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Ciencia

Creíamos que el Sistema Solar sobreviviría durante billones de años después de la muerte del Sol. Los científicos acaban de descubrir un escenario mucho más aterrador

Una nueva investigación sugiere que el Sistema Solar podría desestabilizarse mucho antes de lo previsto. La clave está en cómo morirá el Sol y en un efecto gravitatorio que los modelos anteriores no habían considerado.
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Durante miles de millones de años, el Sistema Solar ha mantenido un equilibrio extraordinario. Los planetas giran alrededor del Sol siguiendo órbitas relativamente estables, sostenidas por una compleja interacción de fuerzas gravitatorias. Y aunque sabemos que nuestra estrella terminará muriendo, durante mucho tiempo creímos que los mundos más alejados podrían continuar existiendo muchísimo después de su desaparición.

Pero hay un problema: quizá hemos sobreestimado enormemente cuánto tiempo puede sobrevivir esa arquitectura planetaria.

Una investigación publicada en The Astrophysical Journal Letters plantea que el Sistema Solar exterior podría desestabilizarse unos mil millones de veces antes de lo calculado en determinadas estimaciones anteriores.

El estudio, desarrollado por Konstantin Batygin, Jim Fuller y Fred C. Adams, introduce un elemento que cambia considerablemente las predicciones: la posibilidad de que el Sol no pierda su masa de manera uniforme durante las últimas etapas de su existencia. Y las consecuencias podrían ser mucho más violentas de lo que imaginábamos.

El Sol no va a morir tranquilamente. Y eso podría condenar a los planetas

Creíamos que el Sistema Solar sobreviviría durante billones de años después de la muerte del Sol. Los científicos acaban de descubrir un escenario mucho más aterrador
© Magnific.

Actualmente, nuestra estrella tiene aproximadamente 4.600 millones de años y todavía dispone de combustible suficiente para permanecer en su etapa actual durante unos 5.000 millones de años más.

Después comenzará una transformación radical. El Sol se expandirá hasta convertirse en una gigante roja, expulsará buena parte de sus capas exteriores y terminará dejando una enana blanca: un remanente estelar pequeño, extremadamente denso y sin las reacciones de fusión que actualmente lo mantienen brillante.

Durante ese proceso perderá aproximadamente la mitad de su masa. Los modelos tradicionales suponían que esa pérdida se produciría de forma relativamente suave. Como consecuencia, los planetas supervivientes se alejarían progresivamente del centro del sistema, pero continuarían describiendo órbitas relativamente ordenadas.

De hecho, una investigación publicada en 2020 estimaba que el Sistema Solar exterior podría tardar unos 100.000 millones de años en desintegrarse por completo, fundamentalmente debido a las perturbaciones gravitatorias de estrellas cercanas. El nuevo trabajo plantea que el verdadero peligro podría comenzar mucho antes, durante la propia muerte del Sol.

Un efecto aparentemente pequeño podría desencadenar el caos gravitatorio

La clave está en que nuestra estrella podría expulsar material mediante episodios desiguales, en distintas direcciones. Cada expulsión asimétrica produciría un pequeño impulso sobre el Sol, modificando ligeramente su movimiento. Por separado, esos cambios serían diminutos. Pero acumulados durante la pérdida de masa estelar podrían alterar considerablemente la organización de las órbitas planetarias.

Los investigadores llaman a este fenómeno pérdida estocástica de masa. Para estudiarlo, desarrollaron simulaciones numéricas que incorporan esas perturbaciones y analizaron cómo responderían especialmente Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Los resultados fueron sorprendentes. Según explica la Sociedad Astronómica Estadounidense, alrededor del 40% de las simulaciones mostraron episodios de dispersión violenta o inestabilidad antes de que el Sol terminara de convertirse en una enana blanca. Y aproximadamente el 90% registró una desestabilización grave durante los siguientes 3.000 millones de años.

En los escenarios más extremos, los encuentros gravitatorios entre planetas podrían modificar radicalmente sus órbitas y provocar expulsiones hacia el espacio interestelar. Eso sí, los resultados dependen de cómo se produzcan realmente las expulsiones de materia solar, un proceso cuyos detalles todavía presentan incertidumbres.

El Sistema Solar podría desaparecer, pero la Tierra tiene un problema mucho más cercano

Creíamos que el Sistema Solar sobreviviría durante billones de años después de la muerte del Sol. Los científicos acaban de descubrir un escenario mucho más aterrador
© Thibaut Roger / NCCR PlanetS.

Conviene aclarar algo importante: el estudio no predice que nuestro planeta vaya a salir despedido de su órbita dentro de mil millones de años. Las simulaciones se centran principalmente en el destino de los gigantes gaseosos después de la evolución solar. Tampoco establecen una fecha exacta para la destrucción completa del Sistema Solar. Para la Tierra, el problema es diferente.

Mucho antes de la formación de la enana blanca, el incremento de la luminosidad solar comprometerá las condiciones necesarias para mantener océanos líquidos y una biosfera semejante a la actual. Y durante la fase de gigante roja, nuestro planeta podría incluso ser engullido por la expansión estelar.

La investigación tampoco significa que el Sol vaya a morir antes de lo previsto. Lo que cambia es la estabilidad futura de los planetas que consigan sobrevivir a su transformación. Durante décadas, los astrónomos consideraron que las enormes escalas temporales podían ofrecer cierta tranquilidad sobre el destino de los mundos exteriores.

Ahora sabemos que podría existir un desenlace diferente: la propia agonía del Sol sería capaz de desencadenar el caos gravitatorio que finalmente acabaría con el orden planetario. Y lo más inquietante es que ese proceso podría comenzar mientras nuestra estrella todavía está muriendo, sin necesidad de esperar a que otras estrellas alteren el equilibrio del sistema.

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