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Ciencia

Descubren en Sudáfrica el uso de fuego más antiguo conocido: ocurrió 700.000 años antes de lo que calculaba la ciencia

En Sudáfrica, y gracias al Homo erectus de hace 1,07 a 1,79 millones de años, un equipo internacional detectó el más antiguo uso del fuego que se conozca
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Ya desde la década de 1940 se ha estado investigando y excavando dentro de la cueva Wonderwerk de las colinas Kuruman de Sudáfrica, para hallar pistas sobre la prehistoria humana. Pero ese trabajo ahora se está recalentando (no es broma lo de recalentando, prometo) porque en 2012 quienes investigaban el sitio empezaron a encontrar evidencia del uso más antiguo del fuego por parte de nuestros ancestros.

Ahora, un equipo internacional con numerosos arqueólogos, paleontólogos, geólogos y profesionales de otras disciplinas dice que han documentado evidencia convincente de que nuestros ancestros ya utilizaban el fuego 700.000 años antes de lo que se calculaba. Con la técnica de luminiscencia para datar huesos fósiles quemados, los investigadores calcularon que los antiguos homínidos que habitaban la cueva probablemente alimentaran sus fogones con excremento de animales, hace 1,07 a 1,79 millones de años.

“Esto es uso intencional del fuego. No significa que la gente haya iniciado el fuego. Son dos cosas diferentes”, dijo la zooarqueóloga Liora Kolska Horwitz, codirectora del proyecto de la cueva Wonderwerk, hablando con The Times of Israel. 

“Podemos decir que no es fuego natural porque el lugar del fuego está a 30 metros de la entrada de la cueva, así que no fue un incendio forestal que entró hasta allí”, señaló Kolska Horwitz, quien ha trabajado en el sitio durante más de dos décadas. “Tampoco hay nada en esta capa que pudiera haber causado combustión espontánea, como el guano (excremento de murciélagos, aves marinas y otros animales, altamente inflamable).

Un ángulo de estudio muy revelador

Huesos Quemados
Los huesos blancos de la derecha contienen la mayor parte de quemaduras, mientras que los de la izquierda muestran evidencias menores © Wonderwerk Cave Project

Basándose en los artefactos presentes en la misma capa arqueológica de los huesos fósiles, Kolska Horwitz y sus colegas sospechan que estos fuegos fueron obra del ancestro humano Homo erectus. El equipo encontró herramientas conocidas como del estilo achelense, que se atribuyen a esta especie de homínido de hace unos 1,6 millones a 200.000 años, en similares profundidades dentro de la cueva.

Un elemento crucial fue el de los huesos fósiles incrustados en excrementos quemados de búho dentro de Wonderwerk, que los investigadores creen que se utilizaban como combustible en la antigüedad. Son huesos pequeños, tal vez de roedores que los búhos habían cazado.

“La evidencia en sitios tan antiguos suele ser sutil y difícil de detectar”, señaló Kolska Horwitz. “Nuestra investigación brinda herramientas nuevas para identificar los rastros de lo que se quemó en esa época”.

La técnica, una forma de luminiscencia no destructiva que usa luz del ultravioleta cercano de onda corta, produce un brillo singular en los huesos quemados. Los investigadores pudieron entonces corroborar la evidencia de lo quemado junto con pruebas y análisis probados de la evidencia química de lo que está carbonizado.

Para datar la evidencia Kolska Horwitz y sus colegas recurrieron a muestras más agresivas que incluyeron dos métodos que superan a la datación por radiocarbono: la datación cosmogénica, que mide la longitud de la superficie de una formación geológica que estuvo expuesta a rayos cósmicos; y la datación paleomagnética que analiza la dirección del magnetismo remanente en rocas, comparada con las migraciones tectónicas de los continentes en relación con los polos magnéticos de la Tierra.

“Estos descubrimientos muestran que los primeros humanos no eran simplemente observadores pasivos de los fuegos naturales, sino que interactuaban con el fuego y lo incorporaban a sus vidas”, dijo Kolska Horwitz.

Misterio cavernoso

Juan Manuel Jiménez Arenas, arqueólogo de la Universidad de Granada, España, que no participó del proyecto, elogió al equipo por la riqueza de la evidencia que incluyó análisis cronológicos de las capas históricas de la cueva, método conocido como estratigrafía de secuencia.

“Los investigadores tienen varios factores a su favor”, declaró Jiménez Arenas. “Ante todo, la ubicación de los restos a 30 metros de la entrada actual hace que sea improbable que el material quemado haya entrado accidentalmente. Y en segundo lugar, el hecho de que estos fuegos se repiten en la secuencia estratigráfica”.

Jiménez Arenas advirtió que el alcance de cómo cambiarían estos hallazgos lo que entendemos de la prehistoria humana hace que se trate de afirmaciones extraordinarias que requieren de más evidencia extraordinaria.

“Proponer un cambio de tal magnitud… creo que requiere de evidencia directa más convincente en relación con su funcionalidad (por ejemplo, la cocción de alimentos)”, indicó.

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