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Una columna de humo y ceniza se eleva desde el cráter del Kilauea.
Foto: AP Images

Por si no fuera suficiente con la lava, las fisuras y los gases tóxicos, los habitantes de las zonas de Hawái afectadas por la erupción del Kilauea se enfrentan a un nuevo problema. La actividad del volcán está acercándose a una planta geoquímica en la que se almacenan toneladas de productos peligrosos.

Puna Geothermal Venture (PGV) es una vieja conocida de la isla. La planta ya ha tenido problemas medioambientales en el pasado. En 1991, uno de los pozos que la planta emplea para extraer energía a partir del calor del subsuelo sufrió una fuga y liberó a la atmósfera sulfuro de hidrógeno y elementos tóxicos como cromo, mercurio, plomo y arsénico. No hubo que lamentar víctimas mortales, pero si muchos vecinos con problemas respiratorios y reacciones adversas.

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En 2013, una rotura en una válvula produjo otra fuga, y en 2014 ocurrió de nuevo tras una avería provocada por la tormenta tropical Iselle. La Agencia de protección medioambiental de Estados Unidos ha impuesto ya varias sanciones a los propietarios de la planta por estos incidentes, pero ninguno de ellos se acerca al tipo de desastre que puede suceder ahora que el Kilauea ha entrado en erupción.

Los técnicos temen que los temblores provocados por la erupción o que la erupción misma hagan explotar algunos de los pozos térmicos de la planta, lo que liberaría una cantidad masiva de gases tóxicos, especialmente el mencionado sulfuro de hidrógeno, que es irritante en cantidades pequeñas, pero letal si la dosis es elevada.

Un operario trabajando en el pozo 6 de la planta en una foto de archivo (2007)
Foto: AP Images
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El riesgo no se puede desechar. Los vulcanólogos tienen constancia de que hay cámaras de magma bajo los pozos de la planta y alrededor de ellos, y el comportamiento del magma es impredecible a esa profundidad. La planta tiene nueve pozos térmicos que operan a una profundidad de 2.400 metros.

De momento, la planta ha suspendido su actividad y los técnicos que trabajan en ella están retirando algunas sustancias peligrosas como el pentano, un carburante infamable que la planta emplea para dar potencia a las turbinas y del que había 227.000 litros almacenados. Las precauciones no son del gusto de Bob Culnan, un antiguo técnico de la compañía que explica al Washington Post que los pozos deberían de cerrarse de manera definitiva para prevenir que alguno de ellos se abra y esté emitiendo gases durante meses o años.

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La fisura de la imagen está a solo 500 metros de la planta.
Foto: AP Images

La fisura deDesde la compañía propietaria de la planta, Ormat Technologies, con sede en Nevada, no han querido hacer declaraciones. Mientras tanto la erupción del Kilauea no parece querer parar, con 17 fisuras activas ya en diferentes zonas de la isla. [vía Washington Post]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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