Un equipo del Northwest Institute of Nuclear Technology (NINT), con sede en Xi’an, China, ha presentado un nuevo sistema que podría ampliar las posibilidades de las armas de energía dirigida. Se llama TPG1000Cs y, aunque todavía no es un arma operativa completa, funciona como el generador encargado de proporcionar la enorme potencia que necesitaría un sistema de microondas de alta potencia.
El dispositivo fue desarrollado por un equipo liderado por Wang Gang y descrito en la revista científica High Power Laser and Particle Beams. Según el trabajo original, puede alcanzar una potencia máxima de salida de 20 gigavatios, con pulsos de apenas 50 nanosegundos y una frecuencia máxima de repetición de 50 Hz. Durante las pruebas consiguió operar de forma estable durante periodos continuos de un minuto y acumuló alrededor de 200.000 pulsos a lo largo de los ensayos.
La diferencia es importante: no emite 20 GW de forma continua durante 60 segundos, sino una rápida sucesión de pulsos extremadamente breves mientras el sistema permanece funcionando.

Mucha potencia en un dispositivo relativamente compacto
Otro de los avances está en su tamaño. El TPG1000Cs mide aproximadamente cuatro metros de largo por 1,5 metros de ancho y alto, y pesa unas cinco toneladas. Sus creadores consiguieron reducir sus dimensiones utilizando un transformador Tesla integrado, un líquido aislante de alta densidad energética llamado Midel 7131 y una línea especial de formación de pulsos.
Estas características podrían facilitar la integración de tecnologías similares en plataformas móviles, una posibilidad que ha despertado especial atención en medios especializados.
Por qué los satélites aparecen en el centro del debate
Las microondas de alta potencia no necesitan provocar una explosión para afectar un objetivo. Su función consiste en transmitir energía electromagnética capaz de interferir con determinados sistemas electrónicos y, bajo determinadas condiciones, dañarlos.
Por eso, una de las aplicaciones potenciales mencionadas alrededor del TPG1000Cs son los satélites situados en órbita terrestre baja, donde operan grandes constelaciones de comunicaciones como Starlink. Medios chinos han señalado estimaciones según las cuales sistemas terrestres suficientemente potentes podrían llegar a interferir con este tipo de infraestructura.
El atractivo militar sería evidente: frente a un misil antisatélite convencional, que puede destruir físicamente una nave y generar miles de fragmentos de basura espacial, un sistema electromagnético podría intentar afectar su electrónica sin fragmentar el vehículo.
El gran obstáculo está a cientos de kilómetros de distancia
Sin embargo, generar enormes niveles de potencia en tierra es solo una parte del problema.
Para convertir esta tecnología en un sistema antisatélite real sería necesario dirigir la energía hacia un objeto pequeño que se desplaza a enorme velocidad a cientos de kilómetros de altura, compensar las pérdidas producidas durante la propagación y mantener suficiente energía sobre el objetivo como para causar un efecto útil.
Además, el artículo científico no afirma haber destruido ni interferido un satélite en órbita. Lo que demuestra es el desarrollo de un generador de pulsos más compacto y potente que modelos anteriores.
Por ahora, tampoco existe confirmación pública de que el TPG1000Cs haya sido integrado en un arma antisatélite desplegada.
El avance es, por tanto, significativo desde el punto de vista tecnológico, pero todavía existe una distancia importante entre disponer de un generador de 20 GW y contar con un sistema capaz de inutilizar satélites desde tierra. Aun así, muestra hacia dónde está evolucionando una parte de la guerra electrónica moderna: armas cuyo efecto podría producirse sin misiles, explosiones ni fragmentos visibles.