Imágenes: Jeff Bezos

En el interior de una montaña de Texas, a varias horas en coche del aeropuerto más cercano, se encuentra el reloj de los 10.000 años. Un proyecto que nació en la mente del ingeniero Danny Hillis en 1986 y que se ha hecho realidad en un terreno desértico de Blue Origin tras una donación millonaria de Jeff Bezos.

El propio Bezos anunció esta mañana que el reloj estaba siendo instalado. “150 metros de altura, completamente mecánico, impulsado por los ciclos térmicos del día y la noche, sincronizado con el mediodía solar, un símbolo del pensamiento a largo plazo”, tuiteó el fundador y CEO de Amazon.

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En un video del proceso, varios operarios ensamblan los engranajes y el gigantesco péndulo del mecanismo del reloj. Se encuentran al fondo de una especie de silo perforado verticalmente en la montaña:

Es el famoso “reloj de Jeff Bezos”, aunque él solo pusiera el terreno y 42 millones de dólares de su bolsillo. El proyecto está liderado por The Long Now Foundation en base a una vieja idea que Danny Hillis —por entonces profesor del MIT— expuso en la revista Wired hace 23 años:

Quiero construir un reloj que haga “tic” una vez al año. La aguja de los siglos avanzará una vez cada cien años, el cucú saldrá una vez cada mil. Quiero que el reloj haga cucú cada milenio durante 10.000 años. Si me doy prisa, podría conseguir acabar el reloj para hacer salir el cucú por primera vez.

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Lo consiguió. El primer prototipo del reloj de los 10.000 años empezó a funcionar el 31 de diciembre de 1999, justo a tiempo para el 2000. A medianoche, el indicador de la fecha pasó de 01999 a 02000 y la campana sonó dos veces anunciando el fin del segundo milenio. Ahora ese prototipo de dos metros está expuesto en el Museo de Ciencias de Londres:

Imágenes: The Long Now

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Pero Hillis quería construir un modelo a gran escala, en un lugar alejado de la civilización donde el reloj pudiera dar la hora sin interrupciones a lo largo de diez milenios. El proyecto llamó la atención de Jeff Bezos, que puso la pasta y donó una montaña hueca en un terreno árido al oeste de Texas, donde también pretende levantar un puerto espacial de Blue Origin. Hay otros prototipos en desarrollo, pero gracias a la inyección de Bezos, el reloj de los 10.000 años de Texas será el primero en entrar en funcionamiento.

Todo el mecanismo ha sido fabricado entre California y Seattle con materiales duraderos (pero no particularmente valiosos) para garantizar su longevidad (y disuadir a los saqueadores). Todas las piezas están siendo instaladas a 150 metros de profundidad en un terreno escarpado, con el fin de alejarlas de las inclemencias del tiempo y del vandalismo de la ciudad.

El reloj funcionará mecánicamente con un enorme peso que cuelga de un engranaje. Se alimentará de la energía térmica que capture de los cambios de temperatura entre el día y la noche. En un lugar como la cima de una montaña, este diferencial de temperatura es significativo y, por lo tanto, aprovechable. Será el primer reloj que use energía térmica a esta escala.

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Sin embargo, necesitará de la ayuda de visitantes humanos si los días se nublan más de lo esperado. No para seguir avanzando, sino para poder sonar con normalidad. Todo está dispuesto para que el reloj toque sus campanas una vez al día durante los próximos 10.000 años. Lo hará con una secuencia de notas aleatoria y diferente para cada día, pero necesitará de la energía extra de los humanos como respaldo. Las personas que lleguen hasta el reloj tendrán que darle cuerda con una manivela para ver la hora. De lo contrario, verán la fecha que dejó grabada el último visitante.

No será un viaje fácil, eso sí. Como decíamos, el aeropuerto más cercano está a varias horas en coche y el reloj se encuentra en un camino escarpado que se eleva 600 metros por encima de un valle. Me pregunto qué pensarán nuestros descendientes cuando se encuentren tremenda maquinaria en mitad del desierto dentro de 10.000 años. Si es que seguimos por aquí.