Dos pequeñas tortugas nacieron unidas por el abdomen en un jardín de Nueva Jersey, Estados Unidos, y terminaron protagonizando uno de los casos más difíciles que había enfrentado un especialista con décadas de experiencia en reptiles. Las crías, bautizadas como Flip y Flop, estaban completamente desarrolladas y ambas seguían con vida, una situación extraordinariamente poco frecuente. Pero sobrevivir juntas no significaba que pudieran continuar así indefinidamente. Los veterinarios tuvieron que tomar una decisión delicada: intentar separarlas sin conocer exactamente qué estructuras internas compartían.
El caso fue relatado por el herpetólogo Chris Leone, responsable del centro de rescate Garden State Tortoise, durante una entrevista publicada por People el 29 de octubre. Lo que comenzó como el hallazgo inesperado de una mujer en su jardín terminó convirtiéndose en una intervención veterinaria de alto riesgo, con un resultado que dejó sentimientos encontrados entre los responsables del rescate.
Eran tan pequeñas que los veterinarios no podían comprobar si compartían órganos vitales
Cuando Leone recibió a Flip y Flop, lo primero fue evaluar cómo estaban conectadas y si cada una podía funcionar de manera independiente. Ambas se encontraban unidas por tejido en la región abdominal, una condición conocida como gemelación conjunta, que puede presentarse durante el desarrollo embrionario de distintos animales.
El verdadero problema era su tamaño. Según explicó el especialista a People, las crías eran demasiado pequeñas para realizar las pruebas de imagen que el equipo necesitaba. Sin radiografías ni ecografías previas, no podían determinar si compartían vasos sanguíneos importantes u órganos esenciales para sobrevivir.
Esto complicaba enormemente cualquier intervención. Si las tortugas compartían estructuras indispensables, separarlas podría provocar la muerte de una o incluso de ambas. Pero mantenerlas unidas tampoco ofrecía garantías de supervivencia a largo plazo.
Junto con el veterinario Chris Lambert, Leone decidió utilizar un procedimiento gradual. En lugar de intentar una separación inmediata, comenzaron a colocar suturas sobre el tejido que conectaba los cuerpos, observando cuidadosamente cómo respondían los animales. Después de la tercera sutura consiguieron separarlas por completo.
Fue un avance importante, aunque el resultado final no sería el que esperaban.
Flip sobrevivió a la intervención, pero Flop murió poco después de la separación
Tras completar el procedimiento, Flip consiguió sobrevivir y comenzó su recuperación. Flop, en cambio, murió. El desenlace afectó profundamente al equipo, que había trabajado con la intención de ofrecer a ambas crías una oportunidad.
Como recoge Infobae, Leone sospecha que las tortugas podrían haber compartido órganos vitales, lo que habría complicado especialmente la supervivencia de Flop. Sin embargo, no se pudo establecer con certeza la causa de su muerte, debido a la ausencia de estudios anatómicos previos.
La evolución de Flip ha sido considerablemente más favorable. Según informó People, la pequeña tortuga ya puede nadar, sumergirse, alimentarse y tomar el sol de manera independiente. Actualmente comparte un acuario acondicionado con otra tortuga llamada Nemo, mientras continúa bajo observación.
El caso también pone de manifiesto la complejidad de la medicina veterinaria aplicada a animales tan pequeños. A diferencia de una intervención convencional, no existía un procedimiento estandarizado que garantizara un resultado seguro, y cada decisión dependía de cómo respondían los ejemplares.
Garden State Tortoise, fundado en 2011 por Chris y Casey Leone, trabaja en el rescate, cuidado y conservación de tortugas y otros reptiles. El centro mantiene animales que necesitan atención especializada y desarrolla actividades educativas para promover su protección.
Aunque Flop no sobrevivió, los responsables del rescate esperan que Flip pueda desarrollarse con normalidad y vivir durante muchos años. Su historia muestra hasta qué punto una diferencia anatómica aparentemente pequeña puede convertirse en un desafío enorme cuando se trata de animales recién nacidos, y también los límites que enfrenta la medicina veterinaria incluso cuando existe la intención de salvar ambas vidas.