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Ciencia

Durante más de un siglo, miles de piedras talladas aparecieron por el suroeste de la Península sin explicar para qué servían. Una carretera de Huelva ha terminado por encajar las piezas

Tres estelas prehistóricas, 18 estructuras funerarias y un antiguo camino han aparecido juntos en Las Capellanías. El hallazgo aporta por primera vez contexto sólido para entender unas piedras que llevaban décadas desconcertando a los arqueólogos.
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Durante miles de años, el suroeste de la Península Ibérica se llenó de grandes piedras grabadas con figuras humanas, armas, escudos o llamativos tocados sobre la cabeza. Algunas representan a los llamados “guerreros”; otras, a personajes “diademados”. Se conocen numerosos ejemplos entre España y Portugal y llevan más de un siglo generando una pregunta bastante incómoda: ¿para qué servían realmente?

El problema es que muchas aparecieron fuera de contexto. Una piedra removida por un arado, reutilizada en un muro o localizada junto a un camino puede conservar perfectamente sus dibujos, pero haber perdido casi toda la información sobre dónde estuvo colocada originalmente.

En Las Capellanías, en Cañaveral de León (Huelva), ha ocurrido justo lo contrario. Una estela encontrada por casualidad en 2018 condujo a varias campañas arqueológicas y, debajo y alrededor de una antigua vía de comunicación, aparecieron otras dos estelas y 18 estructuras funerarias. Por primera vez, los arqueólogos tenían piedras, tumbas y camino en el mismo lugar. Y eso permite plantear algo que hasta ahora había sido principalmente una hipótesis: aquellas estelas servían al mismo tiempo para marcar a los muertos y señalar el territorio por el que circulaban los vivos.

Una estela apareció bajo el camino. Otra estaba junto a él. La tercera cubría una tumba

Durante más de un siglo, miles de piedras talladas aparecieron por el suroeste de la Península sin explicar para qué servían. Una carretera de Huelva ha terminado por encajar las piezas
© Timoteo Rivera Jiménez.

La disposición de los hallazgos es difícil de atribuir al azar. La primera estela apareció bajo el trazado de la carretera; la segunda, en uno de sus bordes e integrada en una estructura funeraria; y la tercera se encontró apenas seis metros al sur, cubriendo parcialmente otra tumba con restos humanos cremados. Eso cambia bastante la historia.

Hasta ahora se había discutido si las estelas de guerrero y las diademadas eran monumentos funerarios, hitos territoriales o elementos vinculados a rutas. Las Capellanías demuestra que podían ser las tres cosas a la vez.

El camino tampoco parece una vía cualquiera. Su trazado coincide casi exactamente con una ruta entre Sevilla y Badajoz descrita en el siglo XII por el geógrafo Al-Idrisi, aunque las evidencias arqueológicas sugieren que el corredor pudo tener importancia muchísimo antes. Los investigadores creen que ya funcionaba como vía de conexión durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro.

La distribución geográfica de otras estelas refuerza esa idea: muchos paralelos se concentran precisamente en los valles del Guadalquivir y el Guadiana, las dos grandes regiones conectadas por esa ruta.

Debajo había una necrópolis utilizada durante generaciones

Durante más de un siglo, miles de piedras talladas aparecieron por el suroeste de la Península sin explicar para qué servían. Una carretera de Huelva ha terminado por encajar las piezas
© Durham University.

Las tumbas añaden otra capa. Las dataciones sitúan buena parte de las cremaciones entre los siglos VIII y VI a.C., aunque algunas estructuras pueden remontarse a tradiciones mucho más antiguas de la Edad del Bronce. Eso significa que el lugar fue construido, reutilizado y reinterpretado durante un periodo muy prolongado.

Una de las estructuras funerarias contenía dos grandes recipientes hechos a mano con restos humanos cremados. En otras aparecieron cerámicas, objetos metálicos y elementos asociados a contactos con las culturas fenicias que estaban transformando el sur peninsular durante aquellos siglos.

La mezcla es especialmente reveladora. Algunas vasijas mantienen tradiciones locales del Bronce Final mientras otras fueron fabricadas a torno siguiendo modelos introducidos a través de los contactos mediterráneos. Los arqueólogos describen Las Capellanías como un espacio donde costumbres locales y nuevas influencias se mezclaron sin sustituirse completamente unas a otras.

Los restos analizados corresponden al menos a varias personas cremadas, y algunos presentan señales isotópicas compatibles con una alimentación importante de recursos marinos pese a encontrarse el yacimiento a unos 100 kilómetros de la costa. Otra pista de que esta comunidad estaba conectada con redes bastante más amplias que su entorno inmediato.

Las piedras quizá estaban hablando de caminos todo este tiempo

El hallazgo no significa que todas las estelas encontradas en la Península tuvieran exactamente la misma función. Hay miles de monumentos pétreos documentados a lo largo de seis milenios y con contextos muy diferentes. Pero Las Capellanías proporciona algo que faltaba: un ejemplo arqueológico intacto donde estelas, enterramientos y una vía de comunicación aparecen físicamente relacionados. Y eso permite mirar de otra manera muchos descubrimientos antiguos.

Una piedra encontrada junto a un camino quizá no terminó allí por casualidad. Puede que estuviese colocada precisamente donde sus creadores querían que la viera todo aquel que pasara.

Hace casi 3.000 años, aquella carretera no solo llevaba de un lugar a otro. También atravesaba un paisaje de muertos, recuerdos y monumentos diseñado para ser visto desde el camino. La principal que usaría es la imagen del equipo levantando una de las estelas en plena excavación: cuenta inmediatamente que no estamos ante una piedra descontextualizada, sino ante el momento en que apareció vinculada físicamente a la necrópolis.

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