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Ciencia

Investigadores analizaron 439.000 pacientes con diabetes y encontraron un efecto secundario de Ozempic que nadie esperaba: altera cómo huelen y saben los alimentos

Un nuevo trabajo identificó un riesgo añadido, pequeño y potencial, de perturbaciones en el olfato y el gusto que se vincula con las drogas GLP-1
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Hoy se publicó un trabajo de investigación que podría dejarte un sabor amargo y cierto olor desagradable si es que estás en tratamiento con alguna droga GLP-1 como la semaglutida (ingrediente activo de Ozempic y Wegovy).

Los investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Israel, analizaron las historias clínicas de personas con diabetes tipo 2 y encontraron que quienes están en tratamiento con drogas GLP-1 tenían mayores probabilidades de que se les diagnosticaran problemas de olfato y gusto, en comparación con quienes toman otras drogas para la diabetes. Aunque el riesgo absoluto aparenta ser menor, hace falta seguir estudiando para confirmar si las GLP-1 pueden afectar negativamente el sentido del olfato y el gusto de algunas personas, según indican los investigadores.

“El estudio indica que los agonistas del receptor GLP-1 pueden estar vinculados con un mayor riesgo de perturbaciones en el olfato y el gusto”, le dijo a Gizmodo el coautor del trabajo, Nir Zontag.

¿Huele y sabe mal?

Las drogas GLP-1 han mejorado mucho la forma de tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad. Sin embargo, no hay droga que no tenga riesgos. Y como las GLP-1 se han convertido en las más populares en los últimos años, los investigadores identificaron efectos colaterales que no se conocían, aunque son menores.

Hay informes que vincularon recientemente los problemas del olfato y el gusto con el uso de drogas GLP-1, y eso hizo que estos investigadores sintieran curiosidad y se dedicaran a analizarlo. Estudiaron los registros médicos de una gran base de datos de pacientes tratados en más de 170 centros de salud de todo el mundo. Compararon los resultados de unos 439.000 pacientes con diabetes tipo 2 tratados con GLP-1, con los resultados de un grupo similar de pacientes de edades y características similares pero cuyo tratamiento era con otra medicación.

En los dos grupos era muy pequeña la prevalencia de perturbaciones recientes en el olfato y el gusto, pero los que tomaban GLP-1 tenían un 48% más de probabilidades de informar ese tipo de problemas. En general, el 0,37% de los usuarios de GLP-1 en esa comparación se diagnosticaron con problemas de olfato o gusto, en tanto que los que tomaban otra medicación constituían el 0,22%. Las afecciones iban desde la anosmia (pérdida parcial o total del olfato), la parosmia (olfato distorsionado) y la parageusia (distorsión del sentido del gusto).

Estos hallazgos destacan “la necesidad de monitorear de cerca y poner los datos en conocimiento del público”, escribieron los autores del trabajo publicado el jueves en JAMA Otolaryngology-Head & Neck Surgery.

Lo que significa

Es un estudio observacional y en retrospectiva, por lo que no puede demostrar un vínculo directo de causa y efecto entre las GLP-1 y los problemas sensoriales. Los investigadores señalan que algunos estudios vincularon el uso de las GLP-1 con mejoramiento de los sentidos del olfato y el gusto, aunque son estudios mayormente con personas en tratamiento para la obesidad y no para la diabetes tipo 2. Por eso es posible que el riesgo de sufrir una reducción en los sentidos del olfato y el gusto debido al uso de esta medicación tenga sus complejidades y se vincule con varios factores.

“Hay que seguir estudiando para poder aclarar los mecanismos, evaluar los efectos específicos de las drogas, caracterizar mejor la severidad y duración de los síntomas, y evaluar el impacto en la conducta dietaria y los resultados a largo plazo”, afirmó Zontag Nuestras papilas gustativas y nuestro bulbo olfativo (región del cerebro que regula la percepción del olor) contienen receptores GLP-1, por ejemplo, de modo que es posible que estas drogas afecten a las células que están allí.

Lo importante es que los investigadores no están diciendo que sus resultados ameritan que se abandone el tratamiento con GLP-1, sino que los médicos y pacientes deben estar al tanto y atender a la aparición de estos síntomas.

“Aunque el riesgo absoluto es bajo, los médicos y pacientes tienen que conocer que existen estos potenciales riesgos ya que podrían influir en las preferencias alimentarias, la nutrición y la calidad de vida”, dijo Zontag. Cuanto antes se identifiquen estos problemas, mejores son las probabilidades de que funcionen ciertos tratamientos como el entrenamiento olfativo para recuperar el sentido del olfato y el gusto.

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