El sonido constante de excavadoras rompe el silencio del desierto. Donde antes solo había arena y viento, hoy se levantan cimientos de una idea que parece sacada del futuro. En el noroeste de Arabia Saudita, un megaproyecto urbano avanza a contrarreloj con la ambición de redefinir cómo se habita una ciudad en pleno siglo XXI.
Un proyecto que desafía la escala conocida
En la provincia de Tabuk, en medio del desierto saudí, nació Neom, una ciudad planificada que desde su anuncio despertó atención mundial. La magnitud del movimiento de tierras es difícil de dimensionar: millones de toneladas de arena y roca están siendo desplazadas para preparar el terreno de una de las obras más ambiciosas jamás concebidas.
Pero el desafío va mucho más allá de la ingeniería. Construir una ciudad desde cero implica resolver cuestiones técnicas, ambientales y sociales en un entorno extremo, con temperaturas elevadas y recursos naturales limitados. Aun así, el proyecto avanza como un laboratorio a cielo abierto de urbanismo futurista.
La visión que impulsa la ciudad del futuro
Neom fue presentada oficialmente en 2017 por el príncipe heredero Mohammed bin Salman como una de las piezas centrales de Vision 2030, la estrategia destinada a diversificar la economía de Arabia Saudita más allá del petróleo.
El proyecto abarca un territorio de unos 26.500 kilómetros cuadrados, una extensión comparable a la de países enteros. Su planteo inicial proponía una ciudad impulsada exclusivamente por energías renovables, con un fuerte énfasis en tecnología, innovación y sostenibilidad, y con el 95 % de su superficie destinada a la conservación de la naturaleza.
The Line, la idea que capturó la atención mundial
Dentro de Neom, el concepto que más impacto generó fue The Line, una ciudad lineal diseñada para extenderse 170 kilómetros sobre el desierto. Con apenas 200 metros de ancho y hasta 500 metros de altura, esta estructura pretendía albergar a millones de personas sin coches, sin calles tradicionales y sin emisiones contaminantes.
La propuesta incluía un sistema de transporte de alta velocidad capaz de cruzar la ciudad de punta a punta en unos veinte minutos, además de servicios esenciales (escuelas, hospitales, comercios) accesibles a pocos minutos a pie. Una visión radical que rompía con siglos de planificación urbana convencional.

Del entusiasmo inicial a los ajustes de la realidad
Con el avance de las obras, la magnitud del proyecto obligó a realizar ajustes. Entre 2024 y 2025, las autoridades reconocieron que el ritmo y el alcance original debían ser revisados. The Line no se abandonó, pero sí se replanteó.
El plan actual contempla un tramo inicial mucho más corto, cuya finalización se proyecta hacia 2030. Muchas de las ideas más ambiciosas fueron escaladas o adaptadas a escenarios más realistas, en un intento por equilibrar innovación, viabilidad económica y tiempos de ejecución.
Una obra que despierta preguntas globales
Mientras las máquinas continúan removiendo arena bajo el sol implacable, Neom se convirtió en un símbolo de las tensiones del urbanismo contemporáneo. Para algunos, representa una oportunidad histórica para repensar cómo vivimos, nos movemos y consumimos energía. Para otros, plantea interrogantes sobre costos, impacto ambiental y viabilidad social.
Lo cierto es que el proyecto ya dejó una huella profunda, incluso antes de estar terminado. Nunca se había intentado construir una ciudad de esta escala y con esta ambición en pleno desierto.
El desierto como escenario del futuro
Más allá de los ajustes y las críticas, Neom sigue avanzando. Cada zanja excavada y cada plataforma nivelada refuerzan una idea central: el futuro de las ciudades podría ensayarse en los lugares más inesperados.
En medio de un paisaje que durante siglos fue sinónimo de vacío, hoy se escribe una de las apuestas urbanas más audaces del mundo. El resultado final aún es incierto, pero el experimento ya está en marcha y el desierto, silencioso testigo, volvió a convertirse en protagonista de la historia.
[Fuente: Diario UNO]