El planeta no ha olvidado la devastación causada por la pandemia de COVID-19. Sistemas de salud colapsados, millones de muertes, desigualdad en el acceso a vacunas y medicamentos, y una respuesta fragmentada por parte de los gobiernos. Con esto en mente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado un paso clave: la adopción del segundo gran tratado internacional en salud pública en su historia, centrado en fortalecer la preparación ante futuras emergencias sanitarias globales.
Ginebra fue el escenario del acuerdo que busca evitar otra crisis mundial

El Tratado Global sobre Pandemias fue aprobado este martes en la Asamblea Mundial de la Salud que se celebra cada año en Ginebra, Suiza. La decisión fue recibida con una ovación unánime por parte de las delegaciones nacionales, luego de intensas negociaciones que duraron meses y estuvieron marcadas por posturas divergentes.
Uno de los momentos de mayor tensión se vivió con la amenaza de Eslovaquia, que había insinuado su intención de forzar una votación —algo que habría puesto en riesgo el consenso alcanzado—. Finalmente, ese país se abstuvo de intervenir, gracias a la mediación de socios europeos que alertaron sobre las consecuencias diplomáticas de tal decisión.
Compartir datos, virus y beneficios: el núcleo del nuevo tratado

Uno de los ejes centrales del acuerdo es la creación de un mecanismo internacional de intercambio de patógenos y datos genéticos. Esto significa que, si un nuevo virus aparece en cualquier parte del mundo, su secuencia genética y muestras deberán compartirse de forma rápida y segura entre países.
Pero no solo se trata de compartir. El tratado establece que los países que aporten estas muestras —como ocurrió con Sudáfrica al detectar la variante ómicron del COVID-19— deberán recibir acceso justo y prioritario a los beneficios derivados, como vacunas, tratamientos o tecnologías.
Este punto responde a una de las críticas más severas que surgieron durante la pandemia: mientras algunos países desarrollaban vacunas a partir de muestras proporcionadas por naciones del sur global, esos mismos países quedaron últimos en las filas para acceder a ellas.
Medicamentos para todos: un compromiso por la equidad

Otro aspecto fundamental del acuerdo es el compromiso explícito de garantizar el acceso equitativo a medicamentos, vacunas y tecnologías sanitarias durante futuras pandemias. Esta fue una de las grandes fallas del sistema global durante el COVID-19, cuando la distribución desigual de vacunas dejó a regiones enteras esperando durante meses, incluso años.
El nuevo tratado busca evitar que el mercado y los intereses geopolíticos decidan quién vive y quién muere. Para ello, establece lineamientos para la producción descentralizada de insumos críticos, licencias abiertas y financiamiento solidario entre países.
Una sola salud: humanos, animales y medio ambiente bajo el mismo paraguas

El documento también incorpora el principio de “Una sola salud” (One Health), que reconoce la interdependencia entre la salud humana, animal y ambiental. Esto implica una vigilancia coordinada de los riesgos sanitarios que emergen del contacto entre especies, como ocurrió con el SARS-CoV-2, que se cree tuvo origen zoonótico.
Este enfoque pretende anticiparse a futuras amenazas antes de que escalen a nivel pandémico. Para ello, se impulsarán sistemas de vigilancia que integren información de salud pública, veterinaria y medioambiental, junto con respuestas coordinadas a nivel global.
¿Y ahora qué? Los próximos pasos tras la firma del tratado
Si bien el tratado ha sido adoptado por consenso, aún quedan desafíos por delante. Cada país deberá ratificar y aplicar el acuerdo dentro de su marco legal y operativo, algo que requerirá voluntad política sostenida y recursos económicos.
Además, la OMS deberá garantizar que este instrumento no quede en el papel, sino que se traduzca en acciones concretas, cooperación internacional real y preparación constante.
El acuerdo no pretende eliminar futuras pandemias —algo que la comunidad científica considera poco realista—, pero sí reducir drásticamente su impacto, protegiendo tanto a las poblaciones como a las economías del mundo.
[Fuente: El Tiempo]