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Ciencia

El James Webb analizó el agua de un cometa llegado desde otra estrella y encontró una anomalía enorme. 3I/ATLAS pudo nacer hace hasta 12.000 millones de años, mucho antes que el Sol

La composición isotópica de 3I/ATLAS revela que sus hielos se formaron a temperaturas inferiores a −243 °C y dentro de un sistema planetario pobre en elementos pesados. Los modelos sugieren que el cometa podría tener hasta 12.000 millones de años.
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3I/ATLAS apareció en el Sistema Solar llevando algo que ningún telescopio había podido estudiar hasta ahora con semejante precisión: hielo fabricado alrededor de otra estrella. No conocemos el nombre de aquel sistema ni podemos reconstruir la ruta exacta que siguió el cometa durante miles de millones de años. Sin embargo, su agua y su carbono han conservado suficientes pistas para aproximarnos a una historia extraordinariamente antigua.

Un equipo liderado por Martin Cordiner, investigador del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, utilizó el telescopio espacial James Webb para analizar la composición isotópica del tercer visitante interestelar confirmado. Según el estudio publicado en Nature, el agua de 3I/ATLAS contiene una proporción de deuterio completamente alejada de la encontrada en los cometas del Sistema Solar, mientras que su carbono apunta a un entorno formado cuando la Vía Láctea todavía era mucho más joven.

El resultado no permite señalar una estrella concreta en un mapa y afirmar que el cometa nació allí. Lo que sí permite es reconstruir las condiciones de su lugar de origen: temperaturas extremadamente bajas, una elevada exposición a la radiación y una abundancia de elementos pesados inferior a la existente cuando se formaron el Sol y los planetas que lo rodean.

El James Webb encontró agua mucho más pesada de lo esperado

El James Webb analizó el agua de un cometa llegado desde otra estrella y encontró una anomalía enorme. 3I/ATLAS pudo nacer hace hasta 12.000 millones de años, mucho antes que el Sol
© NASA, ESA, CSA, STScI, Martin Cordiner (CUA, NASA-GSFC); Image Processing: Alyssa Pagan (STScI).

Las observaciones se realizaron en diciembre de 2025, cuando 3I/ATLAS ya se alejaba del Sol. El calentamiento recibido durante su paso por la región interior del Sistema Solar había convertido parte de sus hielos en una coma brillante de gases, ofreciendo al instrumento NIRSpec del James Webb una oportunidad excepcional para separar e identificar sus componentes químicos.

Entre las moléculas detectadas apareció HDO, una variante del agua en la que uno de los átomos habituales de hidrógeno ha sido sustituido por deuterio. Este isótopo contiene un protón y un neutrón en su núcleo, por lo que resulta aproximadamente dos veces más pesado que el hidrógeno común.

Según los resultados publicados en Nature, la relación entre deuterio e hidrógeno en el agua de 3I/ATLAS alcanzó el 0,98%, con un margen de error de 0,06 puntos porcentuales. La NASA explica que este valor es unas 30 veces superior al medido habitualmente en los cometas de nuestro sistema planetario.

Una diferencia tan grande no es únicamente una curiosidad química. El deuterio se incorpora con mayor facilidad al agua cuando las reacciones ocurren en ambientes profundamente fríos. En función de los modelos empleados por los investigadores, los hielos de 3I/ATLAS tuvieron que formarse a temperaturas inferiores a 30 kelvin, equivalentes a unos −243 °C.

Eso sugiere que el material permaneció durante su formación en una región densa y congelada, probablemente dentro de una nube interestelar o en las zonas exteriores de un disco protoplanetario. También habría estado sometido a una ionización intensa provocada por radiación y rayos cósmicos, factores que favorecen el enriquecimiento de deuterio.

Su carbono apunta hacia una Vía Láctea mucho más joven

El agua no fue la única pista. El James Webb también midió las proporciones de carbono-12 y carbono-13 presentes en el dióxido de carbono y el monóxido de carbono de la coma.

