Durante casi tres décadas, la Estación Espacial Internacional ha simbolizado la cooperación científica entre las principales potencias del mundo. Ahora, mientras se acerca el final de su vida útil, una decisión destinada a garantizar una retirada segura ha provocado una creciente controversia. La forma en que desaparecerá de la órbita terrestre enfrenta a agencias espaciales, organizaciones ambientales y especialistas que cuestionan si el plan contempla todos los riesgos posibles.
El final de una de las mayores obras de la exploración espacial
La NASA y sus socios internacionales ya definieron cómo concluirá la misión de la Estación Espacial Internacional (ISS), considerada uno de los proyectos científicos más importantes de la historia. Si todo avanza según lo previsto, entre finales de 2030 y comienzos de 2031 la gigantesca estructura abandonará definitivamente la órbita terrestre mediante una maniobra cuidadosamente controlada.
La estación, cuya extensión equivale aproximadamente a la de un campo de fútbol, será dirigida hacia una zona remota del océano Pacífico conocida como Punto Nemo, un lugar utilizado desde hace años para el descenso de satélites y otros vehículos espaciales debido a su enorme distancia respecto de cualquier población.
El procedimiento se desarrollará en varias etapas. A partir de 2028, la ISS comenzará a perder altura de manera gradual como consecuencia de la fricción con la atmósfera y de diversas maniobras realizadas por el segmento ruso de la estación.
Más adelante, durante 2029, entrará en acción un Vehículo de Desorbitación Estadounidense (USDV), desarrollado por SpaceX para la NASA. Equipado con 46 propulsores Draco, este sistema será el encargado de ejecutar los impulsos finales que conducirán la estación hacia un reingreso controlado hasta su impacto en el océano.

El impacto ambiental que preocupa a organizaciones internacionales
Aunque la estrategia busca minimizar cualquier peligro para la población, distintas organizaciones consideran que el problema podría trasladarse al medio ambiente marino.
Entre las voces más críticas se encuentra la Ocean Foundation, que sostiene que todavía existen demasiadas incógnitas sobre los efectos que podría provocar la caída de una estructura de semejantes dimensiones.
Su presidente, Mark Spalding, advirtió que aún no se conoce con precisión qué componentes sobrevivirán al intenso calor generado durante el reingreso atmosférico. Si bien gran parte de la estación se desintegrará antes de llegar a la superficie, las piezas fabricadas con materiales más resistentes podrían terminar depositadas en el fondo del océano.
Para los especialistas, la principal preocupación radica en que nunca antes se ha gestionado la desorbitación controlada de una infraestructura espacial de este tamaño. Esa falta de antecedentes dificulta estimar con exactitud el alcance de los posibles efectos sobre los ecosistemas marinos.
La Ocean Foundation reclama que se realicen estudios ambientales exhaustivos antes de ejecutar la operación y que se informe públicamente qué materiales podrían llegar al océano una vez finalizado el descenso.
Un vacío legal que preocupa a expertos internacionales
Además del aspecto ambiental, el caso ha puesto sobre la mesa una cuestión jurídica que hasta ahora había recibido escasa atención.
La Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO) advirtió que la legislación internacional presenta importantes vacíos cuando los restos espaciales caen en aguas internacionales.
El Convenio sobre Responsabilidad Espacial de 1972 contempla compensaciones por daños ocasionados en territorio de un Estado, pero no establece obligaciones claras cuando los posibles impactos ocurren en alta mar.
Según Spalding, esta situación provoca que las agencias espaciales puedan dirigir deliberadamente los restos hacia zonas alejadas de cualquier jurisdicción nacional sin asumir responsabilidades específicas sobre eventuales tareas de limpieza o restauración ambiental.
Por ese motivo, diversas organizaciones consideran que el caso de la ISS podría convertirse en el detonante para revisar el marco legal internacional relacionado con la basura espacial y la protección de los océanos.
También solicitan que se evalúe si esta operación debe cumplir con las disposiciones previstas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el Protocolo de Londres de 1996 y el reciente Acuerdo BBNJ, que establece la necesidad de realizar estudios de impacto ambiental cuando existen incertidumbres sobre los efectos en ecosistemas marinos situados fuera de las jurisdicciones nacionales.
El legado de la estación y los desafíos que vienen
Mientras continúa el debate, la NASA recuerda que la Estación Espacial Internacional ha sido uno de los proyectos científicos más exitosos de la historia moderna.
Durante casi treinta años, más de 265 astronautas procedentes de una veintena de países vivieron y trabajaron en sus módulos, llevando a cabo miles de investigaciones sobre medicina, biología, física, materiales, tecnología y exploración espacial.
Los experimentos realizados en condiciones de microgravedad permitieron desarrollar avances con aplicaciones directas en la Tierra, además de mejorar el conocimiento sobre cómo el cuerpo humano puede adaptarse a largas misiones espaciales, un aspecto fundamental para futuras expediciones hacia la Luna o Marte.
La agencia espacial sostiene que retirar la ISS permitirá dar paso a una nueva generación de estaciones orbitales comerciales, aunque diversos informes advierten que esa transición todavía presenta incertidumbres y que podría producirse un período sin presencia humana permanente en la órbita terrestre baja.
Sea cual sea el desenlace, la desorbitación de la ISS marcará un antes y un después en la historia de la exploración espacial. Su despedida no solo pondrá fin a uno de los mayores símbolos de cooperación internacional, sino que también servirá para definir cómo la humanidad gestionará en el futuro el creciente problema de los residuos espaciales y la protección de los océanos, dos desafíos que, por primera vez, aparecen estrechamente conectados.
[Fuente: Infobae]