Image: El profesor Buckland (CC)

Hab√≠a un cient√≠fico cuya pasi√≥n por la geolog√≠a y la paleontolog√≠a solo se pod√≠a igualar a la voracidad de su est√≥mago. Un tipo tan exc√©ntrico que dedic√≥ gran parte de su vida a tratar de comer todos los animales que pudo para conocer su sabor. No fue lo √ļnico, William Buckland lleg√≥ a comerse el coraz√≥n de un rey.

En la Inglaterra victoriana había un hombre ligado a la excentricidad, ese fue sin duda William Buckland, uno de los principales geólogos y paleontólogos de la época que se hizo famoso por ser el hombre que se comía todo lo que le pusieran por delante.

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Image: Buckland (Wikimedia Commons)

Buckland nació en 1784. Después de ganar una beca para Oxford en 1801, el hombre se convirtió en la primera persona en leer geología en la universidad, lo hizo antes de calificar como sacerdote y de convertirse en profesor, un trabajo que rápidamente le valió una reputación como maestro poco ortodoxo. De hecho, se suele recordar en los libros la siguiente escena en una de sus clases:

El profesor Buckland caminaba como un predicador franciscano arriba y abajo detr√°s de una larga vitrina... Ten√≠a en la mano una enorme calavera de hiena. De repente, baj√≥ corriendo los escalones, corri√≥ al cr√°neo en la mano al primer estudiante de la banca delantera y le grit√≥ ‚Äú¬ŅQu√© gobierna el mundo?‚ÄĚ El joven, aterrorizado, no respondi√≥. Luego corri√≥ hacia otro lado, apuntando a la hiena en otra cara: ‚Äú¬ŅQu√© gobierna el mundo?‚ÄĚ ‚ÄúNo tengo ni idea‚ÄĚ, contest√≥ el estudiante. ‚Äú¬°El est√≥mago, se√Īor!‚ÄĚ, exclam√≥, ‚Äúel est√≥mago gobierna el mundo‚ÄĚ.

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Image: William Conybeare dibujó esta caricatura de Buckland metiendo la cabeza en una guarida prehistórica de hienas (Wikimedia Commons)

La obsesión de Buckland con el reino animal no conocía límites. Como presidente de la Royal Geographical Society, publicó el primer estudio científico de un esqueleto de dinosaurio, al tiempo que su papel en la Sociedad para la Aclimatación de Animales le permitió importar todo tipo de criaturas al Reino Unido para estudiar su idoneidad para la cena.

Casualidad (o no), esto coincidi√≥ con esa ambici√≥n personal de toda la vida: comerse un ejemplar de cada animal que exist√≠a, algo as√≠ como un Noe enloquecido y sediento de sangre. De hecho, William fue muy famoso por entretener a los invitados que ten√≠a en su casa con comidas ex√≥ticas como erizos, avestruces asados, marsopa, filetes de cocodrilo e incluso cachorros de perro cocinados. Su hijo, Francis, ten√≠a un paladar bastante parecido, de ah√≠ que juntos vieran el Arca de No√© como una especie de men√ļ para la cena.

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Image: Representación del investigador en su casa (Wikimedia Commons)

Lo cierto es que no está nada claro que llevó al hombre a esta escalofriante dieta, aunque la mayoría de historiadores se apoyan en la idea de que Buckland era un tipo al que le gustaba la fama junto a ese comportamiento excéntrico.

De entre sus aficiones m√°s extravagantes, el hombre ten√≠a predilecci√≥n por desayunar ratones servidos en tostadas. Dec√≠a que el topo com√ļn era el plato m√°s vil que hab√≠a comido hasta que mastic√≥ la mosca azul. Su casa estaba repleta de huesos, f√≥siles y mascotas que le serv√≠an como conejillos de Indias: desde un pony hasta serpientes, ranas, hurones, halcones, b√ļhos, gatos, perros o una hiena de mascota a la que llamada Billy.

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Image: El profesor (WC)

Una de las historias que más se repiten con el personaje tuvo lugar cuando Buckland se encontraba de visita en una catedral italiana en 1836, momento en que un sacerdote le dijo que el piso estaba resbaladizo porque se trataba de sangre milagrosamente fluida de los mártires sacrificados. Buckland se arrodilló, pasó la lengua por el suelo y declaró que el líquido era orina de murciélago.

La segunda escena que dar√≠a para un corto de terror ocurri√≥ poco despu√©s. Al parecer, ingiri√≥ el coraz√≥n momificado de 140 a√Īos de edad perteneciente al rey Luis XIV de Francia. El coraz√≥n lo robaron durante la Revoluci√≥n Francesa hasta que un amigo de William, Lord Harcourt, el arzobispo de York, lo adquiri√≥. Cuando Harcourt retir√≥ el coraz√≥n de una caja, William r√°pidamente se abalanz√≥ y se lo meti√≥ en la boca.

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Image: Linda Hall Library

Ya sea tratando de determinar su origen geol√≥gico (tal vez pens√≥ que era una piedra), o porque quer√≠a otra muesca en su delantal, el hombre se la trag√≥. De ah√≠ la m√≠tica frase de William: ‚ÄúHe comido muchas cosas extra√Īas, pero nunca hab√≠a comido el coraz√≥n de un rey antes‚ÄĚ.

En cualquier caso, y fuero de su extravagancia, William fue y sigue siendo un cient√≠fico respetado en su campo: excav√≥ uno de los restos arqueol√≥gicos humanos m√°s antiguos jam√°s encontrados, fue pionero en las ciencias modernas de geolog√≠a y paleontolog√≠a, y se convirti√≥ en decano de la abad√≠a de Westminster. Sin embargo, ninguna de estas cosas evit√≥ que el mism√≠simo Charles Darwin lo denominara como un ‚Äúhombre vulgar y casi grosero impulsado m√°s por la notoriedad que por su amor a la ciencia‚ÄĚ. [Wikipedia, OUM.ox, StrangeScience]