Cuando hablamos de animales de “sangre caliente” y “sangre fría” usamos expresiones populares que no describen del todo bien lo que ocurre.
Los humanos, como el resto de los mamíferos y las aves, somos endotermos: generamos gran parte del calor necesario para mantener nuestro cuerpo mediante el metabolismo. Reptiles, anfibios y la mayoría de los peces e insectos son principalmente ectotermos, por lo que dependen mucho más de las condiciones externas para regular su temperatura.
Esto no significa que un animal ectotermo esté necesariamente frío. Una lagartija calentándose al sol puede alcanzar una temperatura corporal superior a la de una persona. La diferencia está en cómo consigue ese calor.
Nuestro cuerpo funciona como una calefacción interna
Incluso cuando estamos dormidos seguimos produciendo calor.
Las reacciones químicas necesarias para mantener vivas nuestras células, el funcionamiento de los órganos y la actividad muscular generan constantemente energía térmica. El organismo intenta mantener la temperatura central dentro de un rango estrecho, normalmente cercano a los 37 °C, aunque varía según la persona, el momento del día y otros factores.
El encargado de coordinar buena parte de este proceso es el hipotálamo, una región del cerebro que recibe información sobre la temperatura del cuerpo y activa distintas respuestas.
Cuando hace calor, los vasos sanguíneos cercanos a la piel se dilatan para facilitar la pérdida de temperatura. Si eso no basta, aparece el sudor, cuya evaporación permite liberar todavía más calor.
Con el frío ocurre lo contrario. Los vasos sanguíneos periféricos se contraen para conservar temperatura alrededor de los órganos principales y, si es necesario, comenzamos a tiritar: pequeñas contracciones musculares rápidas que generan calor adicional.

Ser de sangre caliente tiene un precio
Mantener esta maquinaria funcionando consume muchísima energía.
Los mamíferos necesitan alimentarse con frecuencia porque una parte importante de las calorías que consumen se destina simplemente a mantener el metabolismo y la temperatura corporal. Para una lagartija, la situación puede ser muy diferente.
Al depender del calor del ambiente, su metabolismo puede funcionar con un gasto energético mucho menor. Esto significa que puede sobrevivir consumiendo bastante menos alimento que un mamífero de tamaño similar.
En lugares cálidos, esta estrategia resulta extraordinariamente eficiente.
La gran ventaja: poder actuar casi en cualquier momento
La endotermia, sin embargo, proporciona algo muy valioso: independencia respecto del clima.
Un mamífero puede permanecer activo durante una noche fría, correr inmediatamente después de despertarse o habitar regiones donde un reptil tendría enormes dificultades para mantener una temperatura corporal adecuada. Al conservar relativamente estable la temperatura interna, músculos, sistema nervioso y numerosos procesos bioquímicos pueden funcionar dentro de condiciones favorables durante mucho más tiempo.
Esta capacidad permitió que mamíferos y aves colonizaran ambientes extremadamente fríos y mantuvieran elevados niveles de actividad durante periodos prolongados.

Los ectotermos también saben regular su temperatura
Los animales de sangre fría tampoco son simples pasajeros de la temperatura ambiental.
Una serpiente puede exponerse al sol para calentarse y esconderse bajo una roca cuando necesita enfriarse. Muchos reptiles del desierto permanecen ocultos durante las horas más calurosas y salen cuando las temperaturas disminuyen. Incluso algunos insectos pueden producir calor temporalmente. Las abejas, por ejemplo, contraen sus músculos de vuelo para elevar la temperatura dentro de la colonia.
La división tampoco es absoluta. Algunos mamíferos y aves pueden reducir considerablemente su temperatura corporal durante determinados periodos. Los colibríes utilizan un estado llamado torpor durante la noche para disminuir el metabolismo y ahorrar energía, mientras que distintos mamíferos recurren a estrategias similares durante la hibernación.
Entonces, ¿qué sistema es mejor?
Desde el punto de vista evolutivo, ninguno. La ectotermia permite vivir consumiendo mucha menos energía, mientras que la endotermia proporciona mayor independencia de las condiciones ambientales.
La prueba está en la naturaleza: ambas estrategias llevan cientos de millones de años funcionando con éxito.
Los humanos pagamos un alto costo energético para mantener nuestra temperatura, pero recibimos a cambio una ventaja decisiva: podemos seguir funcionando prácticamente igual aunque fuera haga frío, calor o desaparezca el sol.