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Tecnología

Meta despidió a miles de empleados y reorganizó la compañía para acelerar su salto a la IA. Meses después, Zuckerberg admite que los agentes avanzan mucho más lento de lo esperado

Meta recortó aproximadamente el 10% de su plantilla y trasladó a otros 7.000 empleados hacia equipos relacionados con la inteligencia artificial. Ahora, Zuckerberg reconoce que los agentes de IA no han progresado como esperaba y que la reorganización estuvo lejos de ser perfecta.
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Meta reorganizó buena parte de su estructura bajo una premisa que parecía inevitable: los agentes de inteligencia artificial estaban a punto de transformar la manera de programar, gestionar proyectos y realizar incontables tareas dentro de una gran empresa. Había que reaccionar rápido, incluso antes de comprobar hasta dónde podía llegar realmente la tecnología.

Unos meses después, Mark Zuckerberg ha reconocido ante sus propios empleados que aquella aceleración no está ocurriendo como esperaba. Según una grabación de una reunión interna escuchada por Reuters, el responsable de Meta admitió que el desarrollo de los agentes de IA no ha ganado velocidad durante los últimos cuatro meses y que los beneficios de la nueva organización todavía no se han materializado.

La declaración resulta especialmente significativa por todo lo que Meta ya ha cambiado para prepararse. La compañía eliminó alrededor del 10% de sus puestos de trabajo y trasladó aproximadamente a otros 7.000 empleados hacia grupos centrados en inteligencia artificial. La decisión no fue simplemente un ajuste técnico: alteró equipos, funciones y carreras profesionales antes de que las herramientas que justificaban la transformación estuvieran completamente maduras.

Una reestructuración construida sobre una tecnología que todavía no estaba lista

Según pudo enterarse Reuters, Zuckerberg explicó durante una reunión interna: los directivos de Meta comenzaron a preparar los cambios entre enero y febrero. En ese momento existía una gran preocupación por que la empresa no consiguiera adaptarse con suficiente rapidez al nuevo escenario tecnológico. También había un enorme optimismo sobre herramientas de programación asistida por IA, entre ellas Claude Code, desarrollada por Anthropic.

La dirección parecía anticipar que los agentes ganarían autonomía a gran velocidad. Estos sistemas no son únicamente chatbots capaces de responder preguntas: están diseñados para interpretar un objetivo, utilizar herramientas, escribir código, consultar información y completar secuencias de tareas con una intervención humana reducida.

Sobre el papel, esa capacidad permitiría a una empresa como Meta desarrollar productos con equipos más pequeños, automatizar parte del trabajo interno y destinar a los empleados restantes a supervisar los resultados generados por las máquinas. En la práctica, Zuckerberg reconoció que la trayectoria de estos sistemas no se ha acelerado como esperaban los responsables de la compañía.

El propio ejecutivo también admitió que la reestructuración no fue tan “limpia” como debería haber sido y que la dirección calculó mal el momento de ejecutar los cambios. No cuestionó el destino final de la estrategia, pero sí la velocidad con la que Meta decidió reorganizarse alrededor de una tecnología que todavía sigue ofreciendo resultados irregulares.

Meta no ha gastado todavía 145.000 millones, pero está preparada para hacerlo

Meta despidió a miles de empleados y reorganizó la compañía para acelerar su salto a la IA. Meses después, Zuckerberg admite que los agentes avanzan mucho más lento de lo esperado
© Getty Images / Brendan Smialowki / Contributor – Gizmodo.

La cifra de 145.000 millones de dólares necesita una precisión importante. No representa el dinero que Meta ya haya gastado exclusivamente en agentes de IA, sino el extremo superior de su previsión de inversión de capital para todo 2026.

De acuerdo con los resultados oficiales del primer trimestre, Meta espera dedicar entre 125.000 y 145.000 millones de dólares durante el año a gastos de capital, incluyendo pagos asociados a arrendamientos financieros. La compañía elevó la previsión anterior, que se encontraba entre 115.000 y 135.000 millones, debido al encarecimiento de componentes y a nuevos costes para ampliar sus centros de datos.

Solo durante los tres primeros meses de 2026, Meta registró gastos de capital por 19.840 millones de dólares. La empresa cerró ese trimestre con 77.986 empleados, una cifra anterior a la gran ronda de recortes y traslados anunciada posteriormente.

La dimensión física de la apuesta también resulta difícil de imaginar. Según un memorando interno consultado por Reuters, Meta pretende disponer de siete gigavatios de capacidad informática al terminar 2026 y duplicarla hasta alcanzar 14 gigavatios en 2027. La compañía también planea comenzar en septiembre la producción de Iris, un procesador propio diseñado para complementar los chips de Nvidia y AMD.

