Saltar al contenido
Ciencia

Científicos ya pueden cambiar una sola letra del ADN de un embrión humano sin destrozar sus cromosomas. El avance acerca la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias, pero también reabre la puerta a los bebés de diseño

La edición de bases permite modificar letras individuales del ADN sin realizar los cortes asociados al CRISPR tradicional. Los experimentos todavía están lejos de producir un embarazo, pero acercan un debate que la ciencia, la legislación y la sociedad no han terminado de resolver.
Por

Tiempo de lectura 6 minutos

Comentarios (0)

La posibilidad de modificar genéticamente a un ser humano antes de que nazca siempre parecía encontrarse detrás de dos barreras. La primera era técnica: las herramientas disponibles podían cortar el ADN del embrión, pero también provocar daños imprevisibles. La segunda era ética: incluso si algún día fuera posible hacerlo con seguridad, nadie había decidido hasta dónde debería permitirse llegar.

Una de esas barreras acaba de hacerse un poco más pequeña. Un equipo dirigido por Kathy Niakan, de la Universidad de Cambridge, utilizó por primera vez la edición de bases para estudiar la función de un gen dentro de embriones humanos tempranos. Según el trabajo publicado en Nature, la técnica logró modificar una región concreta del ADN sin causar la genotoxicidad y las grandes alteraciones cromosómicas asociadas a experimentos anteriores con CRISPR-Cas9.

Los embriones habían sido donados para investigación por pacientes de fecundación in vitro. No fueron implantados, no podían utilizarse para iniciar un embarazo y únicamente se estudiaron durante sus primeras etapas de desarrollo. La Autoridad de Fertilización Humana y Embriología británica establece que los embriones empleados en investigación no pueden transferirse a una mujer y deben dejar de cultivarse antes de superar los 14 días desde la fecundación.

Por tanto, los científicos no han creado bebés modificados genéticamente ni han demostrado que puedan hacerlo de forma segura. Lo que sí consiguieron fue mucho más que una simple mejora de laboratorio: mostraron que ya es posible reescribir una letra concreta del genoma embrionario sin recurrir a las tijeras moleculares que habían convertido esta idea en algo demasiado arriesgado.

En lugar de cortar el ADN, cambiaron una de sus letras

Científicos ya pueden cambiar una sola letra del ADN de un embrión humano sin destrozar sus cromosomas. El avance acerca la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias, pero también reabre la puerta a los bebés de diseño
© Katarina Harasimov et al./Centro Loke para la Investigación del Trofoblasto, Universidad de Cambridge.

El CRISPR-Cas9 tradicional localiza una secuencia genética y produce una ruptura en las dos cadenas del ADN. Después, la célula intenta reparar el corte. El problema es que esa reparación puede introducir errores, borrar grandes fragmentos o reorganizar el material genético de maneras que los investigadores no pretendían.

La edición de bases funciona de otro modo. La herramienta, desarrollada originalmente por el equipo del químico David Liu, se parece menos a unas tijeras y más a un lápiz con goma: permite transformar una letra química del ADN en otra sin seccionar completamente la doble hélice. El País ya describía esta diferencia al explicar que los editores de bases pueden corregir erratas individuales dentro de un genoma formado por unos 3.000 millones de pares de bases.

En el nuevo experimento, los investigadores utilizaron un editor denominado ABE8e para bloquear NANOG, un gen fundamental durante los primeros días del desarrollo humano. Según el estudio de Nature, la modificación alteró una región necesaria para procesar correctamente la información del gen, dejándolo funcionalmente inactivo.

El objetivo no era corregir una enfermedad, sino comprender qué ocurre cuando NANOG deja de funcionar. La investigación ofrece así una herramienta para observar directamente procesos del desarrollo humano que no siempre pueden deducirse mediante experimentos con ratones u otros animales.

Al apagar NANOG desaparecieron las células que formarían el cuerpo

En un blastocisto humano temprano, las células comienzan a repartirse entre diferentes destinos. Algunas originarán la placenta, otras formarán el saco vitelino y un tercer grupo dará lugar al epiblasto, la estructura de la que posteriormente surgirá el cuerpo.

Cuando el equipo bloqueó NANOG, las células no lograron formar correctamente ese epiblasto. En su lugar, siguieron programas celulares asociados al saco vitelino o a la placenta. Según los autores, el resultado demuestra que NANOG es esencial para mantener la pluripotencia y establecer las células que terminarían construyendo el organismo.

La importancia médica más inmediata no está en fabricar embriones corregidos, sino en entender por qué tantos de ellos dejan de desarrollarse, no se implantan en el útero o terminan en una pérdida gestacional. De acuerdo con la Universidad de Cambridge, estudiar directamente estos genes puede mejorar el conocimiento sobre la infertilidad y las primeras etapas del embarazo.

