Saltar al contenido
Ciencia

Los terremotos fabrican pepitas de oro: el cuarzo genera electricidad con las ondas sísmicas y eso precipita el metal disuelto en los fluidos hasta formar depósitos

Un equipo de la Universidad Monash en Australia publicó un modelo que explica por qué las pepitas de oro aparecen concentradas en puntos específicos de las vetas de cuarzo. La clave es la piezoelectricidad: cuando un sismo aplica tensión sobre el cuarzo, el mineral genera un campo eléctrico que precipita el oro disuelto en los fluidos hidrotermales. Y cada terremoto siguiente añade más metal al mismo punto, haciendo crecer la pepita
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Las pepitas de oro no aparecen distribuidas uniformemente por las vetas de cuarzo. Aparecen concentradas en puntos específicos, una característica que los modelos geológicos convencionales nunca explicaron del todo bien. Los fluidos hidrotermales transportan oro disuelto desde zonas profundas de la corteza terrestre, y hay teorías sólidas sobre cómo ese oro precipita al llegar a ciertas condiciones de temperatura y presión. Pero eso no explica por qué el metal termina agrupado en unos pocos puntos en lugar de distribuirse más o menos uniformemente. Un equipo de la Universidad Monash propone que los terremotos son la respuesta.

El mecanismo: cuarzo bajo tensión sísmica genera electricidad

Cuarzo
© J Yeo – Unsplash

El cuarzo es un mineral piezoeléctrico: cuando se aplica una fuerza mecánica sobre él, genera un campo eléctrico. Ese efecto es conocido desde hace más de un siglo y se usa en relojes, micrófonos, encendedores y sensores. En el contexto geológico, la pregunta que los investigadores se plantearon es si ese mismo efecto puede ocurrir a escala natural cuando una onda sísmica atraviesa una veta de cuarzo rica en fluidos que transportan oro disuelto.

El modelo publicado en Nature Geoscience propone que sí: cuando un paquete de ondas sísmicas atraviesa una veta de cuarzo, el mineral genera un voltaje piezoeléctrico suficiente para alterar la distribución del oro en los fluidos. El oro tiende a precipitar en los puntos donde encuentra superficies que facilitan la nucleación, y el campo eléctrico generado por el cuarzo proporciona exactamente esas condiciones en puntos específicos. Eso explicaría por qué las acumulaciones no son homogéneas sino concentradas.

El experimento: ondas sísmicas en laboratorio y deposición de oro visible

Para validar el modelo, el equipo de Monash sumergió cristales de cuarzo en un fluido que contenía oro disuelto y reprodujo ondas sísmicas en el laboratorio para inducir tensiones rápidas en los cristales. Tal como reporta Okdiario en su cobertura del estudio, la tensión generó un voltaje piezoeléctrico que desencadenó la deposición de oro en la superficie del cuarzo, formando nanopartículas de metal. Las nanopartículas formadas en ese primer evento son el germen de las pepitas más grandes: el oro adherido actúa como electrodo donde se deposita más metal en eventos posteriores.

Uno de los autores resumió el proceso: «El oro disuelto en solución tenderá a depositarse preferentemente sobre granos de oro preexistentes». Cada terremoto siguiente genera nuevas cargas eléctricas que reorganizan el oro disuelto y añaden más metal al punto de acumulación. Con el tiempo, y con suficientes episodios sísmicos, esas nanopartículas iniciales pueden crecer hasta convertirse en las pepitas de varios gramos o kilos que aparecen en los yacimientos orogénicos.

Por qué esto tiene sentido con lo que ya se sabía de los yacimientos de oro

Yacimiento
© Albert Hyseni – Unsplash

La hipótesis concuerda con una observación geológica que había sido difícil de explicar: los mayores depósitos de oro orogénico, los que se forman en regiones de actividad tectónica intensa, muestran evidencia de episodios repetidos de fracturación y circulación de fluidos hidrotermales. Eso se ve en las texturas de las vetas, que registran múltiples generaciones de cuarzo y minerales. Cada episodio de fracturación corresponde a un período de actividad sísmica, y ahora el modelo de Monash sugiere que cada uno de esos episodios también contribuyó al crecimiento de las pepitas de oro mediante el efecto piezoeléctrico.

Los investigadores son cuidadosos en cuanto a las aplicaciones prácticas: el estudio no ofrece una herramienta directa para localizar yacimientos con pepitas de oro. La detección de señales piezoeléctricas puede identificar vetas de cuarzo, pero no confirma la presencia de metal en su interior. «No es alquimia», aclararon los autores: «se necesita oro disuelto y condiciones para que pase de un estado líquido a adherirse a una superficie». El mecanismo no crea oro nuevo, sino que explica cómo el oro ya existente en los fluidos termina concentrado donde lo encontramos.

Compartir esta historia

Artículos relacionados