Cuentan los historiadores que desde la época medieval y renacentista existe una técnica con la capacidad de alcanzar notas más allá del registro normal de un cantante. Esa técnica, que ha encumbrado a gente como Prince y Michael Jackson, se llama falsete. Así se consigue.

Al parecer, y debido a que las mujeres tenían prohibido cantar en las iglesias de la Europa medieval, los hombres desarrollaron la técnica del falsete para imitar la voz femenina. De hecho, compositores como Pierluigi da Palestrina llegaron a escribir obras destinadas únicamente a ser interpretadas por “falsetistas” de la época, gente que había perfeccionado tanto la técnica que poseían un timbre con una claridad y sonoridad única.

Es lo que hoy podemos ver con muchos de los artistas del panorama musical, o como hasta hace no tanto en gente como Freddie Mercury. Aquellos que llegaban a un tipo de notas sorprendentemente altas, y que lo hacían en falsete.

¿En qué consiste? Básicamente, en un tipo de canto agudo que agrega complejidad a las canciones, aunque también una gran capacidad física para el que lo lleve a cabo, ya que requiere de un gran esfuerzo.

Cuando hablamos o cantamos estamos empujando el aire más allá de las cuerdas vocales. Estas son dos membranas gruesas que se asientan horizontalmente en el cuello, justo encima de la tráquea, y que mientras hablamos, cambian de forma, rigidez y longitud, lo que ayuda a darle a nuestra voz diferentes cualidades.

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Todo ello se hace utilizando dos grupos de músculos que se encuentran en la laringe: los TA (teroaritenoides), que acortan las cuerdas vocales, y los CT (cricotiroides), que las alargan.

Cuando se trata de cantar, estos músculos interactúan para crear cuatro tipos de sonido, los llamados mecanismos vocales. El más bajo es la voz fría de voz grave, mientras que el más alto es la voz que se asemeja a un silbido (característica de, por ejemplo, Mariah Carey).

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Sin embargo, para ser un verdadero profesional del falsete el truco está en dominar los sonidos que se encuentran en el medio. El primero de ellos es M1, también llamado voz de pecho. Se trata de un rango de frecuencia que se amplifica o resuena en el pecho, normalmente controlado por los músculos TA. Ejemplo para entender cómo dominar este registro: Aretha Franklin.

Y luego está M2, un rango de frecuencia más alto que resuena en la cabeza, normalmente controlado por los músculos TC.

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El falsete vendría a ser un tipo M2, aunque obtener el sonido perfecto toma mucho más que solo entrar en ese modo vocal. Y es que hay diferentes formas de producir ese tipo de sonidos que dependen de cómo se comportan los pliegues vocales de cada persona.

Esta última parte vendría a ser una especie de “anexo” a la técnica del falsete, de forma que si, por ejemplo, creas más resistencia al aire manteniendo las cuerdas vocales tensas, se conseguirá un M2, un tono alto, pero uno que suena mucho más fuerte, algo muy parecido a la inconfundible voz de Freddie Mercury.

En cambio, para producir el M2 que se parece más al famoso falsete que todos conocemos, se tiene que crear menos resistencia del aire con menos tensión en las cuerdas vocales.

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Conseguir un falsete requiere de la anatomía vocal y duro entrenamiento. Necesitas tener un rango vocal que incluya notas altas que no todos tienen, pero incluso si lo haces, todavía tienes que producir suficiente aire y tener el suficiente control para que las cuerdas vocales vibren de la manera correcta.

Además, y como colofón, debes aprender a cambiar a falsete sin problemas para que resulte impresionante, lo que se conoce como passaggio. Esto significa que tienes que cambiar entre grupos musculares y controlar tus pliegues vocales, algo bastante complicado.

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En resumen: es difícil, tanto, que si no fuera así el mundo estaría lleno de clones de Prince, Michael Jackson o el mismísimo Freddie Mercury. [SciShow]