En una región del planeta donde predominan las selvas tropicales, las lluvias abundantes y las temperaturas cálidas, existe una montaña que durante siglos pareció desafiar las reglas de la geografía. A escasos 450 kilómetros del ecuador, en la isla de Nueva Guinea, sus cumbres permanecían cubiertas de hielo durante todo el año.
Los habitantes de Papúa la conocían como la tierra de la nieve eterna. Y no era simplemente una manera poética de describir el paisaje. Pero esa eternidad está llegando a su fin. Los últimos glaciares de Puncak Jaya, en Indonesia, han perdido más del 99% de su superficie desde mediados del siglo XIX, y las pequeñas masas de hielo que sobreviven podrían desaparecer antes de que termine esta década.
El fenómeno no representa únicamente otra consecuencia visible del calentamiento global. También amenaza con destruir un archivo natural de la historia climática de la Tierra y transformar para siempre uno de los lugares más sagrados de los pueblos indígenas de Papúa.
De montañas completamente blancas a pequeñas manchas de hielo

La cordillera Sudirman, donde se encuentra Puncak Jaya, alcanza casi 4.900 metros de altitud. Esa elevación permitió que existieran glaciares permanentes en una región donde normalmente resulta difícil imaginar nieve. Sin embargo, las condiciones que hicieron posible su formación están desapareciendo.
Una investigación publicada en The Cryosphere en 2025 reconstruyó el retroceso glaciar utilizando imágenes de satélite, mapas históricos y registros geográficos.
Los investigadores determinaron que la superficie helada disminuyó más del 99% desde 1850 y aproximadamente un 65% solamente entre 2018 y 2024. Ese último año quedaban unos 0,165 kilómetros cuadrados, equivalentes a 16,5 hectáreas.
Otro estudio publicado en Cold Regions Science and Technology en abril de 2026 documentó una pérdida del 97% desde 1980 y confirmó que cuatro de los seis glaciares analizados ya habían desaparecido.
Las previsiones tampoco son alentadoras. Algunas estimaciones sitúan el final del hielo entre 2027 y 2028, mientras que otros modelos apuntan a fechas cercanas a 2030. No existe un día exacto establecido para su desaparición. El motivo principal es el calentamiento atmosférico provocado por las actividades humanas, aunque fenómenos como El Niño pueden acelerar episodios de pérdida de hielo.
El verdadero tesoro está atrapado dentro del hielo y también está desapareciendo

Los glaciares funcionan como archivos naturales. A medida que la nieve se acumula y se compacta durante décadas, conserva señales químicas que permiten reconstruir condiciones atmosféricas del pasado. En Puncak Jaya, ese registro tiene un valor excepcional.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences analizó dos testigos de hielo extraídos en 2010, de aproximadamente 32 metros de profundidad.
Los investigadores utilizaron las proporciones de isótopos de oxígeno para estudiar varias décadas de variabilidad climática en el Pacífico tropical occidental, una región fundamental para comprender fenómenos como El Niño. Pero cuando el hielo se derrite, el agua puede infiltrarse y alterar esas señales. Y cuando el glaciar desaparece completamente, se pierde la posibilidad de recuperar nuevos registros del lugar.
En 2026, la ecóloga Marie Šabacká viajó a Puncak Jaya para estudiar los últimos restos de este ecosistema excepcional. Su expedición se sumó a los esfuerzos por documentar comunidades biológicas y condiciones ambientales que podrían dejar de existir en cuestión de años. Mientras tanto, el proyecto Project Pressure, dirigido por Klaus Thymann, utilizó drones y fotogrametría para reconstruir digitalmente las últimas superficies heladas con precisión centimétrica. El objetivo es preservar al menos un registro tridimensional de aquello que está desapareciendo físicamente.
Para los pueblos indígenas, no está desapareciendo solamente un glaciar
La pérdida adquiere otra dimensión entre las comunidades que habitan Papúa. Para el pueblo amungme, la montaña es conocida como Nemangkawi, o Flecha Blanca. Representa valores espirituales relacionados con la pureza, la honestidad y la relación entre las personas y su territorio ancestral. Para los moni, que la llaman Mbainggela, también constituye un lugar vinculado a sus antepasados.
Según los testimonios recogidos por BBC Indonesia, la desaparición del hielo amenaza con transformar una parte fundamental de la identidad cultural de estas comunidades. A ello se suma la actividad minera desarrollada alrededor de la región de Grasberg, que ha provocado profundas transformaciones económicas, sociales y ambientales, aunque no debe confundirse su impacto local con las causas climáticas del retroceso glaciar.
El resultado es una pérdida con varias dimensiones. Los científicos observan cómo desaparece información que podría ayudar a comprender el clima del pasado. Los ecólogos pierden un hábitat extraordinariamente singular. Y las comunidades indígenas contemplan la transformación irreversible de un paisaje que forma parte de su historia.
La nieve eterna de Papúa está dejando de ser eterna. Y cuando desaparezca, no se habrá perdido únicamente hielo: también una parte de la memoria natural y cultural del planeta.