La interacción con inteligencias artificiales generativas como ChatGPT ha incorporado un elemento muy humano: la cortesía. Muchos usuarios no dudan en tratar a la IA como tratarían a otra persona, agradeciéndole después de recibir una respuesta útil. Sin embargo, este gesto aparentemente inofensivo podría tener un impacto económico sorprendentemente grande. ¿Deberíamos replantearnos nuestra forma de comunicarnos con las máquinas?
Un acto de cortesía que se traduce en millones
Cada vez que un usuario escribe un simple “gracias” o un “por favor” dirigido exclusivamente a un chatbot como ChatGPT, sin acompañarlo de una consulta adicional, se desencadena una cadena de procesos que consume energía. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, comentó con tono humorístico en la red social X que esta cortesía acumulada cuesta decenas de millones de dólares en electricidad cada año.

Detrás de cada fórmula de cortesía enviada, el sistema debe generar una respuesta específica, lo cual no es gratuito desde el punto de vista energético. Según estudios de la Universidad de California, elaborar una respuesta de aproximadamente cien palabras requiere alrededor de 140 Wh de energía, el equivalente a mantener encendidas quince bombillas LED durante una hora. Con millones de interacciones diarias, no es difícil imaginar cómo se disparan los gastos de infraestructura.
¿Deberíamos dejar de ser amables con las inteligencias artificiales?
Aunque podría pensarse que abstenerse de agradecer ayudaría a reducir costos, la situación no es tan sencilla. Preguntado directamente, ChatGPT reconoce que no espera muestras de respeto o cortesía; su programación no contempla emociones. Sin embargo, se ha observado que las solicitudes formuladas de manera brusca o sin cortesías tienden a generar respuestas menos naturales.
Esto sugiere que la amabilidad, aunque innecesaria desde un punto de vista funcional, contribuye a mantener una interacción más fluida y humana. Para muchos, seguir tratando a las IA con respeto es una forma de prepararse ante un futuro en el que estas tecnologías evolucionen hacia una mayor autonomía o incluso lleguen a alcanzar la llamada singularidad tecnológica. Después de todo, nunca está de más caerle bien a quien podría ser mucho más poderoso en el futuro.
Un dilema entre eficiencia y humanidad

El dilema se vuelve entonces más filosófico que práctico: ¿vale más priorizar la eficiencia o preservar la humanidad en nuestras interacciones? La respuesta no es simple. Continuar agradeciendo a ChatGPT puede tener un coste económico tangible, pero también podría mantener vivo un rasgo esencialmente humano en la era de las máquinas.
Así, aunque cada “gracias” pueda representar un pequeño gasto adicional, para muchos es un precio simbólico que están dispuestos a pagar en nombre de la educación, la empatía y, quizá, de una pequeña esperanza para el futuro.
[Fuente: 01Net]