Ha muerto la gorila Koko, famosa por haber aprendido una forma simplificada del Lenguaje de Señas Americano (ASL). Falleció mientras dormía en su reserva californiana a principios de esta semana a los 46 años. Un talento e inteligencia casi tan grandes como el afecto que demostró por los humanos.

De hecho, ese talento para comunicarse ha intrigado durante mucho tiempo a los investigadores, quienes han debatido sobre los límites de las habilidades de Koko para comprender los símbolos en términos de lenguaje complejo. Eso sí, pocos dudan de que fue capaz de unir las palabras de manera efectiva para transmitir sus deseos, sus penas y posiblemente incluso su sentido del humor.

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El animal dominaba al menos un símbolo universal: un dedo medio extendido que se reconocería prácticamente en cualquier parte del mundo occidental. Posiblemente, fue esta conexión humana la que hizo que Koko fuera mucho más que un tema de estudio, un animal que desafió el pensamiento sobre cómo los primates no humanos pueden aprender a modificar su respiración, por ejemplo.

Imposible no querer a Koko, quién además demostró un amor incondicional por los gatitos. Precisamente con un vídeo sobre ello queremos dar un sentido homenaje a la gorila. De todas las secuencias y encuentros captados por los humanos, posiblemente el día que demostró el tamaño de su corazón ocurrió en los años 80.

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Su conexión con un gato adoptado que llamó All Ball fue noticia en 1984. Ese año, Koko experimentaba la muerte del que veía como su pequeño compañero y amigo. Cuando la gorila se enteró de que su querida mascota murió atropellada por un automóvil demostró ser una de las criaturas más alucinantes del planeta. Preparen un pañuelo a mano:

Gato, llora, lo siento, Koko, amor...

Las señales que había aprendido durante toda su vida cobraban vida en una secuencia histórica, vibrante y extremadamente triste. Aquel día Koko lloró desconsoladamente por la pérdida de su compañero. Y hoy es el turno de todos nosotros por llorar la pérdida del primate no humano que demostró ser mejor que muchos humanos.