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Ciencia

La cueva que parece un archivo secreto de la humanidad. En Cataluña existe un pasaje subterráneo que guarda huellas de todas las épocas

No es un museo, es algo más inquietante: un espacio vivo que va revelando sus secretos con cada exploración. Desde piezas paleolíticas hasta polvorines modernos, la cueva de l’Espluga de Francolí muestra cómo la historia se acumula en capas. Y aún queda un sifón que nadie ha atravesado.
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En el corazón de Tarragona, bajo el municipio de l’Espluga de Francolí, se extiende la cueva de la Font Major. Con casi cuatro kilómetros explorados, es la séptima cavidad de conglomerado más larga del mundo. Pero lo fascinante no son sus dimensiones, sino la línea de tiempo que encierra entre sus paredes: 120.000 años de huellas humanas que convierten cada metro en un testimonio de supervivencia, ritual y memoria.

De cazadores prehistóricos a cultos íberos

Un viaje bajo tierra revela algo más que historia. La cueva de Cataluña que pudo ser santuario, refugio y archivo oculto de la humanidad
© Rafa Pérez.

Los primeros indicios datan del Paleolítico, cuando los grupos humanos entraban en la cueva de forma estacional, coincidiendo con la caza. Se han hallado restos dentados de rinocerontes, ciervos e hienas. Más tarde, en el Neolítico, la cueva se convirtió en hogar permanente: hay evidencias de cultivos, domesticación de animales y prácticas funerarias.

En la Edad del Bronce aparecieron las primeras ofrendas rituales, que continuaron en época íbera. Para estas culturas, la Font Major era un lugar sagrado vinculado al agua, fuente de regeneración. Allí depositaban cerámicas y objetos que el río subterráneo todavía arrastra hasta la superficie.

Un lugar sagrado, un refugio y un misterio

Un viaje bajo tierra revela algo más que historia. La cueva de Cataluña que pudo ser santuario, refugio y archivo oculto de la humanidad
© Rafa Pérez.

Con el Imperio Romano llegaron monedas que prueban el contacto con el mundo clásico. En la Edad Media, la cueva siguió siendo referencia local, y en la Guerra Civil se utilizó como polvorín. En tiempos recientes, incluso sirvió para cultivar champiñones o envejecer cava.

Hoy se puede recorrer con guías o en una ruta de aventura, con neopreno y frontal, siguiendo el cauce del río subterráneo que da origen al Francolí. El recorrido se detiene en el primer sifón, y lo desconocido empieza justo allí: un recordatorio de que la cueva aún no ha revelado todos sus secretos.

Fuente: National Geographic.

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