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Ciencia

Fósiles, genomas y rayos X reconstruyen el origen de las serpientes, aunque el misterio continúa abierto

Nuevos fósiles, análisis de miles de genes y reconstrucciones tridimensionales del cerebro están aclarando cómo aparecieron las serpientes, perdieron sus extremidades y conquistaron numerosos ambientes. La evidencia apunta a antepasados terrestres con hábitos parcialmente subterráneos, pero aún quedan importantes vacíos en su historia.
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Las serpientes actuales forman uno de los grupos de vertebrados terrestres más diversos. Se desplazan por desiertos, bosques, árboles, ríos y océanos, pese a carecer de patas y poseer un cuerpo que parece imponer numerosas limitaciones.

Su éxito evolutivo es indiscutible, pero sus primeros pasos siguen siendo difíciles de reconstruir. Sus esqueletos son frágiles, se desarticulan con facilidad y los fósiles más antiguos suelen estar representados por unas pocas vértebras o fragmentos de mandíbula. Por eso, la ciencia está combinando restos fósiles con genomas, tomografías y modelos evolutivos.

Un origen terrestre y parcialmente subterráneo

Durante décadas se enfrentaron dos grandes explicaciones. Una proponía que las serpientes descendían de reptiles marinos; la otra, que sus antepasados eran animales excavadores que perdieron progresivamente sus extremidades al desplazarse bajo tierra.

Los descubrimientos de Najash rionegrina, una serpiente terrestre con patas posteriores que vivió en la actual Patagonia hace unos 95 millones de años, debilitaron la necesidad de un origen exclusivamente marino. Sus nuevos cráneos y esqueletos mostraron una combinación de características primitivas y propias de las serpientes modernas.

Otra línea de evidencia procede del interior del cráneo. Un estudio reconstruyó mediante tomografías tridimensionales la forma cerebral de serpientes vivas, lagartos y algunos fósiles. Sus modelos sugieren que el antepasado de las serpientes modernas tenía adaptaciones para excavar, pero también un comportamiento oportunista que posiblemente le permitía buscar alimento sobre la superficie.

Esto no significa que la primera serpiente viviera permanentemente bajo tierra. La imagen que emerge es la de un animal terrestre con una combinación de hábitos, en lugar de un excavador extremo semejante a las serpientes ciegas actuales.

La pérdida de las patas no ocurrió de golpe

Los fósiles muestran que la desaparición de las extremidades fue gradual. Algunas serpientes primitivas todavía conservaban pelvis y patas traseras, mientras que las delanteras ya habían desaparecido. Incluso hoy, boas y pitones mantienen pequeños restos de la cintura pélvica.

La genética encontró una de las piezas de este proceso en la secuencia ZRS, un elemento regulador que controla la activación del gen Sonic hedgehog durante el desarrollo de las extremidades. En las serpientes, esta región acumuló cambios y perdió progresivamente su capacidad para activar correctamente el crecimiento de las patas. Cuando los investigadores introdujeron versiones de la secuencia de serpiente en ratones, estos desarrollaron extremidades gravemente reducidas.

Sin embargo, ZRS no debe entenderse como el único “gen de las patas”. La transformación involucró cambios en múltiples regiones reguladoras y procesos de desarrollo. Tampoco puede fijarse una fecha exacta únicamente a partir de esta secuencia.

Una explosión evolutiva cambió su cuerpo y su dieta

Un estudio publicado en Science analizó 5.400 regiones genéticas de 1.018 especies y más de 60.000 observaciones individuales sobre alimentación. Sus resultados indican que, durante el origen de las serpientes, se aceleraron simultáneamente la evolución del cráneo, el alargamiento corporal y la diversificación de la dieta.

El aumento del número de vértebras produjo cuerpos largos y flexibles capaces de avanzar por grietas, vegetación, árboles y agua. Al mismo tiempo, las articulaciones móviles del cráneo permitieron abrir la boca ampliamente y tragar presas enteras.

No existió una sola innovación responsable de su éxito. Fue la combinación de locomoción, sentidos, alimentación y cambios anatómicos la que abrió nuevos nichos ecológicos y permitió la rápida aparición de estrategias depredadoras especializadas.

Un “falso ofidio” complica todavía más el árbol familiar

En 2025, investigadores describieron en Escocia a Breugnathair elgolensis, un reptil de unos 167 millones de años. Tenía patas bien desarrolladas y proporciones similares a las de un lagarto, pero también mandíbulas y dientes curvados semejantes a los de algunas serpientes.

El fósil podría pertenecer a una rama próxima al origen de las serpientes. Sin embargo, los análisis ofrecen resultados contradictorios: también podría tratarse de un reptil más primitivo que desarrolló de manera independiente características parecidas para capturar presas.

Esa incertidumbre resume el estado actual del campo. Los genes han corregido árboles evolutivos basados únicamente en el parecido corporal, mientras los fósiles revelan combinaciones anatómicas que no existen en ningún animal moderno.

La ciencia se acerca a una explicación: las serpientes probablemente surgieron de antepasados terrestres, atravesaron una pérdida gradual de extremidades y experimentaron una transformación rápida que modificó su cuerpo y su alimentación. Pero la apariencia exacta de la primera serpiente y el camino completo que siguió continúan escondidos en un registro fósil todavía incompleto.

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