La aparente batalla entre el software libre y el software privado, o mejor dicho, entre sus evangelizadores, parece ser eterna y no llevar a ningún lado. Pero lo que es un hecho es que aunque el software privado es pago, a veces sale más barato que el software libre, el cual técnicamente es “gratuito”. Una comunidad italiana lo ha demostrado.

El gobierno de la comunidad de Pésaro en Italia asegura que luego de cuatro años de usar OpenOffice como su plataforma de ofimática, se han cambiado a la plataforma Office 365 porque “les sale más barato”. Irónico, pero real.

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El hecho es que OpenOffice aunque es una plataforma bastante decente de ofimática, no es perfecta, ni Office 365 lo es, pero la familiaridad que muchísimas personas en el mundo tienen con esta suite de Microsoft logra que, en general, se pierda menos tiempo y los empleados sean mucho más productivos.

Pésaro pone números sobre la mesa para explicar cómo es posible que algo “gratuito” resulte más costoso a largo plazo. Los problemas de compatibilidad, de adaptación con la nueva suite y en general lo problemático que (para ellos) funcionaron algunas de las aplicaciones de OpenOffice (mencionando que su mayor problema era al intentar reemplazar Excel), hacían que en promedio cada empleado perdiera más de 15 minutos de su tiempo tratando de adaptarse. Por otro lado, el departamento de IT se encontraba bastante atareado implementando y enseñando el uso de OpenOffice.

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Eso se traducía en 530,38 euros anuales por empleado. Sin embargo, pagar Office 365 suponía un costo de 197,49 euros al año por usuario. Los números no mienten.

La conclusión es simple y quizás para algunos también radical: por mucho que deseemos defender las propuestas de software libre, que en teoría son admirables y se logran solo mediante trabajo cooperativo, la realidad es que a nivel empresarial (o gubernamental) suele salir mucho más barato confiar en un producto pago, con un soporte sólido, que sufrir simplemente por el hecho de usar algo que se hace llamar “libre”.

Y eso no es ser radical, sino realista. El caso de PĂ©saro es solo otro ejemplo.[vĂ­a ZDNet]

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