No sabemos dónde se ha grabado el video ni quién es este hombre, pero vamos a asumir que es ruso. Tiene sentido que sea ruso. Lo que sí sabemos es por qué puede meter la mano en un chorro de metal al rojo vivo sin quedarse manco. Tiene que ver con un fenómeno llamado efecto Leidenfrost.

Cualquiera que haya usado una sartén en su vida habrá podido contemplar un curioso comportamiento del agua al caer sobre una superficie extremadamente caliente. En vez de evaporarse al instante, las gotas parecen flotar sobre la superficie antes de desaparecer. Lo paradójico es que esto ocurre cuando la temperatura está muy por encima del punto de ebullición (en concreto, cuando excede el punto de Leidenfrost).

Este fenómeno fue descrito por primera vez en 1756 por el físico Johann Gottlob Leidenfrost. El alemán se dio cuenta de que el agua tardaba más tiempo en desaparecer cuando entraba en contacto con una placa metálica muy caliente que a una temperatura inferior. La razón es a partir de cierta temperatura se forma un colchón de vapor alrededor del líquido que sostiene las gotas durante un tiempo, como si fuera su propia atmósfera.

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Al ser un gas, el vapor conduce el calor más lentamente de lo que lo haría el agua en estado líquido, por lo que la gota que flota sobre él tarda más en consumirse por completo. Este “efecto Leidenfrost” se puede observar al freír un huevo (si el aceite no está lo suficientemente caliente, el huevo bajará hasta el fondo de la sartén; pero si lo está, flotará sobre el aceite) o al meter una mano mojada en metal fundido sin consecuencias.

Aparte de nuestro héroe ruso, en su día los Cazadores de Mitos probaron este efecto introduciendo sus propios dedos en plomo fundido. Aun así, hay que tener unas gónadas del tamaño del Kremlin para pasar la mano por ese gigantesco chorro de metal fundido varias veces seguidas. Mis respetos.

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