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Ciencia

Goku siempre supo hacer lo correcto, pero Vegeta tuvo que aprenderlo después de cometer los peores errores. La psicología explica por qué su redención marcó tanto a los niños de los 80 y los 90

No existe un estudio que demuestre que los seguidores de Vegeta sean mejores adultos que los de Goku. Sin embargo, la psicología narrativa sí explica por qué acompañar durante años a un personaje que se equivoca, cambia y busca redimirse puede dejarnos una enseñanza especialmente útil al crecer.
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Para los niños que crecieron viendo Dragon Ball durante los años 80 y 90, elegir entre Goku y Vegeta parecía casi una prueba moral. De un lado estaba el héroe sonriente, generoso y siempre dispuesto a salvar el mundo. Del otro, un príncipe orgulloso que llegó a la Tierra acompañado por Nappa, dispuesto a conseguir la inmortalidad y destruir a cualquiera que se interpusiera en su camino.

La elección aparentemente estaba bastante clara, explica 3DJuegos. Sin embargo, algo empezó a cambiar a medida que aquellos espectadores se hicieron adultos. Goku continuó siendo el protagonista indiscutible de la historia, pero Vegeta terminó convertido en el personaje favorito de una parte enorme de su público. No porque sus crímenes iniciales dejaran de importar, sino porque hizo algo que Goku nunca necesitó hacer: reconstruirse casi desde cero.

La propia web oficial de Dragon Ball recuerda que Vegeta fue presentado como un guerrero cruel, orgulloso y dedicado a someter planetas. En aquella primera etapa no mostraba piedad ni siquiera con sus aliados y llegó a eliminar a Nappa después de considerarlo inútil para combatir. Ese es precisamente el punto de partida que vuelve tan poderoso todo lo que ocurre después.

Vegeta no era mejor que Goku: tuvo que aprender a ser mejor

Goku siempre supo hacer lo correcto, pero Vegeta tuvo que aprenderlo después de cometer los peores errores. La psicología explica por qué su redención marcó tanto a los niños de los 80 y los 90
© Dragon Ball.

Goku atraviesa derrotas, pérdidas y momentos de enorme sacrificio, pero su brújula moral apenas se mueve. Desde pequeño es una persona esencialmente bondadosa. Puede ser irresponsable, ingenuo y excesivamente obsesionado con pelear, pero nunca necesita descubrir que asesinar, dominar o despreciar a los demás está mal.

Vegeta sí.

El príncipe de los saiyans cambia de alianza inicialmente por conveniencia, colabora con sus antiguos enemigos para sobrevivir a Freezer y tarda muchísimo en aceptar que la Tierra se ha convertido en su hogar. Su evolución no ocurre mediante una revelación repentina, sino a través de pequeñas derrotas personales: reconocer la superioridad de Goku, enamorarse de Bulma, criar a Trunks, preocuparse por su familia y, finalmente, estar dispuesto a sacrificarse por ella.

El atractivo no está en que un villano resulte más admirable que un héroe. Está en observar cómo alguien cuya identidad estaba construida alrededor del orgullo, la violencia y la superioridad consigue modificarla sin dejar de ser reconocible.

Ese tipo de transformación encaja con lo encontrado por un estudio dirigido por Mariska Kleemans y publicado en Poetics. Los investigadores analizaron cómo respondían los espectadores a protagonistas moralmente ambiguos y compararon dos historias muy diferentes: Léon: The Professional, cuyo personaje principal muestra una evolución moral, y American Psycho, donde Patrick Bateman no experimenta una transformación equivalente.

La conclusión fue que el desarrollo del personaje constituye un mecanismo central para explicar cuánto llegamos a involucrarnos con él. No basta con que sea oscuro, violento o imprevisible. Lo que mantiene al espectador enganchado es observar sus dilemas, comprender cómo cambian sus prioridades y evaluar continuamente si se está acercando a la virtud o alejándose de ella.

Vegeta parece diseñado para activar ese proceso durante cientos de episodios.

Por qué los antihéroes pueden atraparnos más que los héroes perfectos

Los personajes moralmente ambiguos obligan al espectador a trabajar un poco más. Frente a Goku, la pregunta suele ser cómo logrará superar al enemigo. Frente a Vegeta aparecen otras preguntas: qué elegirá, a quién traicionará, cuánto pesa todavía su orgullo y si esta vez actuará pensando únicamente en sí mismo.

