Jonathan nació aproximadamente en 1832, mucho antes de que existieran los automóviles modernos, los teléfonos inteligentes o incluso las primeras bombillas comerciales. Hoy, con una edad estimada de 194 años, esta tortuga gigante que vive en la isla de Santa Elena continúa sorprendiendo a los científicos.
Su extraordinaria longevidad ha despertado una pregunta fundamental: ¿qué mecanismos biológicos permiten que un animal sobreviva durante casi dos siglos?
Una investigación internacional publicada en octubre de 2026 en la revista Science Advances analizó su genoma y sus patrones epigenéticos para intentar encontrar una respuesta. Los resultados apuntan a una combinación de protección genética y estabilidad en procesos celulares esenciales.
El ADN de Jonathan esconde cientos de variantes relacionadas con la longevidad
Para estudiar a Jonathan, los investigadores utilizaron muestras obtenidas mediante un procedimiento poco invasivo en el interior de su boca.
Posteriormente, compararon su información genética con la de otras tortugas gigantes de Aldabra, incluyendo ejemplares considerablemente más jóvenes.
El análisis permitió identificar 287 variantes genéticas particulares de Jonathan, algunas relacionadas con mecanismos de reparación del ADN, protección celular y mantenimiento de los telómeros. Estas estructuras, situadas en los extremos de los cromosomas, desempeñan un papel importante en la estabilidad genética y el envejecimiento celular.
Los investigadores también identificaron características vinculadas con la regulación del metabolismo y los mecanismos de defensa frente al desarrollo de tumores. Sin embargo, estas asociaciones no demuestran por sí solas que dichas variantes sean responsables de su longevidad.

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Sus mitocondrias podrían ser la clave para vivir casi 200 años
Uno de los descubrimientos más interesantes apareció cuando los científicos analizaron el metiloma de Jonathan.
Este conjunto de modificaciones químicas del ADN participa en la regulación de la actividad de los genes sin alterar directamente su secuencia. Como era esperable, gran parte de su material epigenético presenta señales de envejecimiento. No obstante, algunas regiones relacionadas con el funcionamiento de las mitocondrias mantienen patrones sorprendentemente ordenados.
Las mitocondrias son estructuras celulares encargadas de producir gran parte de la energía necesaria para mantener las funciones del organismo.
En Jonathan, determinadas regiones reguladoras de genes asociados con la producción de energía y el metabolismo del ARN mostraron niveles bajos de desorganización epigenética, similares a los observados en animales más jóvenes.
Los científicos plantean que esta estabilidad podría contribuir a conservar funciones celulares esenciales durante períodos extraordinariamente prolongados.
Qué tienen en común Jonathan y los humanos más longevos
Los resultados también encuentran paralelismos con investigaciones realizadas en personas que alcanzaron edades excepcionales. Un ejemplo es María Branyas, quien falleció en España en 2024 a los 117 años.
Un equipo del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras estudió sus características biológicas y encontró señales de un envejecimiento epigenético relativamente lento, junto con niveles favorables de determinados indicadores inflamatorios.
Aunque las investigaciones son diferentes, ambas refuerzan el interés científico por comprender cómo algunos organismos mantienen mecanismos de protección celular durante más tiempo.
El estudio de Jonathan también se suma a investigaciones anteriores sobre el Solitario George, otra tortuga gigante cuyo genoma reveló características relacionadas con la reparación del ADN.
Por ahora, los científicos advierten que estudiar un ejemplar excepcional no permite establecer una explicación definitiva ni trasladar directamente estos mecanismos a los seres humanos.
Sin embargo, comprender cómo Jonathan ha conseguido sobrevivir durante casi dos siglos podría ayudar a identificar nuevas estrategias para investigar el envejecimiento saludable y las enfermedades asociadas con la edad.