identificó cocaína, procedente de las hojas de coca, una planta sagrada para los incas, en todas las momias estudiadas. Además, la mitad de los individuos presentaba indicios de consumo de alcohol. Los investigadores consideran que estas sustancias podrían haberse utilizado para tranquilizar a los niños durante las ceremonias.

«Lo interesante es que, aunque la coca parece haber sido un elemento habitual del ritual de la capacocha, el uso de otras sustancias psicoactivas variaba según los individuos y los lugares», explicó a Gizmodo Dagmara Socha, autora principal del estudio y bioarqueóloga de la Universidad de Varsovia, en Polonia.

«Esto sugiere que la preparación de los niños para el sacrificio no era uniforme en todo el Imperio inca», añadió.

Una negociación con los dioses

Como explicó anteriormente a Gizmodo el arqueólogo peruano Lidio Valdez, los incas consideraban que habitaban tierras pertenecientes a seres divinos y que, por lo tanto, debían procurar mantener satisfechos a los dioses.

Según el estudio, la capacocha se reservaba para acontecimientos capaces de alterar el orden cósmico, como las sequías, las hambrunas o los períodos de inestabilidad política. Para estas ceremonias se seleccionaban niños de distintas regiones del imperio, que primero participaban en rituales de consagración y posteriormente eran sacrificados en la capital, Cusco, o en santuarios y templos provinciales.

«El ritual también tenía una dimensión política, ya que ayudaba al Estado inca a establecer relaciones con las comunidades locales e incorporar las divinidades regionales al sistema religioso imperial», explicó Socha.

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Arqueólogos exploran la zona cercana a la cima del volcán Llullaillaco. Crédito: J. Reinhard

Las ceremonias requerían preparativos complejos, numerosas ofrendas y, en muchos casos, largos desplazamientos hasta santuarios situados a gran altitud. Sin embargo, el desarrollo de cada ritual podía variar según el lugar y las atribuciones de la divinidad a la que estaba dedicado.

Las sustancias que quedaron registradas en el cabello y las uñas

Para Socha, identificar las sustancias exactas que recibían los niños también permite comprender por qué se las administraban. Algunas plantas con propiedades medicinales podrían haberse utilizado para mantenerlos saludables durante los preparativos. Otras, en cambio, habrían servido para inducir estados alterados de conciencia antes del sacrificio.

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Investigadores extraen muestras de cabello de una de las momias incas analizadas en el estudio más reciente. Crédito: Dagmara Socha

A partir de investigaciones anteriores, Socha y sus colegas confirmaron que las huellas del consumo de determinadas sustancias pueden permanecer durante períodos sorprendentemente prolongados en las estructuras de queratina del cabello y las uñas.

Para examinarlas, utilizaron técnicas modernas de toxicología forense y prestaron especial atención a los compuestos relacionados con la coca, el alcohol y otras plantas alucinógenas utilizadas en la época precolombina.

Los ocho niños sacrificados

Las ocho momias analizadas proceden de diferentes excavaciones realizadas aproximadamente durante los últimos cien años. Los niños tenían entre 6 y 14 años cuando murieron.

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Cuatro de las ocho momias analizadas en el estudio: una niña de 8 años hallada en Chuscha (A), dos niñas de 14 (B) y 10 años (C) encontradas en el volcán Ampato, y una niña de 14 años descubierta en el volcán Sara Sara (D). © Socha y Reinhard et al., 2026

Además de encontrar evidencias de consumo de coca en todos los individuos y de alcohol en algunos de ellos, los investigadores identificaron harmina, un compuesto asociado con la ayahuasca, una bebida psicoactiva tradicional de América del Sur.

Según el estudio, el alcohol probablemente procedía de la chicha, una bebida fermentada elaborada a partir del maíz. Esta interpretación se apoya en los restos de dicha bebida encontrados en recipientes enterrados junto a los niños.

Los investigadores también señalaron que existen registros históricos sobre el uso de chicha durante los rituales incas. Asimismo, algunas figurillas masculinas recuperadas en posibles lugares de sacrificio presentan protuberancias en las mejillas, como si representaran a personas que estaban masticando hojas de coca.

Los últimos meses antes del sacrificio

El cabello resulta especialmente valioso para este tipo de investigaciones porque conserva un registro químico de las sustancias consumidas durante los últimos meses de vida.

Gracias a esta característica, el equipo pudo identificar variaciones en el consumo de coca durante un período de seis meses en una niña sacrificada en Chuscha. En su caso, los rastros de alcohol aparecieron únicamente durante el último mes de vida.

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Figurillas masculinas halladas en los volcanes Llullaillaco y Ampato que presentan un abultamiento en las mejillas, lo que, según los investigadores, podría representar una bola de hojas de coca masticadas. Crédito: J. Reinhard

«Para mí, lo más interesante es que podemos reconstruir pequeños detalles de los últimos meses de vida de estos niños, incluso después de más de 500 años», afirmó Socha.

La investigadora explicó que los cambios detectados en las sustancias consumidas por la niña de Chuscha podrían reflejar su entrada en la etapa final de los preparativos rituales.

Los resultados también abren nuevas posibilidades para estudiar estas prácticas. De hecho, el equipo encontró evidencias de consumo de coca en individuos que, según investigaciones anteriores, no habían ingerido hojas de esta planta.

Socha aclaró que este hallazgo refleja principalmente los avances en los métodos de análisis, que ahora permiten detectar sustancias que antes pasaban inadvertidas.

A partir de estos resultados, los investigadores buscarán revisar otros aspectos de las prácticas religiosas incas para comprender mejor cómo se desarrollaban las ceremonias y qué papel desempeñaban las sustancias psicoactivas en los sacrificios humanos.

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