Hace unos 12.000 años, alguien tomó el hueso largo y hueco de un ave marina y comenzó a grabarlo con enorme precisión.
Sobre una superficie de apenas unos centímetros aparecieron un ciervo, un caballo, un sarrio, cabras montesas, un uro, signos geométricos e incluso una figura humana.
El objeto es conocido como tubo de Torre, fue descubierto en 1966 en una cueva de Oiartzun, en Gipuzkoa, y constituye una de las piezas de arte mueble paleolítico más singulares encontradas en la península ibérica. Lo más intrigante es que, después de décadas de investigación, todavía nadie sabe exactamente para qué servía.
Está fabricado con el hueso de un ave marina
El tubo procede del ala de un alcatraz atlántico, una gran ave marina cuyos huesos largos tienen paredes finas y un interior hueco.
Estas características los convertían en materiales especialmente útiles para las comunidades paleolíticas, que podían transformarlos en herramientas, recipientes o soportes decorativos.
La pieza mide aproximadamente 17,9 centímetros de longitud y apenas un centímetro de ancho, y apareció dividida en dos fragmentos. Su superficie fue primero raspada para eliminar irregularidades y posteriormente grabada mediante diferentes tipos de incisiones.
Algunas líneas fueron repasadas varias veces para generar contornos profundos, mientras los detalles más pequeños, como el pelaje de los animales, se realizaron mediante trazos mucho más finos.
En una superficie diminuta aparecen 23 grabados
Los análisis modernos permitieron identificar 23 motivos diferentes, distribuidos en dos filas orientadas en direcciones opuestas. Entre ellos hay al menos seis representaciones animales: un ciervo, un caballo, un sarrio, dos cabras montesas y un uro. También aparece una figura humana representada de perfil.
Los animales muestran detalles sorprendentemente precisos. En el ciervo pueden distinguirse partes de la cornamenta y pequeñas marcas que representan el pelo. El sarrio muestra cambios en el pelaje, mientras que las cabras aparecen vistas de frente mediante una característica cabeza triangular.
Además, el tubo conserva zigzags, líneas escalonadas y series de pequeñas muescas. Estos signos aparecen también en otros yacimientos del norte de la península y podrían indicar la existencia de convenciones gráficas compartidas entre diferentes grupos paleolíticos.
Lo extraño es que nadie sabe cuál era su función
Los arqueólogos han encontrado otros tubos decorados de hueso de ave en diferentes yacimientos europeos, pero determinar su función sigue siendo complicado. Se han planteado numerosas posibilidades: instrumentos musicales, recipientes para pigmentos, contenedores de agujas, silbatos, amuletos o piezas vinculadas con rituales. En el caso de Torre, varias opciones parecen poco probables.
El objeto no presenta los agujeros necesarios para funcionar como una flauta y tampoco se han identificado restos claros de ocre en el interior.
Incluso se ha planteado que su fractura pudo producirse deliberadamente como parte de algún comportamiento simbólico, aunque no existen pruebas suficientes para demostrarlo.
También revela conexiones entre comunidades lejanas
Algunos elementos artísticos del tubo permiten relacionarlo con objetos encontrados en los Pirineos franceses.
El estilo utilizado para representar determinados animales aparece en otros yacimientos magdalenienses, lo que sugiere que ideas, técnicas y convenciones artísticas viajaban entre comunidades de cazadores-recolectores separadas por cientos de kilómetros.
El tubo es, por tanto, algo más que una pieza decorada. Es también una pequeña evidencia de las redes culturales que conectaban a diferentes grupos humanos al final del Paleolítico. Ahora, seis décadas después de su descubrimiento, la pieza vuelve a exponerse al público en Ekainberri, en Zestoa.
Su nombre resume perfectamente el problema que plantea: Una pregunta de 12.000 años.
Porque conocemos los animales que alguien decidió grabar, podemos reconstruir cómo hizo cada incisión e incluso reconocer influencias culturales. Pero la pregunta más sencilla continúa sin respuesta: ¿para qué creó realmente este objeto?