Meta está asegurando además suministros de memoria, almacenamiento y fibra óptica mediante acuerdos de varios años. No se trata, por tanto, de un experimento secundario: la infraestructura que la empresa está construyendo compromete enormes cantidades de dinero, energía y equipamiento con la expectativa de que la demanda de IA justifique posteriormente esa capacidad.

Los despidos no fueron una sustitución directa de humanos por máquinas

Presentar el proceso como si Meta hubiera despedido a 8.000 personas y colocado una inteligencia artificial en cada uno de sus puestos resulta tentador, pero impreciso. La reestructuración mezcló recortes, eliminación de vacantes, reasignaciones internas y creación de grupos destinados a desarrollar o incorporar herramientas de IA.

Según Reuters, la intención era financiar la costosa infraestructura y situar a Meta en condiciones de aprovechar posibles aumentos de productividad derivados del trabajo asistido por inteligencia artificial. Algunos puestos desaparecieron, mientras que miles de empleados fueron trasladados hacia áreas en las que debían construir, entrenar o supervisar esos sistemas.

El problema es que una organización puede modificarse con mayor rapidez que la tecnología sobre la que pretende apoyarse. Despedir empleados, fusionar departamentos o cambiar las responsabilidades de miles de ingenieros puede ejecutarse en unas semanas. Conseguir que un agente comprenda tareas complejas, no cometa errores y produzca resultados fiables requiere un proceso mucho menos predecible.

Los cambios también provocaron resistencia interna y preocupación por la moral de los equipos. Según The Wall Street Journal, más de 1.500 trabajadores firmaron una petición contra un programa destinado a recopilar información sobre el uso de los ordenadores corporativos, un sistema que formaba parte del esfuerzo por obtener datos para entrenar herramientas de IA.

Meta llegó a rastrear la actividad de sus empleados para entrenar la IA

La incomodidad se hizo todavía más visible con una iniciativa que registraba movimientos del ratón y otras actividades digitales en los equipos de trabajo. Meta pausó el programa después de detectar que información procesada había sido almacenada en un lugar interno incorrecto, aunque la revisión posterior no encontró pruebas de que esos datos hubieran terminado dentro del entrenamiento de los modelos.

Andrew Bosworth, director de tecnología de Meta, aseguró en la misma reunión que, en caso de recuperarse, la herramienta funcionaría de manera voluntaria. La posición supone un cambio respecto a abril, cuando los empleados estadounidenses recibieron inicialmente el programa sin una opción para rechazar su instalación.

Ese episodio refleja una de las contradicciones de la estrategia. Meta necesita enormes cantidades de ejemplos reales para enseñar a sus agentes cómo trabajan las personas. Al mismo tiempo, recopilar esos comportamientos dentro de una plantilla ya afectada por despidos y reasignaciones puede generar miedo, rechazo y una caída todavía mayor de la confianza interna.

Zuckerberg se concede entre tres y seis meses para demostrar que tenía razón

Meta no está abandonando su estrategia. Zuckerberg, explica Reuters, aseguró que espera comenzar a percibir beneficios más significativos de las inversiones en inteligencia artificial dentro de los próximos tres a seis meses. La afirmación funciona como una nueva fecha de referencia para una reorganización cuyos resultados, según reconoció, todavía no han aparecido.

La compañía sigue generando suficiente dinero con Facebook, Instagram, WhatsApp y su negocio publicitario para financiar esa apuesta. En el primer trimestre de 2026 obtuvo ingresos por 56.311 millones de dólares, un 33% más que un año antes, y un beneficio operativo de 22.872 millones. Meta no atraviesa una crisis financiera inmediata: está intentando utilizar la fortaleza de su negocio actual para pagar una transformación tecnológica gigantesca.

El riesgo está en que los agentes no mejoren al ritmo necesario para justificar las decisiones ya tomadas. Construir centros de datos puede llevar años; recuperar conocimiento perdido durante un despido también. La reorganización parece haber asumido que la evolución tecnológica seguiría una curva relativamente predecible, pero los sistemas de IA no siempre avanzan de manera lineal.

Zuckerberg temía que Meta llegara demasiado tarde. Por evitarlo, la compañía cambió su estructura antes de comprobar que los agentes podían sostener el peso colocado sobre ellos. La inteligencia artificial probablemente seguirá transformando el trabajo dentro de Meta, pero su primera gran lección ya está apareciendo: adaptar una empresa demasiado pronto puede resultar tan peligroso como hacerlo demasiado tarde.

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