En 1977, cuando la NASA lanzó Voyager 1 al espacio, nadie imaginaba que casi medio siglo después seguiría funcionando a una distancia tan extraordinaria que incluso la luz necesitaría un día entero para alcanzarla. Sin embargo, ese momento está a punto de llegar. El próximo 18 de noviembre, la histórica sonda se convertirá en el primer objeto construido por el ser humano situado a un día luz de la Tierra: aproximadamente 25.902 millones de kilómetros. Será un récord de distancia que también cambiará la forma de imaginar nuestras comunicaciones con la nave más lejana de la humanidad.
La fecha fue confirmada por la NASA en su página oficial de seguimiento de las Voyager. Según los cálculos de la agencia, el hito se producirá el miércoles 18 de noviembre a las 2:16:07 de la madrugada, hora del Pacífico estadounidense, equivalentes a las 7:16:07 de Argentina. Para entonces, Voyager 1 habrá completado 49 años, dos meses y 13 días desde su lanzamiento. La distancia será tan enorme que cualquier instrucción enviada desde la Tierra necesitará 24 horas para llegar hasta sus sistemas.
La Voyager 1 tardó casi 50 años en recorrer una distancia que la luz atraviesa en solo 24 horas

Un día luz no es una unidad de tiempo, sino de distancia. Representa el recorrido de la luz en el vacío durante 24 horas, viajando a casi 300.000 kilómetros por segundo. Para comprender la magnitud del acontecimiento, basta con comparar: la luz solar tarda unos ocho minutos en alcanzar la Tierra, mientras que una señal de radio destinada a Voyager 1 necesitará un día completo.
Según explica la NASA en español, la sonda se desplaza a aproximadamente 61.000 kilómetros por hora. Es una velocidad impresionante para cualquier vehículo humano, pero prácticamente insignificante frente a la velocidad de la luz. Por eso necesitó casi cinco décadas para cubrir una distancia que una señal electromagnética puede recorrer en una jornada.
La consecuencia más llamativa aparece en las comunicaciones. Si los ingenieros detectaran un problema y enviaran una orden, deberían esperar 24 horas para que alcanzara la nave. Si esta respondiera inmediatamente, la confirmación tardaría otras 24 horas en regresar. Una conversación de ida y vuelta necesitaría un mínimo de dos días, incluso si los equipos funcionaran perfectamente.
Esta dificultad no impide que Voyager 1 continúe siendo una misión científica activa. La Red del Espacio Profundo de la NASA mantiene las comunicaciones con sondas distantes mediante enormes antenas situadas en distintos continentes, capaces de detectar señales extremadamente débiles.
La nave más lejana de la humanidad sigue funcionando, pero cada año tiene menos energía

Voyager 1 fue lanzada el 5 de septiembre de 1977 para estudiar Júpiter y Saturno. Su misión original debía durar unos cinco años, pero terminó convirtiéndose en una exploración que transformó nuestra comprensión del sistema solar. En agosto de 2012 cruzó la heliopausa, el límite de la región dominada por el viento solar, y se convirtió en la primera nave espacial en ingresar al espacio interestelar.
Desde entonces, sus instrumentos han permitido estudiar partículas energéticas, campos magnéticos y las condiciones del medio situado más allá de la influencia directa del viento solar. Sin embargo, mantenerla operativa es cada vez más complicado. Sus generadores termoeléctricos de radioisótopos pierden alrededor de cuatro vatios de potencia cada año, lo que obliga a los ingenieros a desconectar progresivamente equipos para conservar energía.
En abril de 2026, la agencia apagó el instrumento de partículas cargadas de baja energía, que llevaba décadas proporcionando mediciones científicas. Además, un comunicado reciente del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) explicó que la nave experimentó una breve interrupción de las comunicaciones mientras los responsables de la misión trabajaban para preservar su funcionamiento.

El próximo récord, por tanto, no llega en un momento cualquiera. Voyager 1 se aproxima a sus 50 años de actividad mientras sus ingenieros intentan prolongar una misión que superó ampliamente todas las expectativas iniciales. Su gemela, Voyager 2, sigue una trayectoria diferente y, de acuerdo con la NASA, no alcanzará la distancia de un día luz hasta noviembre de 2035.
Existe un último detalle que vuelve todavía más extraordinaria esta historia: alcanzar un día luz no significa que Voyager 1 haya recorrido una fracción importante de la distancia hasta otra estrella. La sonda se dirige aproximadamente hacia Gliese 445, pero necesitará unos 40.000 años para pasar a alrededor de 1,7 años luz de ella.
El 18 de noviembre no ocurrirá ningún cambio físico especial a bordo. La nave simplemente continuará su viaje por el espacio interestelar. Pero desde la Tierra habremos alcanzado un símbolo difícil de imaginar: el primer objeto humano tan lejano que hasta la luz necesita un día entero para llegar hasta él.