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El tesoro romano que estuvo siglos bajo un campo y acaba de revelar una historia inesperada

Durante años, cientos de monedas permanecieron ocultas bajo tierra hasta que una señal inesperada permitió reconstruir el enigmático pasado de su propietario.
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Una señal en un campo de cultivo parecía indicar que había una moneda enterrada. Pero cuando el detector comenzó a marcar una y otra vez, quedó claro que aquello podía ser mucho más importante. Lo que apareció bajo la tierra era un conjunto excepcional de monedas romanas que había permanecido oculto durante casi dos milenios.

El hallazgo no solo destaca por la cantidad de piezas recuperadas. También plantea una pregunta que los arqueólogos todavía no pueden responder con certeza: ¿quién reunió aquella fortuna y por qué nunca regresó para recuperarla?

Una señal bajo la tierra terminó convirtiéndose en un descubrimiento excepcional

El protagonista del descubrimiento fue Oliver Riedl, un aficionado a la búsqueda con detectores de metales que recorría un campo de cultivo con la autorización correspondiente. El aparato comenzó a detectar objetos metálicos y, tras excavar, aparecieron varias monedas de plata.

Riedl llegó a recuperar 15 piezas, pero las señales continuaban. Aquello sugería que debajo de la superficie había algo mucho más grande.

El aficionado decidió detener la búsqueda y avisar a las autoridades arqueológicas. Especialistas de la sede de Nideggen de la Oficina para la Preservación del Patrimonio Arqueológico del LVR acudieron al lugar y comenzaron una excavación controlada.

El sitio estaba en Wesseling, en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia. El 22 de septiembre, las autoridades presentaron oficialmente el descubrimiento, que ahora puede contemplarse por primera vez en el Museo Regional LVR de Bonn.

El resultado de la investigación fue sorprendente: los especialistas recuperaron 934 denarios romanos de plata, con un peso total de aproximadamente 3,1 kilos.

Según los arqueólogos, se trata del mayor conjunto de monedas correspondiente al período del emperador Adriano descubierto hasta ahora en Alemania y ocupa uno de los primeros lugares entre los tesoros monetarios conocidos de esa época a nivel mundial.

Pero la cantidad no es el único aspecto extraordinario.

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©Bukhta Yurii – ShutterStock

Monedas separadas por más de 270 años terminaron juntas

Las piezas cuentan una historia monetaria mucho más extensa de lo que podría sugerir su fecha de ocultamiento. La moneda más reciente fue acuñada en 124 o 125 d.C., durante el gobierno del emperador Adriano, que gobernó Roma entre los años 117 y 138.

Sin embargo, la mayoría de las monedas pertenecen a la dinastía Flavia, que gobernó entre 69 y 96 d.C. Incluso apareció una pieza mucho más antigua, acuñada en 148 a.C. durante la República romana.

Eso significa que esa moneda tenía más de 270 años cuando terminó enterrada junto al resto. A pesar de su antigüedad, continuaba teniendo valor como medio de pago.

Los investigadores calculan que el tesoro fue escondido durante el segundo cuarto del siglo II, aunque probablemente había sido reunido varias décadas antes. Su valor también permite dimensionar la magnitud de la fortuna.

Un soldado raso de una legión romana recibía alrededor de 300 denarios al año. Sin embargo, una parte importante del salario se destinaba a cubrir alimentos y equipamiento. De acuerdo con los cálculos de los especialistas, un legionario habría necesitado ahorrar durante aproximadamente seis años todo el dinero que tenía disponible para alcanzar una suma equivalente.

La pregunta inevitable es qué llevó a alguien a esconder semejante cantidad de dinero.

Una fortuna enterrada que nadie volvió a reclamar

En la época romana no existían bancos como los actuales, por lo que esconder objetos valiosos podía ser una forma de protegerlos. Los investigadores consideran probable que el propietario haya enterrado las monedas buscando mantenerlas a salvo.

Pero algo ocurrió después.

Nadie regresó para recuperarlas.

Los arqueólogos solo pueden plantear hipótesis sobre el destino de su dueño. Una posibilidad es que haya muerto antes de poder recuperar el dinero o informar a otra persona sobre el lugar donde estaba escondido. También se considera que pudo tratarse de alguien relacionado con alguna finca romana de la zona.

La forma en que las monedas fueron encontradas aporta otra pista.

Los especialistas decidieron extraer del terreno el bloque de tierra que contenía el conjunto completo para estudiarlo cuidadosamente en el taller de restauración del museo. Allí utilizaron rayos X y descubrieron fragmentos de una vasija de cerámica junto a restos de paja.

Todo indica que las monedas habían sido colocadas dentro de un recipiente protegido con material vegetal antes de ser enterradas.

Con el paso de los siglos, las actividades agrícolas terminaron rompiendo la vasija y dispersando parte de las monedas. Aun así, los arqueólogos consiguieron recuperar el conjunto completo.

El hallazgo también muestra cómo un detector puede ayudar a la arqueología

El destino de las monedas está determinado por la legislación de Renania del Norte-Westfalia. El tesoro pasa a ser propiedad del estado y, debido a que Riedl contaba con los permisos correspondientes y comunicó inmediatamente el descubrimiento, recibirá una recompensa de las autoridades regionales.

El caso también sirve para recordar que utilizar un detector de metales en ese estado está sujeto a determinadas condiciones. Es necesario contar con autorización de las autoridades encargadas de proteger el patrimonio, tener permiso del propietario del terreno y completar una capacitación especializada.

Las autoridades arqueológicas consideran que los aficionados pueden desempeñar un papel importante en la recuperación del patrimonio cuando trabajan dentro del marco legal.

El tesoro de Wesseling es un ejemplo especialmente llamativo. Una simple búsqueda en un campo terminó sacando a la luz 934 monedas que habían permanecido ocultas durante casi dos mil años.

Y aunque ahora los investigadores pueden estudiar cada una de ellas, la incógnita más interesante continúa abierta: el dinero sobrevivió al paso del tiempo, pero la historia de la persona que decidió enterrarlo quedó perdida bajo tierra.

 

[Fuente: El Cronista]

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