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Ciencia

La colisión de dos agujeros negros dejó una señal escondida en el espacio-tiempo. Los científicos creen que lleva la huella de su horizonte de sucesos, aunque no revela qué existe en el interior

Una señal oculta en la fusión GW250114 parece conservar información sobre la rotación y la gravedad del horizonte de sucesos de un agujero negro recién formado. El hallazgo no permite mirar dentro, pero podría acercarnos como nunca a su frontera exterior.
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Ningún científico ha conseguido mirar dentro de un agujero negro. Tampoco existe un telescopio capaz de fotografiar directamente su horizonte de sucesos, esa frontera invisible a partir de la cual ni siquiera la luz puede regresar. Sin embargo, una de las colisiones cósmicas más claras registradas hasta ahora podría haber dejado algo casi igual de valioso: una señal moldeada por el espacio-tiempo situado inmediatamente alrededor de ese punto de no retorno.

Un equipo internacional ha identificado un componente hasta ahora oculto dentro de las ondas gravitacionales de GW250114, la fusión de dos agujeros negros observada por los detectores LIGO el 14 de enero de 2025. Según el estudio publicado en Nature, esa señal coincide con lo que los modelos describen como una onda directa, una oscilación generada durante los instantes finales de la colisión y potencialmente vinculada a las propiedades del horizonte del agujero negro resultante.

El descubrimiento no muestra qué existe en el interior del objeto, como sugiere el titular original. Nada que haya cruzado el horizonte puede enviar información de vuelta. Lo que los investigadores creen haber captado es la huella de la región extremadamente cercana a esa frontera, antes de que la señal termine atrapada o deformada por la gravedad.

El último sonido de dos agujeros negros antes de convertirse en uno

Las ondas gravitacionales son pequeñas deformaciones del espacio-tiempo producidas por objetos masivos que aceleran. Cuando dos agujeros negros giran uno alrededor del otro, generan una señal que aumenta progresivamente de frecuencia e intensidad hasta alcanzar el momento de la colisión.

Después de la fusión, el nuevo agujero negro no queda inmediatamente en reposo. Durante una fracción de segundo se deforma, vibra y libera energía hasta adoptar la forma estable descrita por las ecuaciones de un agujero negro de Kerr. Esa última etapa se conoce como ringdown, algo parecido al sonido de una campana que se va apagando después de recibir un golpe.

La onda directa identificada en GW250114 sería ligeramente diferente. Según explica Neil Lu, autor principal del trabajo e investigador de la Universidad Nacional Australiana, se trataría del “último sonido” producido durante la colisión, escondido dentro de la señal completa y generado antes de que las vibraciones convencionales del agujero negro recién formado dominen los datos.

Los cálculos publicados en Nature indican que el componente fue detectado con una relación señal-ruido próxima a 16 en LIGO Hanford y 17 en LIGO Livingston. Su comportamiento se asemeja a una oscilación que pierde intensidad rápidamente, pero cuya frecuencia y ritmo de desaparición contienen información física concreta.

La frecuencia revelaría cómo gira el horizonte

La colisión de dos agujeros negros dejó una señal escondida en el espacio-tiempo. Los científicos creen que lleva la huella de su horizonte de sucesos, aunque no revela qué existe en el interior
© Pixabay / Kyraxys.

Un agujero negro en rotación no se limita a atraer objetos. También arrastra el propio espacio-tiempo que lo rodea mediante un fenómeno conocido como arrastre de referencia o frame dragging. Cerca del horizonte, este efecto llega a ser tan intenso que ninguna partícula puede permanecer completamente inmóvil respecto a un observador distante.

De acuerdo con el estudio, la frecuencia de la onda directa aparece relacionada con la velocidad de rotación del horizonte. En concreto, debería oscilar cerca del doble de esa frecuencia porque las ondas gravitacionales presentan una estructura cuadrupolar. La rapidez con la que la señal se desvanece estaría, a su vez, conectada con la denominada gravedad superficial del agujero negro.

La gravedad superficial no describe una superficie sólida. Es una magnitud matemática relacionada con la intensidad del campo en el horizonte y con la aceleración que necesitaría un observador ideal para permanecer cerca de él. En los datos de GW250114, ambas propiedades coincidieron con las predicciones para un agujero negro giratorio descrito por la relatividad general de Einstein.

