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Ciencia

Hubble llevaba 27 años guardando unas 100 señales sin explicación. Ahora apuntan a algo insólito: un planeta que pudo nacer después de que su estrella muriera

La química de una enana blanca ha revelado material que no se parece al de ningún planeta conocido del sistema solar. La explicación más sorprendente es también la que mejor encaja: un mundo formado con las propias cenizas expulsadas por la estrella.
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En 1999, el telescopio espacial Hubble observó una enana blanca llamada HS 0209+0832 y dejó detrás un pequeño misterio astronómico. Su espectro contenía alrededor de un centenar de líneas químicas que los investigadores de entonces no consiguieron identificar.

Los datos permanecieron archivados durante más de un cuarto de siglo. Hasta que Jamie Williams, investigador de la Universidad de Warwick, volvió a analizarlos utilizando bases de datos atómicas mucho más completas. Muchas de aquellas líneas misteriosas coincidían con niobio. Y eso convirtió una vieja observación de Hubble en una pista de algo que hasta ahora nunca se había encontrado alrededor de una enana blanca.

Puede haber allí un planeta. Pero no uno cualquiera.

La estrella parece estar comiéndose un planeta hecho con sus propias cenizas

Hubble llevaba 27 años guardando unas 100 señales sin explicación. Ahora apuntan a algo insólito: un planeta que pudo nacer después de que su estrella muriera
© CfA, Mark A. Garlick, Nasa Ames Research Center.

Las enanas blancas son los núcleos que quedan después de que estrellas parecidas al Sol agoten su combustible, se hinchen como gigantes rojas y expulsen sus capas exteriores.

Normalmente, los metales encontrados en sus atmósferas proceden de asteroides, planetesimales u otros restos planetarios que caen sobre ellas. Su composición suele estar dominada por elementos familiares en los planetas rocosos, como hierro y silicio.

HS 0209+0832 es completamente distinta. Los investigadores encontraron cantidades extraordinariamente altas de zinc, cobre y, especialmente, niobio, mientras que el hierro está ausente y apenas aparece silicio. El niobio resulta particularmente revelador: su abundancia supera en más de tres órdenes de magnitud la proporción solar.

Esa química encaja con el denominado proceso-s, mediante el cual estrellas envejecidas producen elementos pesados mediante capturas lentas de neutrones durante sus últimas etapas.

La explicación propuesta en Nature Astronomy es fascinante: parte de las capas expulsadas por aquella estrella moribunda pudo quedar atrapada formando un nuevo disco y, dentro de él, condensarse un segundo planeta. No habría sobrevivido a la muerte de su estrella. Habría nacido gracias a ella.

TESS encontró además algo dando una vuelta cada 4,4 días

Hubble llevaba 27 años guardando unas 100 señales sin explicación. Ahora apuntan a algo insólito: un planeta que pudo nacer después de que su estrella muriera
© NASA/JPL-Caltech.

La química no es la única pista. Al revisar datos del satélite TESS, el equipo encontró una variación periódica del brillo cada 4,399 días. Esa señal es compatible con un gigante gaseoso bloqueado por marea orbitando a unas 0,04 unidades astronómicas, aproximadamente seis millones de kilómetros de la enana blanca.

La estrella sigue extremadamente caliente, con unos 35.800 grados Kelvin, y lleva apenas unos cinco millones de años enfriándose como enana blanca. Su radiación estaría arrancando actualmente parte de la atmósfera del planeta. Ese gas escaparía hacia la estrella y explicaría precisamente por qué Hubble puede detectar sus peculiares elementos en la superficie de la enana blanca.

Es una especie de circuito cósmico extraño: la estrella expulsó material al morir, ese material pudo fabricar un planeta y ahora parte de ese planeta está regresando lentamente hacia la estrella.

Todavía falta demostrar que el planeta realmente está ahí

Hubble llevaba 27 años guardando unas 100 señales sin explicación. Ahora apuntan a algo insólito: un planeta que pudo nacer después de que su estrella muriera
© NASA, ESA, Leah Hustak (STScI).

Hay una precaución importante. El planeta no está confirmado. Los astrónomos no lo han fotografiado directamente y la señal de TESS admite otras interpretaciones. Por eso el propio artículo habla de un “candidato a planeta de segunda generación”. Los investigadores quieren realizar nuevas observaciones con Hubble y otros telescopios para comprobar el escenario.

También queda otra incógnita: formar un planeta con material expulsado por una estrella no es sencillo. Una estrella aislada dispersaría sus capas en todas direcciones. El equipo sospecha que pudo existir otro objeto (quizá una estrella pequeña) cuya gravedad ayudó a retener parte de ese material y convertirlo en un disco alrededor de la recién nacida enana blanca.

Si futuras observaciones confirman el candidato, cambiaría bastante la imagen que tenemos del final de los sistemas planetarios. Porque una estrella muerta ya no sería necesariamente el último capítulo. Podría ser también la materia prima del siguiente.

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