La investigadora Mina Tsay-Vogel, de la Universidad de Boston, explica que nuestra relación con estos personajes depende en gran parte de conocer sus motivaciones y de poder observar el mundo desde su perspectiva. Cuando entendemos por qué realizan una acción negativa o descubrimos que detrás existe una motivación altruista, tendemos a juzgarlos de una manera más favorable.

Eso no significa que cualquier atrocidad quede perdonada por incluir una historia triste. Significa que el cerebro no evalúa una narración como una simple lista de comportamientos buenos y malos. También presta atención a las intenciones, los conflictos internos, las consecuencias y la dirección en la que avanza el personaje.

Goku es reconfortante porque representa una bondad resistente. Vegeta resulta fascinante porque demuestra que la identidad no tiene por qué ser permanente. Uno nos enseña qué aspecto tiene un héroe. El otro muestra el doloroso proceso de convertirse en uno, según 3DJuegos.

Cuando dejamos de observar al personaje y empezamos a vivir su historia

Goku siempre supo hacer lo correcto, pero Vegeta tuvo que aprenderlo después de cometer los peores errores. La psicología explica por qué su redención marcó tanto a los niños de los 80 y los 90
© Dragon Ball.

En 2012, los psicólogos Geoff Kaufman y Lisa Libby introdujeron el concepto de experience-taking. Se trata de un proceso mediante el cual el lector no se limita a comprender a un personaje desde fuera, como ocurre al adoptar su perspectiva, sino que llega temporalmente a asumir sus pensamientos, emociones, objetivos y rasgos como si fueran propios.

A través de seis experimentos, los investigadores observaron que esa fusión momentánea entre el yo y el protagonista podía producir cambios en las valoraciones personales, las actitudes y ciertos comportamientos posteriores. El efecto era más probable cuando la narración facilitaba la identificación y no recordaba constantemente al lector las diferencias que lo separaban del personaje.

El estudio no utilizó a Vegeta ni analizó Dragon Ball. Tampoco permite afirmar que ver una serie durante la infancia determine cómo será alguien décadas más tarde. Pero sí ofrece una base para entender por qué convivir durante años con un personaje puede ser algo más que observarlo pelear.

Quienes siguieron a Vegeta no solo contemplaron sus cambios. También pudieron ensayar emocionalmente sus derrotas, sus recaídas, la vergüenza de reconocer errores y el esfuerzo de actuar de una forma distinta a la que su antiguo orgullo le exigía.

La lección de Vegeta resulta incómodamente útil al crecer

La vida adulta rara vez se parece al mundo moral de un héroe clásico. Una persona no queda definida para siempre por haber sido un mal compañero, haber fracasado en el trabajo, haber discutido con su pareja o haber tomado una decisión egoísta.

Tampoco basta con pedir perdón una vez y comenzar una nueva etapa como si todo lo anterior hubiese desaparecido. El cambio real suele ser lento, contradictorio y lleno de recaídas. En eso Vegeta resulta bastante más humano que Goku, pese a ser un extraterrestre capaz de destruir planetas.

Su historia permite aceptar dos ideas al mismo tiempo: que alguien debe responsabilizarse por lo que hizo y que esa misma persona todavía puede convertirse en algo diferente. No es una absolución automática, sino una defensa de la posibilidad de cambiar.

Por eso elegir a Vegeta de niño no convierte mágicamente a nadie en un adulto más empático, responsable o maduro. Incluso existen investigaciones que relacionan la afinidad por algunos antihéroes con rasgos antisociales, lo que demuestra que el significado depende del personaje, del espectador y de aquello que admire específicamente en él.

Pero quienes admiraban su capacidad para reconocer sus límites, levantarse después de cada humillación y anteponer finalmente a su familia pudieron encontrar en él una enseñanza que Goku no ofrecía de la misma manera.

Ser bueno cuando siempre lo has sido tiene mérito. Aprender a serlo cuando toda tu identidad estaba construida en la dirección contraria es una batalla bastante más difícil.

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