Grupos ultraconservadores piden boicotear a Google para vengar al ingeniero que escribió el documento antidiversidad

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Google despidió ayer a uno de sus ingenieros de software como respuesta a la indignación pública que causó su diatriba de 10 páginas contra las medidas para representar proporcionalmente a las mujeres en las empresas de tecnología. El despido fue interpretado como un llamado a las armas por las voces de la derecha alternativa estadounidense (la alt-right), que ahora están recaudando dinero para el ingeniero, James Damore, y piden un boicot contra Google.

Las convocatorias de boicot ya han ganado apoyos en Twitter, donde nombres como Mike Cernovich, Michael Tracey y Paul Joseph Watson se han unido a un coro de personas con nicks como CNNisRetarded, TheMuddyCuck y Grammar Nawtsy. Dicen haber sido provocados por los “bullies llorones de la diversidad”.

Algunos de los que piden boicotear al gigante tecnológico creen que la gente ha recibido la “píldora roja”, un término popular en los círculos de la alt-right para referirse a las situaciones en que alguien ve claramente la realidad. El término proviene de la película de ciencia ficción The Matrix (1999), donde el héroe toma una píldora roja para ver el mundo real que lo rodea. En este caso, los activistas de la alt-right relacionan la píldora roja con haber podido ver la misandria inherente a la decisión de Google de despedir al ingeniero.

Otros en Twitter proponen usar alternativas para los servicios de Google, lo que puede ser un reto de enormes proporciones para las personas que dependen del ecosistema de Google. Duck Duck Go y Bing son sugeridas como buenas alternativas al buscador, mientras Vid.me es presentada como alternativa a YouTube. Google, como sabes, es la dueña de YouTube.

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Algunas de las voces más cáusticas dicen que “solo los judíos usan Google ahora”. Otros parecen afirmar que Google es una organización similar a los nazis, reemplazando a las oes en el logotipo de Google por esvásticas.

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Otros son más directos en sus acusaciones y dicen que Google está literalmente dirigida por nazis.

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También aparecen juegos de palabras con el nombre de Google, como por ejemplo “Guulag”.

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Mike Cernovich, famoso teórico de la conspiración de la alt-right, alega que Google tendrá que convertirse en un 50% republicana, dado que la afiliación política debería ser “una clase protegida bajo las leyes antidiscriminación”.

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Cernovich propone incluso que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos exija ver qué clase de afiliación política existe en cada compañía y haga cumplir algún tipo de cuota. Al menos creo que eso es lo que está pidiendo, ya que las empresas de tecnología no están registradas como partidos políticos.

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El periodista Mike Tracey, que fue atacado por la representante estadounidense Maxine Waters en un infame vídeo, ha intervenido para decir que espera que el ambiente de trabajo en Google sea “tan desagradable como sea posible”.

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Otros afriman que Google es sencillamente demasiado grande, y que cualquier boicot contra la compañía sería ineficaz.

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Pero, a decir verdad, la alt-right no destaca por reunir a las personas más inteligentes de Internet. Algunos reclaman campañas para ponerse en contacto con los anunciantes de Google, un movimiento que ya habían intentado en el pasado los afiliados del Gamergate.

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Google no tiene anunciantes como los tiene un periódico, obviamente. Google facilita las ventas de anuncios y básicamente domina todo el mercado online. Pero de nuevo, estas no son las personas más brillantes de Internet.

Wikileaks también ha defendido la causa del ingeniero de software, alegando que el despido es censura y ofreciendo contratar a James Damore.

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No está claro qué tipo de trabajo está ofreciendo Julian Assange a Damore, ni si ha estado en contacto con él.

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Por ahora las llamadas de la alt-right para protestar contra Google continúan, a medida que surgen nuevos hashtags para luchar por el derecho de Damore a crear lo que sus antiguos empleadores alegan que era un ambiente de trabajo hostil.

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Si estas personas piensan que despedir a un empleado por escribir un asalto sexista es un ataque a la libertad de expresión, que esperen a escuchar lo que el Departamento de Justicia de Jeff Sessions tiene reservado para los periodistas.

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