“Por un breve momento, la región muy cercana al horizonte del agujero negro recién formado queda envuelta en un remolino rápido que se desvanece”, explica Sizheng Ma, investigador del Perimeter Institute y coautor del artículo. Según Ma, parte de esa turbulencia gravitatoria logra propagarse hacia el exterior antes de desaparecer, dejando su impronta dentro de las ondas que finalmente alcanzan la Tierra.

GW250114 era el acontecimiento perfecto para buscarla

La señal pudo aislarse porque GW250114 fue excepcionalmente clara. Según la Universidad Nacional Australiana, resultó aproximadamente tres veces más intensa que GW150914, la primera fusión de agujeros negros detectada por LIGO una década antes. Las mejoras realizadas en los instrumentos durante esos años redujeron el ruido y permitieron observar detalles que habrían quedado enterrados en mediciones anteriores.

Los agujeros negros implicados no eran especialmente exóticos. Cada uno tenía varias decenas de veces la masa del Sol y sus características generales se parecían a las de la histórica fusión de 2015. La diferencia decisiva estaba en la calidad de la observación, no necesariamente en la rareza de los objetos.

Eso permitió separar una señal que aparece durante la parte más violenta y complicada de la colisión. En esa etapa, las órbitas dejan de estar claramente definidas, los horizontes se unen y las aproximaciones sencillas dejan de funcionar. Los investigadores tuvieron que comparar los datos reales con modelos de relatividad numérica capaces de simular la evolución completa del espacio-tiempo.

Nadie ha visto el interior y la interpretación ya está siendo discutida

La colisión de dos agujeros negros dejó una señal escondida en el espacio-tiempo. Los científicos creen que lleva la huella de su horizonte de sucesos, aunque no revela qué existe en el interior
© Pexels / STRIEWA.

Hablar de una señal “procedente del horizonte” requiere cautela. El propio trabajo presenta evidencia observacional compatible con el modelo de las ondas directas, pero no una cámara que haya atravesado el punto de no retorno. La señal se habría generado en la región exterior inmediatamente próxima al horizonte durante la fusión.

Además, la interpretación ya ha provocado un debate científico. Un estudio preliminar publicado posteriormente por Anuj Kankani y Sean McWilliams sostiene que la frecuencia de la onda directa no siempre sigue de manera fiable la rotación o la gravedad superficial del horizonte. Según sus simulaciones, la coincidencia observada en GW250114 podría deberse parcialmente a que el agujero negro resultante tenía una rotación situada cerca de un valor especialmente favorable. Este trabajo todavía es un preprint y no ha pasado por el mismo proceso de revisión de Nature.

Sizheng Ma y Hai-Yang Wang publicaron después otro análisis teórico en el que derivan la existencia de las ondas directas a partir de la estructura causal del espacio-tiempo de un agujero negro sin rotación. Según ese trabajo, la señal sí estaría gobernada por la dinámica cercana al horizonte, aunque aún será necesario extender el modelo y comprobarlo en más configuraciones.

La detección, por tanto, es real y estadísticamente sólida; lo que continúa abierto es hasta qué punto permite medir directamente las propiedades del horizonte en toda clase de agujeros negros.

Una nueva forma de acercarse al lugar más inaccesible del universo

Si el patrón vuelve a aparecer en futuras colisiones, las ondas directas podrían complementar el estudio tradicional del ringdown. En lugar de analizar únicamente cómo vibra el agujero negro después de estabilizarse, los físicos podrían reconstruir parte de lo sucedido en el instante exacto en que los horizontes se fusionaron.

Eso permitiría someter la relatividad general a pruebas todavía más extremas, buscar pequeñas desviaciones respecto al modelo de Kerr y estudiar la relación entre el horizonte, la entropía y la información. Otro trabajo reciente ya ha utilizado esta interpretación de GW250114 para estimar el área del agujero negro inmediatamente después de la fusión y contrastarla con la ley propuesta por Stephen Hawking.

La posibilidad de investigar la gravedad cuántica o resolver la paradoja de la información continúa mucho más lejos. Una sola señal no puede responder qué sucede con la materia después de cruzar el horizonte ni explicar cómo reconciliar la relatividad con la mecánica cuántica.

Lo que GW250114 ofrece es una nueva manera de escuchar el borde. No hemos visto el interior de un agujero negro y probablemente ninguna señal clásica pueda mostrárnoslo. Pero el espacio-tiempo sacudido durante una colisión parece conservar, durante una fracción de segundo, el eco de la frontera que lo separa para siempre del resto del universo.

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