Hoy somos la única especie humana que sobrevive en el planeta. Pero hubo un tiempo en el que nuestros antepasados compartían África con otros homininos, algunos aparentemente mucho más abundantes y adaptados a determinados ambientes. Si hubiéramos observado aquel mundo, probablemente no habríamos apostado por que nuestra línea evolutiva terminaría siendo la única superviviente.
Un yacimiento de Sudáfrica acaba de aportar nuevas pistas sobre ese pasado incierto. En Drimolen, una antigua cueva situada a unos 40 kilómetros de Johannesburgo, investigadores han analizado 18 fósiles de aproximadamente dos millones de años de antigüedad. Entre ellos identificaron restos atribuidos a Homo erectus, una de las especies fundamentales de nuestra historia evolutiva.
El estudio, publicado en Annals of Human Biology, no solo refuerza la presencia temprana de esta especie en el sur de África. También revela que, mientras nuestros antepasados comenzaban una trayectoria evolutiva extraordinaria, otros parientes humanos ocupaban un lugar mucho más destacado en el registro fósil local.
El fósil que llevaba años esperando para contar una historia de dos millones de años

La investigación fue dirigida por Jesse Martin, de la Universidad de La Trobe, en Australia, junto a especialistas de instituciones sudafricanas y estadounidenses. El equipo revisó 18 restos craneales y mandibulares recuperados entre 1992 y 2019. Algunos llevaban más de tres décadas sin una descripción anatómica completa. Entre ellos destaca DNH 127, un fragmento del cráneo de un individuo adulto que presenta características compatibles con Homo erectus en sentido amplio.
El detalle es importante porque Drimolen ya había proporcionado en 2020 otro fósil excepcional, DNH 134, perteneciente a un individuo infantil de aproximadamente dos o tres años. Aquel descubrimiento había permitido situar la presencia de Homo erectus en la región entre hace 2,04 y 1,95 millones de años. Sin embargo, el nuevo ejemplar adulto aporta información anatómica adicional para evaluar esa identificación.
De confirmarse plenamente su clasificación, estaríamos ante una de las evidencias adultas más antiguas atribuidas a esta especie. No obstante, el descubrimiento no demuestra que Homo erectus apareciera originalmente en Sudáfrica. Su lugar exacto de origen sigue siendo objeto de debate entre los paleoantropólogos.
El problema es que nuestros antepasados no eran los protagonistas de aquel mundo

El resultado más sorprendente aparece al observar los otros fósiles. De los 18 ejemplares examinados, los investigadores atribuyeron 14 a Paranthropus robustus, uno a Homo erectus y dejaron tres sin una clasificación taxonómica más precisa. Paranthropus robustus era un pariente evolutivo de los humanos, caracterizado por un aparato masticatorio robusto y adaptaciones relacionadas con el procesamiento de determinados alimentos.
Su presencia en Drimolen parece haber sido considerablemente más frecuente que la de los representantes tempranos de nuestro género. Sin embargo, encontrar 14 fósiles de una especie y uno de otra no significa que sus poblaciones mantuvieran exactamente esa proporción. Las diferencias de conservación, acumulación de restos y muestreo pueden alterar considerablemente el registro arqueológico. Aun así, la abundancia relativa de Paranthropus plantea una imagen muy diferente a la historia lineal que suele contarse sobre la evolución humana.
Durante aquella época, distintos linajes coexistían, desarrollaban sus propias adaptaciones y respondían de maneras diferentes a los cambios ambientales. El trabajo también identificó diferencias anatómicas entre los ejemplares de Paranthropus de Drimolen y poblaciones posteriores de otros yacimientos sudafricanos. Esto respalda la posibilidad de que su anatomía mandibular cambiara a lo largo del tiempo, aunque todavía quedan preguntas sobre la diversidad dentro de la especie.
La evolución humana pudo haber seguido un camino completamente distinto

Homo erectus terminaría convirtiéndose en uno de los homininos más longevos y geográficamente extendidos de la prehistoria. Sus poblaciones llegaron a ocupar amplias regiones de África y Asia durante un periodo extraordinariamente prolongado. Pero nada de eso estaba escrito hace dos millones de años.
El registro de Drimolen recuerda que la evolución no funciona como una competición diseñada para producir una especie vencedora. Los linajes aparecen, se diversifican, sobreviven y desaparecen mediante procesos que dependen de factores ecológicos, históricos y demográficos. Además, los investigadores advierten que nuestro conocimiento sigue condicionado por los lugares donde buscamos fósiles. África oriental y meridional concentran buena parte de las investigaciones, mientras que enormes regiones del continente siguen mucho menos exploradas.
Esto significa que la historia del origen de Homo erectus podría cambiar nuevamente si aparecen restos en territorios donde apenas se han realizado excavaciones.
La conclusión más fascinante del descubrimiento no es que hayamos encontrado otro antepasado remoto. Es que, durante una etapa decisiva de nuestra evolución, nuestra propia rama parecía ser una más entre varias alternativas posibles. Y solamente desde el presente sabemos cuál de aquellas historias consiguió continuar.