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Por qué muchos adultos que crecieron con Dragon Ball prefieren a Vegeta antes que a Goku: la psicología tiene una explicación

Goku era el héroe perfecto, noble y luminoso. Vegeta, en cambio, empezó como villano, orgulloso y cruel. Sin embargo, muchos adultos que crecieron con Dragon Ball sienten más conexión con él. La psicología narrativa ayuda a entender por qué los personajes que cambian, fallan y se redimen pueden marcarnos más que los héroes impecables.
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Vegeta no era el héroe, y quizá por eso nos importó más

Para muchos niños de los 80 y los 90, Dragon Ball no fue solo una serie de peleas imposibles. Fue una educación sentimental disfrazada de anime. Allí estaban la amistad, la rivalidad, el esfuerzo, el miedo al fracaso y la necesidad de superarse una y otra vez. Y en medio de todo eso, había dos modelos muy distintos: Goku y Vegeta.

Goku era el héroe natural. Bueno desde el principio, generoso, valiente, casi siempre dispuesto a perdonar. Su brújula moral era clara y rara vez parecía dudar de sí mismo. Vegeta, en cambio, entró en la historia por la puerta equivocada: como enemigo, arrogante, violento y convencido de su superioridad.

Pero con el tiempo ocurrió algo curioso. Mientras Goku se mantenía más o menos igual, Vegeta cambiaba. Pasó de villano a rival, de rival a aliado y de aliado a alguien capaz de sacrificarse por los demás. No se volvió perfecto, y ahí está justamente su fuerza. Vegeta seguía siendo orgulloso, competitivo y difícil, pero también empezó a mostrar culpa, amor, miedo y sentido de responsabilidad.

Por qué muchos adultos que crecieron con Dragon Ball prefieren a Vegeta antes que a Goku: la psicología tiene una explicación
© Black Ney – Youtube.

Los antihéroes nos enganchan porque cambian delante nuestro

La psicología narrativa lleva años estudiando por qué nos atraen los personajes moralmente ambiguos. No son buenos del todo, pero tampoco son simples villanos. Lo interesante está en su recorrido: los vemos equivocarse, resistirse, caer, aprender y, a veces, intentar reparar el daño.

Esa evolución genera una experiencia emocional más intensa que la de un héroe lineal. Con un personaje como Goku sabemos casi siempre qué esperar. Con Vegeta, en cambio, cada decisión pesa más porque no viene garantizada por su bondad inicial. Cuando hace algo noble, importa porque sabemos que no siempre fue así.

Por eso su arco de redención tiene tanta potencia. Vegeta no representa la pureza moral, sino la posibilidad de mejorar. Y esa idea puede resultar mucho más cercana para un adulto que ya entendió que la vida no funciona en blanco y negro. Nadie está siempre a la altura. Nadie actúa bien todo el tiempo. Pero cambiar sigue siendo posible.

La identificación con personajes no es un juego menor

Los psicólogos Geoff Kaufman y Lisa Libby propusieron el concepto de “experience-taking”, que describe lo que ocurre cuando una persona no solo empatiza con un personaje, sino que llega a asumir temporalmente su perspectiva, sus emociones y sus decisiones como si fueran propias.

Ese proceso ayuda a explicar por qué ciertas ficciones nos dejan huella. No miramos a los personajes desde afuera de forma completamente pasiva. A veces los usamos para ensayar formas de ser, imaginar respuestas posibles y repensar nuestra propia identidad.

En ese sentido, crecer viendo a Vegeta puede haber ofrecido algo distinto a crecer admirando únicamente a Goku. Vegeta no enseñaba que ser bueno era fácil. Enseñaba que uno puede cargar con errores, orgullo, inseguridad y aun así intentar hacer algo mejor. Su historia no era la del elegido puro, sino la del que aprende tarde y a los golpes.

El verdadero atractivo de Vegeta está en su imperfección

La idea no es que los fans de Vegeta sean mejores personas que los fans de Goku. Esa conclusión sería exagerada. Lo interesante es otra cosa: quizá quienes conectaron con Vegeta encontraron en él un tipo de héroe más humano.

Goku inspira por su bondad y su energía inagotable. Vegeta conecta porque muestra una batalla más interna: la lucha contra el ego, contra la comparación constante y contra la sensación de no ser suficiente. Su obsesión por superar a Goku no es solo una rivalidad de fuerza. También es una forma de inseguridad, una necesidad de demostrar valor.

Por eso, visto desde la adultez, Vegeta puede resultar más interesante. No porque sea moralmente superior, sino porque se parece más a nuestras contradicciones. Es el personaje que se equivoca, se endurece, se rompe, vuelve a intentarlo y aprende a querer sin dejar de ser él mismo.

Al final, Goku nos enseñó a aspirar a la bondad. Vegeta nos enseñó que incluso alguien lleno de fallas puede cambiar. Y tal vez por eso, tantos años después, muchos adultos ya no eligen al héroe perfecto. Eligen al personaje que tuvo que construir su redención capítulo a capítulo.

 

Fuente: Xataka.

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