Además, el experimento detectó una cantidad limitada de modificaciones fuera del objetivo previsto y no encontró la genotoxicidad característica de las técnicas basadas en cortes. Eso convierte a la edición de bases en una herramienta experimental mucho más precisa, aunque no necesariamente en una tecnología segura para iniciar un embarazo.

La precisión ha mejorado, pero el problema del mosaicismo continúa

Casi al mismo tiempo, otro equipo dirigido por Dieter Egli, de la Universidad de Columbia, probó la edición de bases en embriones humanos para introducir cambios en genes relacionados con el colesterol y la hemoglobina fetal.

Según el trabajo preliminar publicado en bioRxiv, los investigadores consiguieron modificar los embriones sin producir los grandes daños cromosómicos observados con CRISPR convencional. Sin embargo, el experimento todavía no había completado la revisión por pares cuando se hizo público.

Los resultados también revelaron dos obstáculos importantes. El primero es el mosaicismo: algunas células contienen la edición buscada y otras conservan el ADN original. En función del análisis publicado por Chemical & Engineering News, el equipo de Columbia también detectó modificaciones fuera del lugar previsto, demostrando que una herramienta más precisa no equivale a una herramienta infalible.

Ese problema adquiere otra dimensión dentro de un embrión. Una edición equivocada no afectaría únicamente a un tejido tratado, como ocurre con algunas terapias actuales, sino que podría propagarse por numerosos órganos y llegar a los óvulos o espermatozoides de la futura persona. El cambio sería heredable y podría pasar a generaciones que jamás dieron su consentimiento.

Curar una enfermedad y diseñar un bebé empiezan en la misma puerta

Científicos ya pueden cambiar una sola letra del ADN de un embrión humano sin destrozar sus cromosomas. El avance acerca la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias, pero también reabre la puerta a los bebés de diseño
© Shutterstock / Vladimir Staykov.

La justificación médica parece poderosa. En casos muy concretos, una pareja podría portar una mutación que provocara que prácticamente todos sus hijos biológicos heredaran una enfermedad grave. Corregirla dentro del embrión evitaría no solo que el niño enfermara, sino que la alteración continuara transmitiéndose.

Sin embargo, una vez que la herramienta existe, el límite entre terapia y mejora genética se vuelve mucho más difícil de establecer. Editar una mutación responsable de una enfermedad neurológica mortal no plantea el mismo dilema que modificar genes asociados al colesterol, la estatura, la musculatura o una probabilidad estadística de desarrollar una enfermedad décadas después.

En un artículo de opinión publicado en El País, el economista Daron Acemoglu advierte que la edición heredable podría desembocar en una sociedad genéticamente estratificada, donde las familias más ricas combinaran su ventaja económica con modificaciones biológicas transmitidas a sus descendientes. También señala que ya se comercializan servicios de selección embrionaria basados en puntuaciones poligénicas, aunque seleccionar entre embriones existentes no es lo mismo que reescribir su ADN.

La inteligencia, la personalidad, el aspecto físico o el riesgo de muchas enfermedades no dependen de una única letra genética. Surgen de la interacción entre cientos o miles de variantes, además del ambiente, la alimentación, la educación y las condiciones sociales. La tecnología puede avanzar rápidamente, pero nuestra capacidad para predecir todas las consecuencias de una modificación continúa siendo limitada.

La ciencia se acerca más rápido que el permiso para utilizarla

La Organización Mundial de la Salud distingue entre la edición somática, que modifica células de un paciente sin transmitir el cambio a sus hijos, y la edición heredable, que afecta a óvulos, espermatozoides o embriones destinados a iniciar un embarazo. La primera ya se utiliza en tratamientos médicos; la segunda continúa rodeada de mayores riesgos científicos, sociales y éticos.

La postura oficial de la OMS sigue siendo que avanzar actualmente hacia aplicaciones clínicas de edición de la línea germinal sería irresponsable. La organización reclama supervisión nacional e internacional, registros transparentes y mecanismos capaces de impedir investigaciones clandestinas o tratamientos ofrecidos por clínicas sin evidencia.

Los nuevos experimentos no eliminan esa advertencia. Todavía faltan procedimientos fiables para evitar el mosaicismo, detectar todas las modificaciones no deseadas y demostrar que una edición no tendrá efectos perjudiciales varias décadas después. El ensayo definitivo tampoco podría repetirse sin consecuencias: para conocer realmente la seguridad habría que permitir un embarazo, el nacimiento de un niño y el seguimiento de su salud durante toda la vida.

Los bebés modificados genéticamente no llegarán mañana. Pero la pregunta ha cambiado. Ya no consiste únicamente en saber si algún día seremos capaces de reescribir el ADN de un embrión humano con precisión. La ciencia empieza a demostrar que esa capacidad puede existir.

La cuestión mucho más difícil es quién decidirá qué errores merecen corregirse, qué rasgos deberían permanecer intocables y cómo evitar que una tecnología concebida para impedir enfermedades termine convirtiendo la desigualdad económica en una herencia biológica.

Compartir esta historia

Artículos relacionados