El equipo obtuvo relaciones de carbono-12 frente a carbono-13 comprendidas entre 141 y 191 para el CO₂, y entre 123 y 172 para el CO. Según el artículo científico, estas cifras superan los valores habituales encontrados tanto en el Sistema Solar como en las nubes interestelares y discos protoplanetarios próximos.

La diferencia ayuda a colocar el nacimiento del cometa en el tiempo. El carbono-13 se acumula gradualmente en la galaxia porque las estrellas procesan materia en su interior y la devuelven al espacio cuando envejecen o explotan. Cada generación estelar contribuye de esa manera a enriquecer el medio interestelar con isótopos y elementos pesados.

El Sol nació hace unos 4.600 millones de años en una galaxia que ya había atravesado numerosas generaciones de estrellas. 3I/ATLAS, en cambio, presenta muy poco carbono-13 en relación con el carbono-12. De acuerdo con la NASA, esta escasez indica que su sistema planetario pudo surgir mucho antes, cuando la Vía Láctea todavía no había recibido el mismo grado de enriquecimiento químico.

El cometa podría ser casi tres veces más antiguo que la Tierra

El James Webb analizó el agua de un cometa llegado desde otra estrella y encontró una anomalía enorme. 3I/ATLAS pudo nacer hace hasta 12.000 millones de años, mucho antes que el Sol
© NASA, ESA, CSA, Martin Cordiner (CUA, NASA-GSFC), Leah Hustak (STScI).

Al comparar las proporciones de carbono con modelos de evolución química galáctica, los investigadores estimaron que 3I/ATLAS pudo acumularse como cuerpo sólido hace entre 10.000 y 12.000 millones de años. El extremo superior de esa estimación lo convertiría en un objeto casi tres veces más antiguo que la Tierra y formado apenas unos 1.800 millones de años después del Big Bang.

Esa edad no se ha medido directamente como se fecharía una roca mediante desintegración radiactiva. Se trata de una inferencia construida a partir de los isótopos del carbono y de los modelos que describen cómo fue cambiando la composición de la Vía Láctea. La región exacta en la que nació, la historia de su estrella y las condiciones locales pueden desplazar la estimación.

Aun así, las dos grandes pistas apuntan en la misma dirección. La enorme cantidad de deuterio habla de temperaturas extremadamente bajas; la escasez de carbono-13 señala un ambiente antiguo y relativamente pobre en elementos pesados. Juntas convierten a 3I/ATLAS en un fragmento conservado de uno de los primeros sistemas planetarios de la galaxia.

Una muestra de otro sistema que llegó hasta nosotros

Los astrónomos estudian habitualmente planetas y discos situados a decenas o cientos de años luz mediante la radiación que emiten o bloquean. Los objetos interestelares ofrecen algo diferente: transportan físicamente materia formada alrededor de otra estrella y la acercan lo suficiente como para analizar sus moléculas con enorme detalle.

3I/ATLAS es apenas el tercer visitante de este tipo identificado después de 1I/‘Oumuamua y 2I/Borisov. Su actividad cometaria y la abundancia de gases permitieron obtener mediciones isotópicas que no fueron posibles con los dos anteriores. Como explica la NASA, el nombre combina su condición de tercer objeto interestelar confirmado con ATLAS, el sistema de vigilancia financiado por la agencia que lo descubrió.

Las observaciones también mostraron una coma rica en monóxido de carbono, además de agua, dióxido de carbono, metano y metanol. Un análisis complementario de los datos del James Webb señala que, cuando el cometa se encontraba a unas 2,4 unidades astronómicas del Sol, el CO era su molécula más abundante y estaba distribuido de forma desigual alrededor del núcleo.

Esta composición no demuestra que el sistema de origen albergara vida. Sí demuestra que la formación de hielos, moléculas orgánicas y pequeños cuerpos ricos en compuestos volátiles ya ocurría en etapas muy tempranas de la historia galáctica.

3I/ATLAS terminará abandonando nuestra región y regresará al espacio interestelar. Sin embargo, durante su breve visita dejó algo extraordinario: una muestra química de un sistema planetario que pudo existir miles de millones de años antes de que aparecieran el Sol, la Tierra y todos los cometas que creíamos conocer.

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