Los pulpos se encuentran entre los animales más inteligentes y fascinantes del océano. Son capaces de resolver problemas, abrir recipientes, utilizar herramientas e incluso escapar de acuarios mediante comportamientos que sorprenden a los investigadores.
Sin embargo, una de sus características más extraordinarias está dentro de su cuerpo. Estos moluscos marinos poseen tres corazones y un sistema nervioso tan particular que suele describirse como si estuviera formado por nueve cerebros.
Pero ¿realmente tienen nueve cerebros independientes? La respuesta es más interesante de lo que parece.
Por qué los pulpos necesitan tres corazones para sobrevivir
A diferencia de los seres humanos, que poseen un único corazón, los pulpos cuentan con tres órganos cardíacos que cumplen funciones diferentes.
Dos de ellos reciben el nombre de corazones branquiales y se encargan de impulsar la sangre hacia las branquias, donde se produce el intercambio de oxígeno con el agua. El tercero, conocido como corazón sistémico, distribuye la sangre oxigenada hacia el resto del organismo.
Esta organización permite mantener una circulación adecuada en un animal cuyo sistema circulatorio necesita transportar oxígeno de manera eficiente.
Además, los pulpos tienen sangre azul porque utilizan hemocianina, una proteína que contiene cobre, para transportar oxígeno, en lugar de la hemoglobina rica en hierro que caracteriza a los vertebrados.
¿Es verdad que los pulpos tienen nueve cerebros?
La afirmación es popular, pero necesita una aclaración científica.
Los pulpos poseen un cerebro central ubicado en la cabeza y una compleja red de estructuras nerviosas distribuidas por sus ocho brazos.
Cada brazo contiene circuitos neuronales capaces de procesar información sensorial y coordinar movimientos sin depender de instrucciones constantes del cerebro principal. Por eso, popularmente se dice que tienen nueve cerebros: uno central y ocho adicionales.
Sin embargo, los científicos no consideran que cada brazo posea un cerebro completo e independiente, sino sistemas nerviosos periféricos altamente desarrollados.
Esta organización les permite explorar diferentes superficies, manipular objetos y responder rápidamente a estímulos.
Sus ocho brazos pueden explorar el entorno con relativa autonomía
Una de las características más sorprendentes de los pulpos es la cantidad de neuronas distribuidas por su cuerpo.
En el pulpo común, se estima que existen alrededor de 500 millones de neuronas, y una gran proporción se encuentra fuera del cerebro central. Esto significa que sus brazos pueden coordinar movimientos complejos mediante circuitos nerviosos locales. Además, sus ventosas cuentan con receptores que les permiten detectar sustancias químicas mientras entran en contacto con diferentes superficies.
En otras palabras, los pulpos pueden explorar químicamente aquello que tocan, una capacidad fundamental para encontrar alimento y reconocer su entorno.
Una inteligencia capaz de resolver problemas y utilizar herramientas
Los pulpos también destacan por sus comportamientos extraordinarios.
En 2016, un pulpo llamado Inky escapó del Acuario Nacional de Nueva Zelanda después de salir de su tanque y atravesar una tubería que conducía al océano. Los investigadores también han observado pulpos que transportan mitades de cáscaras de coco para utilizarlas posteriormente como refugios.
Estos comportamientos representan ejemplos de flexibilidad conductual y, en ciertos casos, uso de herramientas.
Su capacidad para aprender, recordar y adaptarse demuestra que la inteligencia compleja no es exclusiva de los vertebrados.
Aunque los pulpos no poseen literalmente nueve cerebros completos, su singular sistema nervioso revela una forma de inteligencia distribuida que continúa desafiando nuestra comprensión del reino animal.