Las profundidades del océano siguen revelando comportamientos que la ciencia nunca había observado. Durante una expedición en la Zona Clarion-Clipperton, en el Pacífico, investigadores registraron a un misterioso calamar cubriéndose con sedimentos y permaneciendo inmóvil boca abajo en el fondo marino.
El encuentro tuvo lugar en marzo de 2023, a unos 4.100 metros de profundidad, mientras el vehículo operado remotamente ROV Isis realizaba recorridos sobre una enorme llanura abisal. El animal todavía no ha sido identificado a nivel de especie, aunque los investigadores consideran que probablemente pertenece a la familia Mastigoteuthidae, conocida comúnmente como calamares látigo.
El hallazgo fue publicado el 25 de noviembre de 2025 en la revista científica Ecology.
Dos tentáculos que parecían pertenecer a otra criatura
Lo más sorprendente ocurrió antes de que los científicos supieran que estaban observando un calamar.
Las imágenes mostraban dos estructuras blancas y alargadas que sobresalían verticalmente del sedimento. A simple vista parecían tallos de esponjas de vidrio, gusanos tubícolas u otros organismos habituales del fondo oceánico.
Pero pocos segundos después esas estructuras comenzaron a moverse.
El supuesto organismo fijo emergió del barro y reveló que, en realidad, se trataba de un calamar que había permanecido con gran parte de su cuerpo enterrado y los tentáculos extendidos hacia arriba. Hasta ahora nunca se había documentado en un cefalópodo una postura semejante: inmóvil, parcialmente cubierto por sedimentos y colocado boca abajo.
¿Camuflaje o una nueva estrategia para cazar?
Los investigadores todavía no pueden determinar por qué adopta este comportamiento.
Una posibilidad es que utilice el sedimento para ocultarse de potenciales depredadores. Otra hipótesis resulta todavía más interesante: que sus tentáculos rígidos imiten estructuras habituales del fondo marino y le permitan acercarse a pequeñas presas sin ser detectado.
Los propios científicos confundieron inicialmente los tentáculos con tallos de esponjas, lo que refuerza la posibilidad de algún tipo de mimetismo.
En las profundidades abisales, donde conseguir alimento puede ser complicado, una estrategia que permita permanecer quieto y esperar a que las presas se aproximen tendría una ventaja importante al reducir el gasto energético. Sin embargo, los autores señalan que estas explicaciones siguen siendo hipótesis. Una única observación no permite determinar con certeza si el animal estaba cazando, escondiéndose o realizando otro comportamiento desconocido.
Un animal extremadamente difícil de encontrar
El descubrimiento también demuestra lo poco que todavía se conoce sobre la fauna de las grandes profundidades.
Los calamares y otros cefalópodos abisales son especialmente difíciles de estudiar porque aparecen con poca frecuencia ante los vehículos submarinos y pueden escapar rápidamente cuando detectan su presencia. De hecho, los investigadores destacan que este tipo de observaciones son extremadamente escasas en la Zona Clarion-Clipperton.
El hallazgo aparece en una región codiciada por la minería submarina
El calamar fue descubierto durante SMARTEX, un proyecto británico dedicado a estudiar los posibles impactos ambientales de la minería en aguas profundas. La Zona Clarion-Clipperton contiene enormes cantidades de nódulos polimetálicos ricos en minerales como níquel, cobalto y manganeso, lo que ha despertado un fuerte interés comercial.
Las futuras operaciones podrían alterar el sedimento del fondo marino y generar grandes nubes de partículas, precisamente en un ecosistema donde animales como este calamar parecen depender directamente del lecho oceánico para desarrollar comportamientos que apenas empezamos a conocer.
El extraño encuentro recuerda así hasta qué punto las profundidades marinas siguen siendo territorio desconocido. Incluso en zonas estudiadas durante décadas, un par de tentáculos aparentemente inmóviles puede terminar revelando un comportamiento que nadie había visto antes.