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Ciencia

Hay sapos que no sólo sobreviven a las avispas venenosas asesinas sino que además, las devoran sin problema

Ya lo dice el viejo refrán: “El que a hierro mata…” y resulta que nadie está exento
Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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La próxima vez que sientas impaciencia porque hay una larga fila para comprar un sándwich en tu lugar preferido, piensa que hay animales que deben soportar cosas mucho más feas con tal de conseguir su almuerzo. Hoy se dio a conocer un estudio que muestra la estrategia de ciertos sapos para que sus lenguas atrapen y envuelvan a las avispas. 

Shinji Sugiura es un científico que estudió al sapo manchado de los estanques (Pelophylax nigromaculatus) para ver si activamente cazaba distintas especies de avispas, incluyendo a la que se conoce como avispa asesina. Encontró que no solo engullían a estos insectos con voracidad, sino que además lograban sobrevivir sin problema a sus fatales picaduras venenosas. La capacidad natural de los sapos para soportar un veneno que resulta letal para muchos mamíferos e incluso para los humanos, podría enseñarnos un par de cosas, según este investigador.

«Si los sapos de estanque tienen mecanismos fisiológicos que suprimen el dolor o resisten al veneno de las avispas, entenderlo podría algún día ayudarnos a desarrollar nuevas formas de reducir el dolor y la inflamación en los humanos”, le dijo a Gizmodo en un e-mail Sugiura, ecólogo de la Universidad de Kobe en Japón.

Un descubrimiento fortuito

Sugiura inicialmente no planeaba explorar la capacidad de los sapos de estanque para resistir al veneno. Pero durante un estudio anterior sobre cómo se defendían las avispas obreras, él y sus colegas utilizaron sapos como depredadores, y notaron que los sapos lograban acechar y comer las avispas hembras que tenían el aguijón venenoso (son solo las avispas hembras las que tienen aguijones que inyectan veneno pero el estudio del equipo demostró que el macho de la avispa obrera puede usar su pene como aguijón venenoso).

La observación hizo que Sugiura sintiera curiosidad y quiso averiguar más. Las avispas adultas han aparecido dentro de los estómagos de varios sapos, incluyendo al P. nigromaculatus, y eso indica que en estado salvaje, a veces los sapos sí  las comen. Pero la pregunta era si los sapos comían estas avispas intentando evitar su aguijón, o si lo hacían a pesar del aguijón. Para descubrirlo, Sugiura preparó un buffet experimental.

Recogió sapos manchados de los estanques de diversos tamaños y los dejó a solas con obreras hembras de tres especies de avispas: Vespa simillima, V. analis, y V. Mandarinia. La última especie se conoce como la avispa gigante del norte o avispa asesina. Aunque su mote proviene de la forma en que estas avispas cazan abejas, sus dolorosos aguijones llegan en ocasiones a matar a algún humano. Además, es la especie de avispa de mayor tamaño y por un tiempo, hace años, fue un peligro invasivo en Norteamérica.

En general, los sapos tenían interés en comer a las avispas y no parecían tener miedo del aguijón. Además ,lograban casi siempre tratar a sus presas, y la tasa más baja de capturas fue con la V. mandarinia, 79%.

“Al utilizar una cantidad mayor de sapos mostré cuantitativamente que había muchos que lograban capturar y consumir avispas, incluso si sufrían su picadura”, dijo Sugiura. “Los aguijones de las avispas son armas potentes que se cree que logran protegerlas de la mayoría de los depredadores, pero estos resultados revelan que hay animales que pueden tolerar los ataques venenosos y que son depredadores de estos insectos”.

Los hallazgos de Sugiura se publicaron el jueves en Ecosphere.

Lecciones para aprender

Los sapos parecían hacer caso omiso de las venenosas picaduras, sin sufrir daño aparente. Dicho esto, todavía no se sabe exactamente cómo lo soportan y sobreviven.

El aguijón de avispa causa mucho dolor y puede ser letal para los mamíferos como nosotros. Pero es posible que la compleja mezcla de toxinas que producen naturalmente estas avispas no afecte a la biología de un anfibio. O tal vez, los sapos evolucionaron y tienen características que los hacen menos vulnerables al veneno, o hacen que sientan mucho menos dolor ante la picadura, en comparación con el dolor que sufriría un mamífero.

Más allá del motivo, entender esas defensas de los sapos contra el veneno, por cierto, podría llevar a la ciencia a nuevos descubrimientos importantes. Sugiura planea estudiar si los sapos de estanque pueden soportar las picaduras venenosas de otros artrópodos (insectos, arácnidos y otros bichos que asustan). En el futuro también le gustaría probar de manera experimental hasta dónde toleran los sapos el aguijón de la avispa.

Sugiura espera que su trabajo actual logre demostrar que incluso la feroz avispa asesina no está exenta de formar parte de la cadena alimentaria. “Creo que este hallazgo ofrece información sorprendente al público general, porque demuestra que incluso uno de los insectos más peligrosos del mundo no está exento de ser presa de algún depredador”, afirmó.

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