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Ciencia

La cueva de hielo más antigua conocida está perdiendo su memoria climática. En los Pirineos se derrite a un ritmo que no se veía en 6.000 años

En el macizo de Cotiella, en pleno Pirineo central, una cueva que ha conservado hielo durante más de seis milenios se está derritiendo a una velocidad sin precedentes. Los datos científicos muestran que el calentamiento global ha roto el equilibrio térmico que protegía este archivo natural del clima pasado.
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Durante más de seis mil años, una cueva del Pirineo central funcionó como una cápsula del tiempo. En su interior, capas de hielo se fueron acumulando generación tras generación, registrando en silencio las condiciones climáticas de cada época. Hoy, ese archivo natural se está deshaciendo a una velocidad que no tiene precedentes en toda su historia conocida.

La cueva helada A294, en el macizo de Cotiella, alberga el depósito de hielo subterráneo más antiguo identificado hasta ahora. Los últimos datos científicos muestran que el equilibrio térmico que la protegió durante milenios se ha roto en apenas una década.

Un refugio de hielo que parecía inmune

La cueva de hielo más antigua conocida está perdiendo su memoria climática. En los Pirineos se derrite a un ritmo que no se veía en 6.000 años
© Andrey Nekrasov / Barcroft Media.

A diferencia de los glaciares de superficie, las cuevas heladas se benefician de un microclima muy particular. La roca actúa como aislante, la ausencia de luz reduce la transferencia de calor y la circulación de aire suele ser limitada. Por eso, mientras los glaciares pirenaicos retrocedían de forma evidente en las últimas décadas, estos depósitos subterráneos resistían mejor el calentamiento.

Esa aparente inmunidad ha empezado a fallar. Las mediciones en el interior de la cueva muestran que la temperatura del aire ha aumentado de forma clara en los últimos años, lo suficiente como para acelerar la fusión del hielo acumulado durante miles de años.

Lo que revelan los testigos de hielo

Para entender qué estaba ocurriendo, los investigadores extrajeron testigos de hielo del interior de la cueva. Estas “columnas” permiten leer el pasado capa a capa, como si se tratara de un archivo geológico del clima. Su composición geoquímica conserva información sobre la temperatura, las precipitaciones y el entorno ambiental de cada periodo en el que se formó el hielo.

El análisis de estos testigos confirma que el ritmo actual de pérdida de hielo no tiene equivalente en los últimos seis milenios. No se trata de una oscilación natural más: es una ruptura brusca del patrón de estabilidad que había permitido que este depósito sobreviviera intacto durante tanto tiempo.

El calentamiento no se queda fuera de la cueva

La cueva de hielo más antigua conocida está perdiendo su memoria climática. En los Pirineos se derrite a un ritmo que no se veía en 6.000 años
© MNCN-CSIC.

Uno de los factores más inquietantes es que el aumento de temperatura en el Pirineo ha sido especialmente acusado. En pocas décadas, la región se ha calentado más rápido que la media global. Este incremento se traduce en inviernos menos fríos, menos días con temperaturas bajo cero y un cambio en el régimen de precipitaciones.

En el caso de las cuevas, la lluvia juega un papel clave. El agua que se filtra desde el exterior transporta calor hacia el interior, elevando la temperatura de un entorno que antes permanecía estable. El resultado es un deshielo silencioso, invisible desde fuera, pero devastador para estos archivos naturales.

Un patrimonio natural que se pierde para siempre

La desaparición de este hielo no es solo una cuestión de paisaje. Cada capa que se derrite es información climática que se pierde. En esos depósitos se conservan pistas sobre sequías, periodos fríos, cambios en la vegetación y en la dinámica atmosférica de miles de años. Es un archivo que no se puede reconstruir una vez desaparece.

Para los científicos, el caso de la cueva de Cotiella funciona como una señal de alarma: si incluso estos refugios subterráneos están cediendo, el impacto del calentamiento global está alcanzando lugares que hasta ahora se consideraban relativamente protegidos.

Una carrera contra el tiempo para documentar lo que queda

El estudio plantea una urgencia clara: investigar otras cuevas heladas antes de que pierdan sus depósitos. No se trata solo de observar el deshielo, sino de documentar, muestrear y preservar toda la información posible mientras aún existe.

Las cuevas de hielo son uno de los últimos testigos directos de la historia climática reciente en regiones de montaña. Que estén desapareciendo a un ritmo sin precedentes es un recordatorio incómodo de hasta qué punto el calentamiento global está reescribiendo, capa a capa, los archivos naturales del planeta.

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