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La increíble historia de la mujer que necesitaba estar boca abajo para mantenerse con vida

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Curtis Chambers/Wallpaper Flare/Creative Commons

Discover Magazine cuenta la historia de una mujer que apareció boca abajo en un hospital de Indiana con su gigantesco marido agarrándola por los tobillos. El hombre forcejeó con un vigilante y una enfermera mientras se negaba a soltar a su mujer por miedo a que perdiera la vida.

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La historia comienza cuando el doctor Louis F. Janeira, un electrofisiólogo cardíaco que se encontraba de guardia, oyó gritos provenientes de la entrada de urgencias. Un hombre de más de dos metros de altura había aparecido con su mujer de metro y medio agarrada por los tobillos. “¡Bájala!”, le gritó uno de los vigilantes del hospital. “Le estás haciendo daño”, insistió una mujer. El hombre se negó a bajarla. “Tengo que sujetarla de esta forma, es mi esposa”, gritaba.

“Estoy bien”, dijo la mujer que colgaba de sus brazos. “Hola, doctor Janeira, ¿se acuerda de mí?”. Janeira tuvo que hacer memoria. Mary (nombre ficticio) era una paciente de unos 60 años que había ido a urgencias el día anterior por un bloqueo cardíaco completo. La mujer había sido trasladada al quirófano con el corazón latiendo a menos de 40 latidos por minuto para que le colocaran un marcapasos. Janeira recuerda su sorpresa al verla de nuevo por allí:

Me acerqué a la pareja lentamente. “No esperaba verla tan pronto”, le dije mientras me inclinaba para tratar de ver su rostro. “¿No le implantaron un marcapasos ayer?”.

“Sí”, dijo ella. “Me operaron ayer. Todo salió bien y me fui a casa esta mañana”.

“Todo estaba bien hasta hace media hora”, dijo Jason [nombre ficticio de su marido]. “Tosió y luego se desmayó”.

“Pero no entiendo por qué la mantiene boca abajo”, le dije.

“La recogí y la puse en nuestra cama”, explicó Jason. “Recuperó la consciencia por unos segundos. Trató de levantarse, pero se desmayó de nuevo y se cayó por detrás de la cama. La agarré por los tobillos y volvió a recuperar la consciencia”.

“Sigo sin entenderlo”, le dije.

“Si Jason me pone en la cama o en posición vertical, me desmayo de nuevo”, dijo Mary. “Lo hemos intentado cuatro veces, y cada vez que me cambia de posición, me voy al mundo de los sueños”.

“¿Entonces está consciente al revés pero no del derecho?”, pregunté.

La cabeza al revés de Mary asintió vigorosamente.

Janeira empezó a buscar un diagnóstico en su cabeza. Quizá hubiera algo obstruyendo el flujo de sangre del corazón al cerebro que se desbloqueaba cuando estaba boca abajo. Quizá su presión sanguínea fuera tan baja que la sangre solo llegaba al cerebro cuando estaba del revés. O quizá una perforación accidental durante la colocación del marcapasos estuviera llenando el saco de su corazón de sangre, lo que se conoce como un taponamiento cardíaco.

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Perseguido por un séquito de curiosos, Janeira pidió a una enfermera que pusiera electrodos en el pecho de Mary mientras su marido la sujetaba por los tobillos. Todo parecía correcto en los monitores hasta que Janeira convenció a Jason de que recostara a su mujer en una cama. Mary perdió la consciencia.

“Sin ritmo cardíaco”, dijo la enfermera. “Fallo del marcapasos”. “¡Epinefrina!”, exclamó el médico. “Pero no tenemos una vía intravenosa”, respondió la enfermera. “Fuera de mi camino”, gritó Jason, que volvió a poner a su mujer boca abajo. Mary recuperó la consciencia . “Ya estoy de vuelta”, suspiró

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Fue entonces cuando Janeira se dio cuenta de lo que estaba pasando. El cable del marcapasos se había desconectado, pero de alguna manera volvía a hacer contacto cuando Mary se encontraba del revés. El dispositivo solo estaba haciendo su trabajo cuando la mujer colgaba de los brazos de su marido.

¿La solución? Volver a abrirla para conectar el cable.

Janeira cuenta en Discover Magazine que incluso entonces necesitaron la ayuda de Jason para trasladar a su mujer al quirófano. Mary no estaba respondiendo a la epinefrina y los intentos de colocarle un dispositivo de estimulación externo le causaron graves molestias, así que su enorme marido la llevó colgando al laboratorio de electrofisiología, donde arreglaron el fallo del marcapasos.

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Mary y Jason salieron del hospital cogidos de la mano, pero esta vez los dos estaban del derecho.

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